DIRECTOR:JESÚS MANUEL CASTILLO RAMOS
DIRECTOR:JESÚS MANUEL CASTILLO RAMOS

PODEMOS… PODER DEL DEMOS???

 

07.12.2016 Luis Carlos Rejón Hace unos sábados o domingos, no recuerdo, tomé nota del final de un artículo de Chantal Mouffe, profesora de Teoría Política de la Universidad Westminster de Londres. Me gustan los The End, los finales….esos sitios donde no intentas enganchar como los principios, más bien pretendes concluir a modo de resumen todo el argumentario de tu escrito. En este caso, Chantal concluye: “…concebido de manera progresista el populismo, lejos de ser una perversión de la democracia, constituye la fuerza política más adecuada para recuperarla y adecuarla en la Europa de hoy…”. Me suena bien, me gusta. Y me gusta porque el gran problema (no el único) de la Europa de hoy es la recuperación por adecuación de la democracia, como punto de apoyo para cambiar, o al menos empezar a cambiar el mundo.

 

Si a alguien nos preguntaran hoy que entendemos por populismo, a lo sumo buscaríamos en un diccionario de qué va esto, o en todo caso iríamos a wikipedia donde necesitaríamos una clásica tortilla de aspirinas… ¿puede servir como concepto riguroso un término usado para calificar como tal al movimiento griego Syriza y a sus antagonistas los neonazis helenos?, o más actualmente, ¿sirve para calificar a Podemos y a la campaña electoral de D. Trump como hacen los periódicos del actual régimen político español?

 

No es que la pretendidamente finiquitada, en todo y en parte, globalización, nos haya de devuelto el vértigo ante las palabras, es que nos ha introducido en una comunicación de terrorismo, ante la neoconstrución de frases, ideas y noticias falsas, de mentira, medias mentiras y rumores manipulados, no con el neolenguaje de Orwell en 1984 y totalitarismos varios, si no con palabras “normales”, “respetables” utilizadas a modo de ladrillos con los que construir torres de mentiras y manipulación, que de esa manera pasan a la categoría de “dudosas”. En las campañas del Brexit o de Trump, la mentira era aceptada y reconocida y ya no pasa nada. También hay que reconocer, que para creerse determinadas mentiras, hay que tener una predisposición a ello.

 

De ahí, que sea una puñetera pena, que Podemos, recibida desde distintos niveles como “populista” y aceptada por quién y cuándo desde el interior de la casa, estén ahora cayendo en debates falsos y nada ilustrados sobre las posibilidades y limites de esta concepción y de este genérico modelo de la política, que gira sobre la superación o mejor adaptación a la realidad que el clásico concepto bipolar de las luchas de clases. Ante la fragmentación del proletariado, la pérdida de conciencia y de su valor por las clases medias, su ruptura ideológica y sus oscilaciones…. la búsqueda de un espacio de encuentro más amplio (sin olvidar el clásico principio marxista), desde donde confrontar a la inmensa mayoría ciudadana metida en múltiples y poliformicos conflictos contra la cotidianamente cambiante clase dominante, sus políticas, sus encargados, aperaores, servicios, tecnologías, aliados, etc.… Por múltiples razones, Podemos encontró en la compleja situación del Estado Español, en un momento propicio, con descomposición institucional, y desprecio hacia la vieja política, un momento adecuado donde poner en práctica su teorización populista de la trasversalidad, y su concepto de casta, bajo el que agrupar al nuevo grupo de dominio.

 

Perder el tiempo en debates estériles, si galgos o podencos, sobre si eurocomunistas o radicales, con personajes faltos de hervores, es no ponerse en marcha en un momento propicio. Plantearse, que la oposición al gobierno del PP con propuestas alternativas, reforzaría la imagen de un PSOE en su política de oposición constructiva y responsable, es no saber de la misa la mitad. La estrategia de “gobernar desde el parlamento” suele dar sus frutos a quien la trabaja, sobre todo a quien la trabaja con la ciudadanía. Y siempre que no confundas frutos con votos. Las críticas al papel de la socialdemocracia en el parlamentarismo alemán de inicios del siglo XX, realizadas por Rosa Luxemburgo, no deben confundirse con esto. Gobernar desde el parlamento es saber moverse con los elementos de impulso al gobierno y control de este, aliándose hasta con el diablo si es necesario, en beneficio de la mayoría. Es el contenido y la seguridad del acuerdo, lo que debe marcar esta iniciativa, siempre que se haga contra políticas dañinas o adversas (del gobierno que sea), a los sectores que quieras o pretendas servir.

 

La iniciativa debe partir de la ciudadanía o sectores de esta, y en caso de no ser así, por situaciones de letargo, debe utilizarse la lucha parlamentaria como elemento que conforme la movilización. El sí o el no, no deben marcar los complejos radicales ni el temor a las contradicciones pequeñas burguesas, debe ser el análisis concreto de las situaciones concretas el que marque el eterno debate del ¿qué hacer? Pararse en otros debates de purismo revolucionario o la mayor o menor distancia con el PSOE (recordar que estamos hablando de acuerdos de contenido en la oposición, no de pactos de gobierno), volvería a convertirnos en estatuas de sal, perdiéndola oportunidad de ese nuevo interés por la política y el debate que se nota crecer como la hierba tras las últimas hierbas.

 

Solo entonces, por sus hechos los conoceréis. Ah, y mientras tanto, haciendo una organización con las clásicas funciones organizativas, de formación, información, propaganda y agitación, a la que unir el nuevo trabajo de erradicar la epidemia de centralismo democrático (en todos los sentidos), por la vigilancia y el mantenimiento del descentralismo democrático, como clave para alcanzar a ser la voz del pueblo. ¡¡¡ahí es ná!!!

 

Zico y Paca, mis perros vienen cabreados con la ultima garzonada del chico ese sobre el papel del PCE en la transición y la política eurocomunista. “¿El pagafantas de ese niñato, por qué no habla de lo que sabe?”, rabia la Paca. “Porque entonces estaría callado. ¿por cierto Paca que haces tú defendiendo a los eurocomunistas?”, le digo. “porque yo soy anarquista, lesbiana y radical, militante de Podemos y defendemos a pobres del mundo, como los eurocomunistas”, salta la Paca. Zico dice que “los eurocomunistas no somos pobres, y que históricamente siempre hemos actuado con grandeza, generosidad y honestidad en los momentos difíciles”. “y por eso somos pobres”, le respondo. “pos sus jodeis” nos escupe Paca a la cara. Intento agarrarla, pero se escapa. Vuelve al rato con el bote de Lavanda, que ella sabe actúa como tila instantánea. Nos fumiga y me lame las heridas. Las quiero y a Zico también.

LAS PROMESAS SON PARA CUMPLIRLAS

 

 

03.12.2016 Antonio Villalba Moreno A finales de agosto tuve una larga conversación con el director de este diario digital, en ella nos comprometimos a cumplir  unas normas autoimpuestas, en mi caso fue que enviaría, como mínimo, una columna mensual para rebatir la afirmación, quizá cierta, de que los colaboradores habituales no somos constantes.

 

Resulta que la fecha para entregar la siguiente se está acercando sigilosamente y últimamente he estado muy atareado en otras ocupaciones, olvidando mi promesa, así que me he puesto manos a la obra para no faltar a mi palabra. Y este ha sido el resultado.

 

 

Quiero pensar que soy capaz de escribir de corrido un artículo, para ello me he provisto de unas notas, una idea preconcebida y he elegido el momento idóneo, justo después de la siesta de una tarde. Normalmente es la hora más fructífera, al menos para mí. Una tarde de otoño, y si está lloviendo, como es el caso, más aún, si a eso le añadimos que me he quedado solo en casa, se cierra el círculo perfecto para la inspiración. Ahora es necesario ir completando líneas en el cuaderno que utilizo.

 

Debo confesar que aún escribo a mano (aunque no siempre), así puedo tachar lo que no está bien. Ya sé que en el ordenador también puede hacerse, y mejor y más rápido, pero me gusta ver cómo avanzo, en este caso, sobre las cuadrículas de un cuaderno con anillas recién estrenado.

 

De vez en cuando rodeo con un círculo un párrafo, coloco una flecha y lo pongo al principio o al final del escrito. En otras ocasiones tacho tres o cuatro líneas, sino  el fragmento entero. Me gusta abrir llaves a los márgenes anotando ideas que luego puedo desarrollar. Después veo cómo ha quedado el conjunto y me olvido de él.

 

Al día siguiente lo recupero y lo paso a limpio, ya utilizando el Word. Entonces veo si el boceto merece la pena conservarlo, si es así le doy el visto bueno y continúo con él, si por el contrario es una birria, lo elimino, o quizá utilizo lo que puede ser útil para otra ocasión.

 

Esta idea que están leyendo estuvo a punto de ir directamente a la papelera. Ustedes dirán si he hecho bien en dejarlo o me he pasado de listo enviándolo al periódico. Si han llegado hasta el final del artículo es que están muy aburridos o quizá no me he equivocado en mi percepción. Al menos he conseguido algo: cumplir con mi promesa.

 

 

 

                

GORILAS EN EL CONGO

 

20.11.2016 Rafael Guardiola Para festejar el tiempo que, presuntamente, nos ha regalado el irracional cambio de hora institucional he saboreado los momentos culminantes de un reportaje sobre la sacrificada vida de los gorilas a orillas del río Congo y las cochinadas reiteradas de un grupo vecino de chimpancés, así como los dos movimientos finales del concierto nº2 de Serguéi Prokófiev, uno de mis compositores preferidos, un auténtico monumento al virtuosismo. Tenemos los biorritmos alterados como las maracas de Machín a causa de las preferencias ideológicas del general Franco por la Alemania nazi, y por los criterios de los usuremos más recalcitrantes de la Unión Europea. Estos últimos justifican la medida en aras del ahorro energético y la productividad, pero sus argumentos son falaces en estas latitudes. En lugar de hacer estos malabarismos temporales, ya es hora –valga la redundancia- de que se imponga en España la jornada continuada y de que el empresariado sea consciente de que es muy importante que los trabajadores disfrutemos de un tiempo dilatado para el descanso, el ocio y la vida familiar, para compensar los sinsabores de la jornada laboral, y si en este tiempo tan sagrado nos alumbra la luz natural, mejor que mejor. La psicología social ha demostrado, hace bastante tiempo, que el rendimiento en el trabajo es superior cuando el trabajador está más descansado y satisfecho con su vida personal. Además, no sé por qué les estoy contando esto, cuando el principal problema laboral actual es, que no hay trabajo digno para todos, como nos promete la Constitución. Será por la reciente lectura de un artículo sobre Singapur, “el país del futuro”, transitado por coches sin conductor, con robots encargados de la enseñanza  y niños que juegan con drones como si tal cosa. La mayor parte de los trabajos en las sociedades industriales avanzadas son superfluos (tanto como un elevadísimo porcentaje de los epígrafes que contienen mis programaciones didácticas ajustadas a la LOMCE), por inútiles o porque podrían ser realizados con eficacia  por robots y programas informáticos de última generación.

 

“Todo cambia, nada permanece” es una de las afirmaciones que se atribuyen a Heráclito de Éfeso, apodado “el oscuro”, pensador presocrático griego afectado de misantropía y de hidropesía. Su obsesión, como la de los filósofos contemporáneos, era perfilar una respuesta cabal para el problema de la naturaleza de las cosas y, en particular, sobre las características del fenómeno del cambio. Todo está en constante devenir, como las aguas de un río –pongamos el Nilo, para que la cosa sea exótica- en las que no podemos volver a bañarnos. El cambio impone su imperio a la naturaleza y llega inevitablemente a la orilla de lo humano. A pesar de la aparente constancia y permanencia de la estructura social en la que se enmarca nuestra existencia, todo está revuelto, se transforma incesantemente como la coloración de un camaleón atribulado. Así, con el cambio de hora, los votantes Socialistas de las dos últimas convocatorias electorales se han enterado de que, en realidad, han optado por el Partido Popular. Esto lo descubrieron los seguidores de Ciudadanos días atrás, sin demasiados sobresaltos. Tengo la sensación de que me va a resultar difícil explicar en clase, sin travestirme intelectualmente, algunos temas consagrados a las virtudes de la Democracia y el sistema de partidos políticos, en conexión con la concepción de la verdad como “coherencia”.

 

Pero aunque todo cambie, todo permanece. Nada parece haber cambiado con la metamorfosis del sábado 29 de octubre de 2016 y muchos respiran con alivio en su propio engaño. Los docentes que no hemos sido tocados por la ingenuidad ni por el clientelismo sabemos que las declaraciones del ya presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sobre la paralización de la aplicación de las “reválidas” propuestas en la nueva ley educativa, la LOMCE, en pleno debate de investidura, son una burda maniobra propagandística. En el texto aprobado hace dos legislaturas, se habla explícitamente de que las pruebas de evaluación externa carecerán de validez académica en el presente curso, 2016-2017. ¿Dónde está el cambio? Aunque en el presente curso se ponga el parche de que las pruebas externas sean similares a la difunta selectividad, y que sólo tendrá que afrontarla el alumnado que desee cursar estudios universitarios, la LOMCE cercena de cuajo la innovación pedagógica, pues fija los llamados “estándares de evaluación”, unos criterios uniformes –y unos contenidos, no nos engañemos- para todo el Estado, so pretexto de la universalidad de la prueba. Los centros educativos están a punto de convertirse en grises “academias” para la preparación de reválidas, y el profesorado se encuentra maniatado a la hora de abordar los contenidos seleccionados, por la imposibilidad de ofrecer enfoques alternativos y el carácter exhaustivo de los temarios.

 

Es cierto. La vida de un grupo de lustrosos gorilas que habitan cerca del río Congo, y que no pueden atravesarlo porque no saben nadar, no cambia ante la llegada de un posible competidor de su macho alfa. El intruso, el nuevo “espalda plateada” sólo quiere sexo, y no quiere buscar un sustituto en el poder, como les pasa a tantos humanos. El viejo macho alfa seguirá siendo el primero en comer, y el grupo continuará su natural devenir, siempre y cuando nadie se salga del guion. Esto último tiene mucho que ver con la concepción platónica de la justicia y la interpretación funcional del Estado. Como todo cambia y nada permanece, yo prefiero votar a otros simios menos ceremoniosos: los “bonobos”.

 

 

GOD SAVE THE QUEEN

 

06.11.0216 Rafael Guardiola Gracias al imperio de las tecnologías de la información y la comunicación puedo combatir últimamente el tedio que asalta las mentes adolescentes de mis alumnos cuando me empeño en transcribir, a un lenguaje medianamente inteligible, las peculiaridades que la “physis” pudo tener para los pensadores de la Grecia antigua. Ante la imposibilidad material de poder invitar a Heráclito de Éfeso o a Parménides de Elea para ilustrar mis explicaciones barrocas sobre la naturaleza y los humanos artefactos, excesivamente afectadas por la lectura malsana de manuales de Historia de la Filosofía, un servidor se arriesga, a diario, a no satisfacer los requisitos de la “interpretación radical”. Ni siquiera tengo a  mi lado a Nietzsche, una especie de extraterrestre y  filósofo griego del siglo XIX, a pesar de sus orígenes germánicos, para hacer más sencilla la tarea hermenéutica –vaya palabrota que me ha salido. ¿Cómo podría yo conseguir que mi auditorio sintonizara con la idea de que la naturaleza es un cosmos, una totalidad ordenada digna de ser reverenciada y conservada, y que se asemeja a un organismo vivo? Pensarán –mis alumnos-, que no me he tomado la medicación o que me he dado a la bebida. Sobre todo, después de leer que el gobierno español en funciones está presionando a la Unión Europea para que los coches de gasolina puedan contaminar más y que se les controle más tarde de lo habitual. En el aula estamos rodeados de artefactos –especialmente de los dispositivos móviles que se esconden impúdicamente en la entrepierna- y sólo nos devuelve la humanidad el hecho de constatar los regalos olfativos, cargados de feromonas, generados en la intensa sesión de la clase de Educación Física o las partículas de cebolla en suspensión que se escapan de la cocina de las instalaciones de los Ciclos Formativos. De este modo, no es difícil pensar que la naturaleza es el espacio en el que depositamos los escombros y la basura tecnológica. Difícil tarea la de intentar que la naturaleza se conciba como un espacio sagrado y tomar conciencia de que nosotros somos naturaleza.

 

                Gracias al ciberespacio puedo intercalar los arabescos del razonamiento abstracto con unos relajantes “minutos musicales”, con amor y humor, si es posible, divisa de mi escudo heráldico pedagógico imaginario. Me conecto a la red con la intención de encontrar una imagen de Parménides, para que mis alumnos se den cuenta de que mi sex appeal es muy superior al del ciudadano de Elea, entre otras cosas. Y desde el ciberespacio me hacen una sugerencia: ¿por qué no acude usted al canal YouTube para degustar las virtudes de un vídeo musical –o lo que sea- titulado “Pen Pineapple Apple Pen”. Se trata de una canción mínima y harto recurrente –menos florida que las producciones del ínclito Leonardo Dantés, compositor e intérprete de joyas artísticas como “Tiene nombres mil el miembro viril”-, interpretada por el japonés Piko Taro, a quien todos los dioses confundan, y que ha causado furor en los últimos días. Y yo, mientras tanto, intentando convencer a mi alumnado de la felicidad que obtendrán si adquieren los contenidos que les ofrezco, como  medio para tener un trabajo satisfactorio. ¿Trabajo? ¿Dónde hay trabajo para los jóvenes? ¿Cuánto dinero se habrá embolsado ya Piko Taro por su proeza musical? Y si es así, ¿qué hacéis aquí? (les digo a mis alumnos), aguantando este discurso romántico sobre el carácter sagrado de la “physis”. Llegamos a la triste conclusión de que esto es lo que hay.

 

                Menos mal que nuestra respuesta resignada y pesimista nos lleva a la reflexión política, algo que no rehusaban con facilidad los antiguos aristócratas griegos, según nos recuerda Diógenes Laercio. ¿Cómo se podría arreglar este desaguisado, con la que está cayendo? Seguimos con nuestros “minutos musicales” en nuestra peculiar “carta de ajuste”. Le toca el turno a los legendarios Sex Pistols, banda de punk rock fundada en Londres en 1975, y auténticos padres del movimiento punk en el Reino Unido. En el año 1977 lanzaron la canción “GodSavetheQueen (Dios salve a la Reina)[i]. La crítica de los valores caducos de la tradición británica y el grito desgarrado frente al conformismo social y la ausencia de oportunidades para los jóvenes en el marco de las sociedades opulentas del consumo desaforado y el evanescente bienestar no les resulta ajeno a gran parte de mis alumnos. De hecho, me preguntan si la canción que escuchamos –GodSavetheQueen- es “de ahora”. Más que nada, porque la situación que pinta tiene muchos puntos de contacto con el presente. En 1985, cuando empecé a explicar filosofía, me apetecía exhibir una cresta radiante y coloreada ante mi auditorio. Pero la alopecia caminaba a marchas forzadas e hizo imposible el intento. ¿Hay futuro? ¿La sociedad está calva? Juzguen ustedes.

 

 

[i]God save the Queen
The fascist regime,
They made you a moron
A potential H-bomb

God save the Queen
She ain't no human being
There is no future
And England's dreaming

Don't be told what you want
Don't be told what you need
There's no future
No future
No future for you

God save the Queen
We mean it man
We love our Queen
God saves

God save the Queen
'Cause tourists are money
And our figurehead
Is not what she seems

Oh God save history
God save your mad parade
Oh Lord God have mercy
All crimes are paid

When there's no future
How can there be sin
We're the flowers
In the dustbin
We're the poison
In your human machine
We're the future
You're future… 

 

LA CAUSA Y EL EFECTO

 

30.10.2016 Luis Carlos Rejón “Si está pa ti, aunque te quites, y si no está pa ti, aunque te pongas”. De aquesta forma y manera, me dieron una lección revolcón (un zás le llaman ahora) en el despacho de dirección del centro donde imparto una asignatura que no existe, “Sectores Productivos de Andalucía”. ¿Existen? ¿Haylos? Sin duda, es algo similar, al denodado esfuerzo, de politólogos y personajes del periodismo, por intentar explicarse y explicarnos la crisis del PSOE, y el o los por qué. Y al referirme a crisis, hago referencia a la unamuniana versión de “La crisis del cristianismo”, entendida esta como el último esfuerzo y lucha por el sobrevivir, en este caso en referencia a la antedicha partida o desorganización organizada.

 

He esperado unos días, a ver si las noticias, las informaciones varias, los columnistas, los/las politólogas (nueva partida de creación de empleo) y los cronistas de la villa y corte aportaban algo de luz, más allá de las tinieblillas creadas por una parte y criadas por las otras. Pero como mucho, sigo a dos velas. Aquí como mucho, se va de la causa o las causas, al efecto o los efectos. Criticándose entre el personal, entre la ellidad múltiple, acerca de la confusión teniente en los contenidos de a qué llaman causa o a qué entienden por efecto. No asumiendo que en este mundo heraclitiano, donde todo fluye, ayudado por la pendiente o desnivel de la crisis económica, estos dos conceptos (causa/efecto) están confrontados dialécticamente, donde hay una osmosis analítica y donde la separación de límites y la delimitación de bisturí, es imposible. En los efectos hay elementos de las causas, y estas se recargan de una u otra manera en virtud de los matices de los efectos.

 

En resumen, que nadie se baña dos veces en el mismo rio.

 

Máximo, cuando en causa y efectos ha habido bastante de nadar y guardar la ropa. Terminadas las previsiones lógicas de los resultados de Euskadi y Galicia y sin dimisiones del responsable o responsables del sedicente PSOE, los conspiradores y la conspiradora, vieronse en la obligación de empezar a pedir dimisiones, mientras Sanchez daba dos vueltas de tuerca entre bastidores, de la denominada vieja política. A cualquiera (es un decir) le vendía dos o tres docenas de motos escacharras. A unos le decía aquello del “no es no” (con matices variados), a otros, una vieja estrategia del PSOE…de “OTAN, de entrada NO” (con matices variadísimos), al “En interés de España, vota SI” (sin matices). Esta última se la vendió al mismo padre de la criatura, según sus palabras (que tampoco es muy de fiar, no por eso, impedirle a gritos, que siga mintiendo, quién se lo crea, allá él o ellos).

 

Unos reglones antes reconocía la necesidad, a la vista de la información y de los acontecimientos, de ir reconstruyendo causas y efectos de lo aproximadamente sucedido en el PSOE en los últimos meses y días, con el fin de irnos dando una interpretación o discurso lo más cercano, común y acertado de los hechos sucedido, con el objetivo de ir aprendiendo, entendiendo y explicándonos lo pasado y lo por pasar, porque pasar la hoja solo serviría a los truhanes, para seguir engordando el libro de las hojas pasadas. ¿Ha sido la crisis del Régimen bipartidista la causa del efecto follón del PSOE? o ¿Ha sido el follón del PSOE la causa que ha traído o acelerado, el efecto de la crisis del Régimen bipartidista?

 

Aventurémonos pues a iniciar la construcción de ese discurso necesario, aceptando que en su misma construcción lleva su enriquecimiento y reforma. Viendo los conspiradores, que nadie dimitía y que al contrario echaba órdagos varios, mandaron a un propio a que abriera la caja de los truenos. Tocole al Sr Vara, muy conocido en su casa a la hora de comer, y el resto le siguió con la boca chica. Total el parto de los montes. Osease nada. La preocupación subía en los órganos troykistas ante el bloqueo en España. Llamaron pues al funcionario en funciones que no funciona, y contestó que él estaba con Rita, la Gurtell y otras menudencias… llamad al PSOE. Llamaron a Felipe Gonzales que es al que tienen en agenda. Convocó al parvulario, osease a Susana y baronias, que le dijeron que eso lo arreglaban ellos por fas o por nefas. Pero pasaba el tiempo y ni subía el calor ni las adhesiones. Y pasó el tiempo. Y todos miraban a Susana, pa que se tirara al ruedo, algo así como si Armada hubiera tenido que entrar en el Congreso pistola en mano, porque Tejero estaba de perol con sus hijos. “Yo me ofrezco pa lo que necesiten. Porque cuando una trianera…”

 

Y mandó a dimitir a parte escogida de sus huestes, pa que se disolviera el partido y como Sanchez y los de su equipo no se daban por disolvios, mandó a una impropia, de alfereza y miniadalid a la puerta de Ferraz para desalojar a los infieles al grito de “Yo soy aquí la única autoridad competente”. No la dejaron ni entrar.

 

Y dio comienzo, es un decir, al Comité Federal, precedido por los editoriales del grupo con prisa de algo, en los kioscos y de la convocatoria a las masas sanchistas en la puerta de Ferraz. Y nada se masas y mucho publicado. Las típicas peleas de burócratas fulleros sobre quién puede entrar y quien no, quien se puede sentar y quién no, quién es de la ejecutiva y quién no y si no sois de la ejecutiva, por qué estáis vosotros, si no somos de la ejecutiva, qué hacéis aquí vosotros?… vamos a votar si votamos, y así fueron ambos quemando tiempo, urnas que aparecían, la secuestraban, desaparecían y los votos a mano alzada, pa que se vea quienes son de los nuestros y quién no hasta que por fin el Pedrito se dio cuenta que en el fondo no lo querían los mandamases y el era un pequeño, con pretensiones de ser un gran hombre. Y dimitió.

 

Ahora están en el tiempo de arreglar cuentas, a los que mancharon un poquito sus manos de sangre, son premiados, aparecen los traidores, los ya lo decía yo, los inventores de leyendas, es que Pedro ya tenía pactado un gobierno con los de Podemos y los rompe patrias, y lo iba a anunciar en una semana, o los que dicen que no permitir gobierno a España les da urticaria….pero de todo esto y más ya iremos viendo y leyendo, y pensando y sabiendo…como escribía Tolstoi del marido de Ana Karenina, ¿ cómo pretende gobernar Rusia, quién no sabe gobernar su casa?. Al tiempo.

 

Zico y Paca, mis perros, bajan corriendo de la via verde de Zuheros. Vienen de celebrar el batacazo del PSOE y el juicio de las facturas falsas de Baena. “¿Estarás contento?”, me preguntan al unísono. “Ha habido que esperar mucho” les respondo.” Y te cansas”. Paca me trae un ramo de Lavanda, que me trae bellos recuerdos. Las quiero. Y a mi Zico.

LA FAMIGLIA, LA COMUNE E L´UNIONE

 

09.10.2016 Luis Carlos Rejón  La familia, el municipio y el sindicato. Grito consigna de las otrora huestes del movimiento nacional sindicalista o capos locales de los acomodaticios falangistas de la transición. Lo he escrito en italiano, para estar más en ambiente. El italiano se habla en Italia y en la punta de la bota de Italia, justo allí, se encuentra la isla de Sicilia, con forma de triangulo escaleno, y en ella dueña y señora, la mafia, detentadora del poder, abusadora del poder, compradora de voluntades, controladora de la ciudadanía, con dinero y miedo, generalmente con medios públicos, y si es necesario accediendo a los poderes institucionales y judiciales con lo que sea menester. Y de esta manera asociativa quería yo llegar a la punta de la bota de una supuestamente aislada isla, en un nombrado y aireado caso, en espera de sentencia: “el caso de las facturas falsas del Ayuntamiento de Baena”.

 

El sedicente excelentísimo señor Luis Moreno y Castro, páter familiae, de la famiglia juzgada y seguramente condenada en lo que estime el magistrado, reconocedora en autoría de todos los delitos de los que son acusados, defendía en su día a sus familiares, con el ataque, de que todo esto no era más que una trama, entendida como un complot, una conspiración o una confabulación por la que se intenta perjudicar a alguien, osease en roman paladino, por una mafia. A su señoría senatorial se la devuelvo.

 

Tan perspicaz señoría, utilizó o hizo uso de instituciones, plenos televisados, medios de comunicación, de la maquinaria del partido, su partido, del secretario provincial del PSOE-Córdoba y actual Presidente del Parlamento de Andalucía, sr Durán, del “comando” Rubalcaba, a todos sus niveles, repito a todos sus niveles, etc.… para extender a la manera goebbelsiana, su acusación de trama mafiosa.

 

Alimentada y sostenida la acusación con las arcas públicas, fondos de incierto origen del Partido Socialista y favores varios. Tal trama, según el oráculo de los dioses, estaba formada por María Jesús Muñoz (concejal de IU y funcionaria municipal), su marido Carlos Arenas Blanca (primer alcalde democrático de Baena, técnico y constructor de CONSARCA S.L.), la Guardia Civil, (repito la GUARDIA CIVIL) y Rejón, (osease yo).

 

No ha sido casual este artículo por estos días. A cada cerdo le llega su sanmartín. Ya se ha celebrado juicio. El PSOE ha enseñado la casi peor de sus caras en su Comité Federal, y en particular la escuela andaluza, en su peculiar manera de golpes de estado, mentiras, coacciones, manipulaciones y formas de hacer. Baena y sus prácticas políticas, un microcosmos. Y los datos, cifras y maneras de actuar ante el caso de las facturas falsas un microcosmos contagioso a otros niveles institucionales gobernados por dicho partido en Andalucía.

 

En política no hay casualidades. Al día siguiente de que EL MUNDO publicara la denuncia en el Juzgado de Instrucción de Baena y el estado de la situación de las facturas falsas en un derroche de montaje dio rueda de prensa con dos abogados a cada lado (¿quién los pagó?) acompañado de sus concejales destacando la primera teniente de alcalde del ayuntamiento de Baena, (que se empleó a fondo en el reparto de propaganda montada por ella, defendiendo a los funcionarios implicados y acusando a la trama), María Jesús Serrano, en inicio de una carrera meteórica, alcaldesa, Concejera de medio ambiente, diputada a Cortes, miembro de la comisión gestora del PSOE tras la dimisión de Sánchez, y Jesús Rojano, el actual alcalde de Baena. En política no hay casualidades.

 

Esta semana los titulares de los periódicos encabezan la noticia, “los acusados de las facturas falsas de Baena confiesan nueve años después” (El Mundo o Cordopolis)”. Hasta aquí parte de la verdad resuelta…¿pero quién pide responsabilidades al todopoderoso Alcalde de entonces por todas sus tropelías, tapaderas urbanísticas y abusos de poder? Este señor con sus acusaciones públicas en plenos televisados que eran unos auténticos shows, dañó la imagen personal y profesional de la señora Muñoz, de su marido, que perdió todos los encargos de proyectos que tenia pues nadie encargaba algo técnico al enemigo de don Luis, (que ejercía de capo, cabeza o jefe) y que en sus obras encontró todas los problemas y dilaciones, habidas y por haber…hasta llevarlo a una situación delicada.

 

¿Quién pide responsabilidad por los costes económicos que tuvo que soportar esta familia en los nueve juicios en los que tuvo que defenderse por acusaciones o actuaciones del Ayuntamiento, que tiraba con pólvora de rey? ¿Quién pide responsabilidad a los autores de dos auditorías (una del Ayuntamiento y otra externa) que certificaban que las facturas eran correctas? ¿Y a un perito designado por el Juzgado o al Técnico municipal que certificaron las obras falsas hechas o los materiales suministrados?

 

¿A quién le pido responsabilidades por los cerca de dos millones y medio de euros que a Hacienda Minerva, le han costado los tejemanejes de tan excelso señor acerca de los compañeros/as de su ¿trama? ¿de su mafia?, al retirar ayudas y subvenciones concedidas, costes de informes y juicios, por denuncias falsas, presentadas por ciudadanos desconocidos comprados por la administración, con documentación manipulada y falseada de direcciones generales de Fomento…..etc..?

 

¿ A quién se le pide responsabilidad del bloqueo de ascenso , y los castigos contra el cabo primero de la Guardia Civil que llevó al juzgado la denuncia del empresario de las facturas falsas o los daños a su mujer, secretaria del empresario que alertó de la situación?. Qué razón llevaba el todopoderoso cuando en comisión o en la taberna habitual de al lado, fanfarroneó que él arruinaría a todas y a todos los que habían acusado al Ayuntamiento de Baena de facturas falsas.

 

¿Y ahora qué? Ya se han declarado culpables de todas las acusaciones, a cambio de que le bajen la petición de cárcel de seis años a seis meses, y paguen diez mil euros en lugar de cuarenta mil. Ellos han salvado relativamente su culo…y a cambio han dejado con el culo al aire a un montón de técnicos y profesionales que avalaron sus facturas., que si pueden terminar en la cárcel. Se ha retirado el jurado popular al declararse culpables. Al final decidirá el magistrado…y políticamente ¿Qué hace la oposición?

 

Zico y Paca, mis perros, se han puesto un paño negro encima y se están echando cenizas. Se esconden avergonzados. Paca me pregunta, “¿no fuiste tú el que dijo que la justicia es un cachondeo?” “no Paca, primero porque no creo en ello y segundo porque el que lo dijo está en la cárcel, por otras razones”, le respondo. Los dos siguen entre los olivos con sus paños negros y sus cenizas. Los quiero.

AQUEL PRESUNTO MACHISMO

 

04.10.2016 Antonio Villalba Moreno Lástima que los que vieron a nuestros jugadores como machistas cuando nombraron a una mujer como capitana, hoy no quieran disculparse tras comprobar que, precisamente, con una fémina como directora, España ha vuelto al grupo Mundial de la Copa Davis. ¿Dónde están las voces de entonces? Esas que tachaban a técnicos como Toni Nadal de machista cuando, al igual que su pupilo y el resto de compañeros, cuestionaban la designación  por su capacidad, no por su sexo. Por cierto, les recuerdo que la ex tenista de la que hablamos se llama Gala León, muy respetable, pero no creo que tuviera méritos suficientes para dirigirlos, de hecho tan sólo ganó un torneo de la WTA en su carrera profesional. ¿Qué podría aportarles a tenistas con el currículum de los nuestros?

 

Conchita Martínez ha sido medallista olímpica, ganadora de un Grand Slam y de una treintena de torneos, además de campeona de la Copa Federación  en cinco ocasiones. ¿Se ha oído a Ferrer o Nadal levantar polémica cuando la nombraron?  Es muy fácil refugiarse en este debate, por supuesto que hay que luchar contra esa lacra, pero en su justa medida. La demagogia y el victimismo no deberían desviar la atención de las mujeres que realmente sufren por el machismo que aún impera en nuestra sociedad.

 

De igual forma ocurre con la xenofobia, la homofobia y, sobre todo, con el racismo. Hay que luchar contra estas inmoralidades que acechan nuestra sociedad pero sin caer en lo fácil, antes de posicionarse a favor del débil debemos entrar en los detalles. La presunción de inocencia debe continuar como hasta ahora, como uno de los pilares básicos de nuestro modelo.

 

La otra mañana me contaba un amigo la anécdota de su vecino. Desde que comenzó la temporada de fútbol había estado acompañando a sus hijos a los entrenamientos del equipo del pueblo y, tras el segundo partido de liga, abroncó al entrenador porque no salían de titulares. La razón, según él, era una: por su color.

 

Había olvidado comentar a los lectores que este señor es un alto cargo de una empresa y, sobre todo, que es de raza negra. Estaba cegado por el subjetivismo paternal, pero sobre todo por ese victimismo que impide ver las cosas con claridad. Había disfrazado de discriminación racial un simple berrinche por no ver incluido a sus hijos en el equipo inicial.

 

Este amigo me aseguraba que esos niños, por ahora, no tenían cabida entre los mejores, simplemente porque había otros que los superaban, así de simple. Además, desde siempre han estado integrados en el pueblo y, por supuesto, en el grupo. En el deporte base, de lo que se trata es fomentar las ideas de compañerismo, colectivismo y amistad. A veces es difícil conseguirlo, y si los progenitores no ayudan, más aún.

 

Quizá sea un artículo políticamente incorrecto pero, a veces, el cuerpo te pide escribir sobre los que se aprovechan del esfuerzo de los demás, convirtiéndose en demagogos de su propia lucha. Así que prefiero terminar con el aspecto deportivo. Enhorabuena al equipo español y a la capitana, que ha sido capaz de unir de nuevo a estos enormes jugadores y conseguir que se olvide el tema extradeportivo. El próximo año lucharemos por la Ensaladera. 

                                

NOS QUIEREN MÁS TONTOS

 

03.10.2016 Rafael Guardiola Este es el elocuente título del libro que Eduardo Luque y Pilar Carrera acaban de publicar en Ediciones de Intervención Cultural a propósito de la escuela que promueve sin rodeos la economía liberal. Aunque no me gusta hacer uso de fuentes que no he leído y, en su caso, desmenuzado y digerido, me hago eco aquí de la recomendación de la mítica revista “El Viejo Topo”, nacida en 1976 y que tanto transité en mi lejana adolescencia y juventud, enredado como estaba entonces, y sigo estando, en los espinosos confines del marxismo crítico y el pensamiento libertario. La sociedad industrial avanzada que se ha consolidado en occidente y aspira a ser también la sociedad del futuro, se ha amancebado lascivamente con un modelo educativo muy poco sensual para mis ojos operados de cataratas. El “saber hacer”, la “techné” de los griegos impone su imperio sobre el “saber”, sobre la fascinante “sophía”. La techné –saber hacer, saber producir algo- es, para Aristóteles, un modo de saber universal y exclusivo del ser humano, y de un espectro más amplio que el de nuestra “técnica”.

 

Se erige sobre la madre experiencia, pero es un saber inferior, a fin de cuentas, dado que sus objetos son meramente posibles, accidentales o “contingentes”: son de una manera determinada, pero podrían ser de otra (el artesano puede modelar un botijo, pero podría en su lugar hacer una jarra). Es la capacidad para producir algo actuando sobre las cosas, o sobre el propio ser humano en tanto que cosa (el carpintero puede fabricar una mesa y el nadador, aprender a nadar a braza, actuando sobre su cuerpo). No obstante, a la techné no le podemos pedir una finalidad diferente a la de “producir obras”, no da más de sí. Y las acciones sociales que siguen este paradigma no son otras que las que los filósofos de la Escuela de Frankfurt denominaron “acciones instrumentales”, acciones que se adoptan en función del coste y los beneficios de las mismas de acuerdo con un fin exterior. La utilidad es elevada a los altares y se convierte en un medio para justificar y consolidar el poder de unos pocos, manoseando obscenamente los cimientos mismos de la democracia y las virtudes de la globalización. Los planteamientos maquiavélicos y los imperativos hipotéticos se nos hacen familiares, carne de nuestra carne, alumbrando un pensamiento “unidimensional”, como afirmaba Herbert Marcuse al abrigo del Mayo del 68 francés.

 

Las proclamas en materia educativa sobre la bonanza del “saber hacer” del socialista francés Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea de 1985 a 1994, catapultadas por las otrora prestigiosas instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, han acabado recluyendo al conocimiento a secas en el castillo derruido del Libro I de la Metafísica del viejo Aristóteles (“todos los hombres desean por naturaleza saber”) y nos intentan seducir a los docentes con cantos de sirena, ahora bautizados como “competencias”. Tanto es así, que quieren construir “la sociedad del conocimiento” prescindiendo del propio conocimiento. Es el mercado el que marca el compás, el que fija en realidad los contenidos y los instrumentos diseñados para el aprendizaje, amparado en la erótica del poder más acartonado. Y en esta gris encrucijada una caótica milicia de psicopedagogos iluminados, de una especie muy diferente a la del mentado Eduardo Luque, y en las antípodas de la profesora de Historia que es Pilar Carrera, escupe vorazmente por sus fauces lloronas una jerga incontrolada, en el mejor de los casos, de conceptos bienintencionados pero vacíos. Al final, vamos a acabar añorando la alucinógena terminología de la vieja LOGSE. Según ésta, por ejemplo, cambiar a un alumno de sitio en el aula equivalía a hacer una adaptación poco significativa a uno de los elementos espaciales de acceso al currículo. Todo se puede empeorar fácilmente.

 

No quiero decir con esto, obviamente, que el conocimiento no tenga o no deba tener una dimensión práctica, sino que no comparto que sea el mercado quien delimite el ámbito de aplicación de lo conocido. Y ya saben que, afortunadamente, hay otros valores distintos de la diosa utilidad y ajenos a las concepciones ahistóricas del ser humano. La filosofía, por ejemplo, puede tener un estimable valor social, aunque no reserve sus sinuosas curvas a la organización empresarial y a la difusión a bombo y platillo de las ideas arrebatadoras de los nuevos emprendedores.

 

Para emprendedores osados, el gaditano Jenaro Jiménez, según la feliz crónica que ofreció Francisco Apaolaza en el diario Sur del 26 de septiembre titulada “Jenaro el escurridizo”: “Encontraron su coche en una playa de Cádiz y pensaron que se lo había tragado el mar. Dejaba una viuda embarazada, pero había huido a Paraguay con el dinero y una miss. Le acaban de detener en Hungría”. Jenaro Jiménez simuló su muerte en 2008, e hizo las Américas con los 47.000 Euros de la señal para la adquisición de una vivienda que sisó a un cuñado, para desaparecer nuevamente, tras su detención en Madrid y residir en Málaga. Cuando fue detenido en Budapest, Jenaro disfrutaba ya de la compañía de un nuevo amor, una azafata rumana.

 

Suscribo, para finalizar, el espíritu y el cuerpo mismo del comentario que el Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, José Antonio Pérez Tapias, ha dejado en las redes sociales: “Alumnas y alumnos del Grado de “Estudios Árabes e Islámicos” de la UGR pusieron en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras este cartel con tan iluminadora cita de Ibn Rushd. Tuvimos tiempo de atender a la enseñanza de Averroes. Desgraciadamente faltó más. Ojalá aprendamos de una vez.” El cartel decía: “La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio, el odio lleva a la violencia. Esa es la ecuación”. El cordobés Averroes, singular intérprete de Aristóteles, es uno de los viejos emprendedores de la Filosofía, un amante de la “sabiduría a secas”.

 

EUROCOMING

 

 

02.10.2016 Joaquín Ramírez  En los ensayos, novelas e incluso el cine de los 60-70, los aliados occidentales habían cambiado el uniforme militar por un aseado atuendo civil al que todos querían imitar. La guerra fría se servía con una media sonrisa y sus protagonistas occidentales se conducían con la seguridad de representar al Mundo Libre. Los franceses, británicos, alemanes o italianos y también los americanos –USA- habían aprendido de la historia lejana y de la más reciente, su adversario era el comunismo y su gran arma la democracia. Convencidos de su tarea, la construcción de Europa y el libre comercio eran una invitación de prosperidad y progreso asegurados para los países de su entorno. La Europa de los siete, doce, quince, veintisiete… El Parlamento Europeo, el tratado de Shengen, el euro como moneda común, el papel del BCE…  La Europa de la cultura y las libertades se convirtió en un modelo compartido común, el modelo más avanzado, más democrático, más social y de mayor progreso del mundo y de toda la historia.

 

Lejos de ser perfecta, la Unión Europea ha debatido, confrontado y rectificado constantemente en la búsqueda de las mejores opciones y las garantías de una más perfecta y profunda democracia. Construir un sistema económico y financiero que también condujera a la igualdad ha sido un camino casi pacífico en fases de crecimiento y mucho más arduo y controvertido en momentos de recesión y crisis económica. A pesar de ello, el espíritu del tratado de la UE y su fortaleza económica han podido mostrarse a las claras muy recientemente con los rescates y ayudas concedidos a Irlanda, Portugal y Grecia. Se mire como se mire, con todos sus inconvenientes, el hecho de que la Uniónpueda apoyar y respaldar de este modo a sus países miembros es la prueba más fehaciente del inmenso acierto que tienen las fórmulas empleadas y la vigencia de la filosofía y los objetivos fundacionales.

 

Todo ello no quiere decir que no se alcen voces denunciando errores, situaciones de injusticia, imperfecciones del sistema o posiciones contrarias por tal o cual causa. De hecho, en los últimos tiempos se ha producido un choque entre la necesidad de que algunos países contaran con el respaldo de la UE y una falseada cuestión de soberanía. Ya saben, eso de soplar y sorber a la vez. Independientemente de determinadas cesiones de soberanía en algunas cuestiones concretas transferidas a la propia UE, nunca ha habido rescates obligatorios, aunque sí condiciones de obligado cumplimiento caso de querer aceptar los referidos rescates. El prestatario para serlo pone condiciones al acreedor que así lo decide, no hay más misterio que ese en medio de un proceso que es constructivo y que sólo busca no dejar caer al país socio que ha generado la situación con su específica acción política y económica.

 

Tampoco ello quiere decir que la actuación de la UE en casos como éstos no sea perfectible ni que no esté sometida a debate y a los cambios y matices que puedan acordarse para afinar lo más posible en la consecución de los objetivos propuestos.

 

Sin embargo y a pesar de todo ello, los declarados enemigos de esta vanguardia han aumentado sus argumentos y su acción muy recientemente. La oleada de ese populismo miope que hace de la más simple inmediatez su plataforma para convencer a los más incautos goza hoy de más fuerza que casi nunca o nunca.

 

Nadie es impermeable a los inconvenientes o a las situaciones de dificultad y más si estas circunstancias son aderezadas con habilidad por los voceros de las más elementales y descaradas mentiras.

 

El otro gran enemigo de la Unión Europea es el terrorismo. Mientras más pacífica, organizada y próspera es una sociedad, mayor conmoción y daño puede causar un asesino organizado de indiscriminada actuación. Por ese motivo las políticas de seguridad son tan importantes y prioritarias en las instituciones europeas.

 

Europa tiene enemigos, pero no es enemigo de nadie. Aún las dudas y hasta la deserción reciente por chiripa del mayor euroescéptico, la UE es el vehículo ideal de futuro de un mundo sin fronteras en el que la igualdad de oportunidades y la democracia no sólo sean la norma, sino que habrá de alcanzar hasta el último rincón del planeta. A nadie deberá sorprender ver llegar que la coalición económica, social y política UE-USA sea en un futuro cercano lo que hoy es en solitario la Unión Europea, o que a ella se incorporen Canadá y México, ni tampoco que lo hagan Israel y hasta un Egipto que dé con su camino de modernidad, democracia y justicia. Es lo que viene.

EL SINDROME APLEY

 

26.09.2016 Pepe Cabrera Hace unas semanas leyendo un libro de artículos periodísticos de Javier Marías (en adelante J.M.), me llamó la atención uno de ellos que empezaba comentando una película de Joseph L. Mankiewicz“El mundo de George Apley”. Exponía con detalle la descripción irónica de la vida cerrada y rancia de una familia conservadora y cicatera de la ciudad de Boston. Sus miembros dice J.M. se pasaban su existencia preocupados por cuestiones mínimas relacionadas con el pasado, presente y futuro de la familia y consideraban poco menos que extranjero a cualquiera que no hubiera nacido en su refinada calle. Unos de los personajes rondaba según J.M. el ridículo: la tía Amelia, que en un momento dado afirmaba: <<Cada vez que estoy deprimida, me recuerdo a mí misma que soy una Apley>>. La sátira transcurre en 1912 y es sorprendente que después de más de cien años esta actitud decadente, retrógrada y miserable se dé con tanta frecuencia. Pues participan de ella considerables porciones de pueblos, regiones, naciones o como prefieran que les llamen, es indiferente para el caso. Según J.M. una definición de nacionalismo sería: <<Consiste en pasarse la vida dando importancia a cosas que no la tienen>> o esta otra un tanto más dura: <<Consiste en cultivar un espíritu mezquino y excluyente, y en encontrar la razón de ser en algo enteramente accidental, como es el lugar de nacimiento>>. Coincido con J.M. que nacionalista es ser <<una Apley>> y en ejercer de tal las veinticuatro horas del día.

 

Yo soy de Málaga, y quizá porque la gente de esta tierra estamos tan acostumbrados a recibir a personas de tantas nacionalidades o quizá por alguna otra razón que desconozco, nos da igual que fulanito sea de allí o menganito de allá, en definitiva nos molesta poco la procedencia de cada uno. Por tanto perdemos poco el tiempo en ese tipo depreocupaciones superficiales evitando añadirlas a las que ya tenemos. No hace demasiado tiempo el Sr. D.Artur Mas (presidente de la Generalidad de Cataluña hasta hace un año) dijo parafraseando a su mentor y presunto socio el honorable Sr. D. Jordi Pujol (no sé si se acuerdan de él… el de: <<España nos roba>> y todo eso) <<Cada día debemos defender nuestra identidad. Nuestro primer objetivo es el de ser catalanes>>. Lo curioso es que lo son desde que nacen; no sabía yo que los ciudadanos tengan que defender algo que ya son. Perla sin desperdicio esta otra: <<Los medios de comunicación se cuelan por todas partes, en inglés, en castellano; se nos meten bajo la puerta y no podemos pararlos. Cada mañana, cuando nos levantamos, hemos de defender nuestra identidad>>. El catalán de a pie no tiene otra cosa que hacer recién levantado, a pelo, incluso sin desayunar que cerrar puertas y ventanas, apagando radios y televisores para que nadie les hable en inglés o castellano y así no perder la identidad. Un disparate, me recuerda alguna película de Berlanga. Y es que quién sabe. Pudiera suceder que pallareses, ampurdaneses, araneseso cualquier otros miembros de comarcas como tantas hay en Cataluña se les ocurriese pensar: <<los barceloneses son una fuente de corrosión y unos de los elementos más contaminantes que existen en Europa>>. Les aseguro que esto se publicó en un diario de Gerona no hace mucho tiempo.

 

Y es que no puedo estar más de acuerdo con mi admirado Javier Marías cuando dice que dentro de poco habrá nacionalistas de una comarca, de un pueblo, de una calle o de una casita adosada. Y visto lo visto en estos últimos tiempos yo añado que nos quedamos cortos pues intentarán separarse de la comarca, del pueblo, de la calle o de la comunidad de vecinos de la casita adosada. De esta manera, por fin, nadie contaminará a nadie ni se contaminarán de nadie y así podrán vivir todos aislados y satisfechos, eso sí, cuando estén melancólicos y depresivos se miraran al espejo con un gesto altanero y orgulloso y repetirán el mantra: por lo menos soy una Apley.

 

LA DOBLE DE SUSI

 

 

25.09.2016 Antonio Villalba Moreno Ya habrán oído en más de una ocasión que todos tenemos un doble en alguna parte del mundo. Algunos incluso dos o tres, más aún: una legión. Por lo visto yo tengo un doble cerca, en Málaga. De hecho, ya han sido varios amigos los que me han asegurado verme en Pedregalejo o en Torrox una tarde de este pasado mes de agosto cuando yo estaba disfrutando, en el sofá de mi salita, de la remontada de España en baloncesto femenino ante una Turquía  seria y peleona o viendo la victoria en la final de bádminton de la onubense Carolina Marín.

 

A veces ese doble tuyo puede ser un problema, imagínense que comete algún robo o le da por hacer un estriptis ante unas cámaras de vigilancia, o peor aún, delante de alguien conocido tuyo que pueda confundirse contigo y que, pensando, que eres tú, no se atreve a decírtelo. Sí señor, mejor que tu doble esté en un país lejano, y si es en otro continente, punto a favor.

 

Pues bien, en julio, mis dos Inmas y yo viajamos a Praga y Viena, y en esta última ciudad, mientras nos acercábamos al Palacio de Belvedere, una joven guapa y alegre nos miraba y sonreía desde una valla publicitaria. Esa imagen apenas duró unos segundos porque los anuncios iban rotando, pero el rostro nos resultó muy familiar. Nos olvidamos de la chica al entrar en los jardines del palacio.

 

La volvimos a encontrar camino del hotel, justo a la salida del metro, y ahí sí, los tres supimos a quién nos recordaba. Era Susi, nuestra sobrina, aspirante a médico. Era idéntica, o eso creímos. Bromeamos y fotografiamos el panel justo antes que volviera a cambiar. Cuando estuvimos en la habitación,  después de una jornada agotadora (ya se sabe lo duro que es la vida del turista), aprovechamos el wifi indispensable del hotel y waseamos con Susana enviándole la foto con el consiguiente comentario: “¿Qué haces en Viena?”

 

Ahí  pude comprobar que la chica del anuncio no nos seguía con la mirada ni con la sonrisa en los labios porque ella ríe, junto a otras amigas que la observan, pero tiene los ojos cerrados. Un pañuelo en la cabeza la hace interesante y confundirse con mi sobrina. Pero no sabemos el producto que ofrece ni las frases que aparecen en alemán.

 

La encontramos de nuevo en un panel publicitario justo cuando nos marchábamos hacia el aeropuerto. “Mira, Susi también nos despide” y entonces, se me ocurrió invertir el pensamiento de mi sobrina y trasladarlo al de la chica austríaca que tanto parecido tenía con ella. Pensé que ignoraba que su doble está en otro lugar, un pueblo que ni siquiera sabe que existe. Supongo que al prestarse a posar para publicidad podría convertirse en un icono, sabía que sería observada por miles de viandantes y, algunos, como nosotros podrían bromear o filosofar con su imagen comparándola con otros rostros.

 

Al llegar a Málaga, mientras esperaba las maletas en la cinta transportadora temí que no aparecieran después de una larga espera, fantaseé con que un doble mío se había apoderado de ellas e incluso se había marchado con mi mujer y mi hija. Entonces oí las voces de ambas diciéndome que me había confundido de puerta y que ellas habían recogido el equipaje. Suspiré aliviado y cogí una de las bolsas.

 

 

                                                                                                              

¿HA CAMBIADO LA POLITICA?.UNA VISION FEMINISTA SOBRE EL LIDERAZGO POLITICO

 

Beatriz Rubiño Yáñez

Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología

Parlamentaria andaluza

 

27.08.2016 Los tiempos cambian… Esta frase me venía a la cabeza cuando hacía un repaso a mi trayectoria laboral. Mis primeros pasos en el mercado de trabajo comenzaron con una beca de prácticas en el Gabinete de Prensa de la Universidad de Granada, cuando aún estudiaba Ciencias Políticas y Sociología, y aún recuerdo aquel día de noviembre de 1996. Volví a casa ilusionada con aquella oportunidad –que marcaría buena parte de mi vida profesional-, entusiasmada por mis nuevas tareas, y a la pregunta de mi abuela: “¿cómo te ha ido hoy?”, no pude por menos que contestarle que había sido un día increíble y para recordar, a lo que ella replicó: “¿pero pasas frío, tienes que trabajar a la intemperie?” Mi sorpresa inicial por esta pregunta, sin embargo, tenía una explicación lógica: para una mujer como mi abuela, nacida en 1907, trabajadora del campo y curtida bajo el sol de la Vega de Motril, que nunca pudo aprender a leer  a escribir, que su nieta estudiara en la Universidad y que no tuviera que sufrir los rigores de la meteorología en su nuevo trabajo, era un gran avance, una mejora en sus condiciones laborales, y por tanto, en sus condiciones de vida.

 

Evidentemente, los tiempos han cambiado: las mujeres ya no necesitamos permiso paterno para trabajar o abrir una cuenta bancaria, podemos votar, y sobre el papel, la igualdad es real. Y digo “sobre el papel”, porque la igualdad formal, la que recogen las Leyes, no puede negarse, pero la real, la que debería impregnar nuestro día a día, sigue siendo una utopía. Los “techos de cristal”, es decir, esas veladas limitaciones en nuestro ascenso laboral en las empresas que limita nuestras carreras profesionales, tan difíciles de traspasar y que no nos permiten seguir avanzando; los “suelos pegajosos”, esas fuerzas que nos mantienen atrapadas en la base de la pirámide económica, y que comprenden el trabajo conyugal, doméstico y maternal; y los “guetos de terciopelo”, esos sectores profesionales y laborales feminizados, que solo se consideran “de mujeres” y que conllevan de forma casi inmediata una precarización de las condiciones laborales, una reducción salarial y mayores dificultades de ascenso, siguen existiendo.

 

Listas paritarias y listas cremallera

 

En el mundo universitario, la Consejera de Educación de la Junta de Andalucía, Adelaida de la Calle, ha sido durante más de una década, la única Rectora de las Universidades españolas, presidenta además de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). Actualmente, vuelve a ver una sola Rectora en el territorio nacional: Pilar Aranda, que a comienzos del mes de julio de 2015, fue investida como máxima autoridad académica de la centenaria Universidad de Granada. Parece casi un imposible que nuestras Universidades puedan tener más de una rectora al mismo tiempo.

 

Pero… ¿y en la política? ¿Han cambiado los tiempos? Si nos remontamos a las primeras elecciones democráticas, allá por 1979, observamos que tan sólo había un 11% de presencia de mujeres en las candidaturas electorales al Congreso y al Senado. En contrapartida, en el año 2015, una mujer, Susana Díaz Pacheco, fue elegida en las urnas como presidenta de la Junta de Andalucía el 22 de marzo de 2015(además de su etapa anterior como tal, de unos 18 meses de duración). Es decir, 35 años más tarde de esas primeras elecciones democráticas, nuestra Comunidad Autónoma cuenta con una mujer al frente de su gobierno, lo que sin duda nos lleva a preguntarnos si durante estas décadas no ha habido ni una sola mujer en nuestra tierra con la suficiente preparación, capacidad de liderazgo y carisma para ostentar dicho cargo. Siendo como somos el 51% de la población, me resisto a pensar que sea así. Surgen de nuevo expresiones como “techo de cristal” y “suelos pegajosos”.

 

La democracia paritaria, término acuñado por la Declaración de Atenas de 1992 en la Primera Cumbre Europea de Mujeres en el Poder, obtiene su mayor y mejor expresión en el cambio de las leyes electorales. La Ley Electoral 1/86 Electoral de Andalucía, recoge en su artículo 23 “que la presentación de candidaturas, en la que se alternará hombres y mujeres, habrá de realizarse (…), mediante listas que debe incluir tanto candidatos como escaños a elegir por cada circunscripción, y además, cuatro suplentes, expresándose el orden de colocación de todos ellos, ocupando los de un sexo los puestos impares y los del otro pares”. Mucho se ha escrito –y criticado- sobre las listas electorales paritarias y las denominadas “listas cremallera”. Ambas cosas, sin embargo, no son lo mismo. A raíz de la Ley de Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres de 2007 (Ley 3/2007), se aprueban las listas paritarias, de manera que ningún sexo podrá superar la cuota del 60% en estas listas, lo que también se establece para las listas de suplentes. Hasta aquí, (casi) todos de acuerdo. El debate gana intensidad cuando hablamos de las listas cremallera, en virtud de las cuales, en las listas electorales debe existir una representación del 50% de ambos sexos, donde mujeres y hombres se alternan consecutivamente, ya sea comenzando las mismas por uno u otro sexo, pues a partir de la persona que ocupa el número 1 en éstas, se alternan los sexos. De esta forma, se garantiza que en los “puestos de salida”, esto es, los que tienen mayores posibilidades de obtener representatividad tras unas elecciones, se vean reflejados tanto mujeres como hombres.

 

El asunto no es baladí, ya que una lista puede ser paritaria, y sin embargo, no permitir que las mujeres adquieran puestos de responsabilidad, ya que en esos puestos de salida suelen concentrarse el 60 ó el 40% de las figuras masculinas, y en los puestos con escasas probabilidades de representación –los conocidos como “de relleno”-, concentrarse las femeninas. Una lista que siguiera este patrón sería una lista paritaria, pero a todas luces, no igualitaria. Alcanzar verdaderas cotas de poder, y obtener una auténtica representatividad se convierten en una odisea imposible de cumplir. Por muchas ampollas que levanten entre las élites masculinas de los partidos políticos, las listas cremallera garantizan la igualdad y la representatividad de las mujeres, y por ende, una visión más completa del mundo, un fortalecimiento de la democracia y un claro enriquecimiento cultural que no puede dejar de lado a la mitad de la población. Las críticas a las listas cremallera siguen la senda de las acciones de discriminación positiva, que no dejan de ser aquellas acciones que conducen a reducir las desigualdades de determinados grupos o colectivos –las mujeres, en este caso-, con objeto de corregir las mismas y que, además, tienen como fin su propia desaparición una vez también lo hagan las situaciones de desigualdad que pretende erradicar. Tan mala prensa tienen este tipo de acciones, que muchas mujeres las rechazan esgrimiendo el argumento de “conseguiré lo que me proponga por mis propios medios”. Y así llevamos siglos.

En las elecciones municipales, no obstante, la regla de las listas cremallera no rige de igual forma, puesto éstas se regulan por la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) 5/85, la cual, en su artículo 44.bis establece que “las candidaturas que se presenten para las elecciones de diputados al Congreso, municipales y de miembros de los consejos insulares y de los cabildos insulares canarios en los términos previstos en esta Ley, diputados al Parlamento Europeo y miembros de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas deberán tener una composición equilibrada de mujeres y hombres, de forma que en el conjunto de la lista los candidatos de cada uno de los sexos supongan como mínimo el cuarenta por ciento. (…) En las elecciones de miembros de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, las leyes reguladoras de sus respectivos regímenes electorales podrán establecer medidas que favorezcan una mayor presencia de mujeres en las candidaturas que se presenten a las Elecciones de las citadas Asambleas Legislativas”.

 

En los pasados comicios municipales del 24 de mayo de 2015, el Partido Socialista Obrero Español estableció que los municipios de más de 20.000 habitantes debían cumplir con el requisito de presentar listas cremallera. Los resultados de dicha cita con las urnas han arrojado un mapa electoral ya conocido, pero si aplicamos un análisis de género al mismo, observamos que, de los 103 municipios que componen la provincia de Málaga, tan sólo un 18% de las personas que han ocupado los sillones de primer edil de cada Corporación, son mujeres. O dicho de otra forma: nuestra provincia sólo cuenta con 19 Alcaldesas, de las cuales, 12 formaban parte de las listas del PSOE -2 de ellas, en pueblos de más de 20.000 habitantes-, 3 del Partido Popular, 3 de Izquierda Unida, y otra, de un formación política de carácter independiente. Esta realidad entronca con otra cuestión de vital importancia: la renovación política. Y es que, cuando se habla de renovar cargos públicos, ésta siempre afecta a las mujeres, lo que impide nuestra consolidación en las esferas de poder. Probablemente, estamos ante la presencia de nuevas actitudes patriarcales –incluso paternales-, puesto que dichas renovaciones se apoyan en expresiones como “buscar caras nuevas” o “evitar que se queme”. Que los hombres repitan como cabezas de lista una y otra vez, o que se eternicen en determinados sillones, no se cuestiona, pero a las mujeres se nos exige un constante ejercicio de regeneración que no se le impone al otro sexo.

 

La pregunta queda en el aire: ¿es esto representatividad? Porque no es posible hablar de una auténtica democracia si dejamos en el camino a las mujeres, si en las esferas donde se toman las decisiones que nos afectan a todas y a todos, la visión femenina y feminista, no está presente. Legislar y diseñar, aplicar e implementar políticas públicas, no puede hacerse sin la riqueza de pensamiento que aportamos las mujeres, sin valorar de forma real y realista nuestros problemas, así como sin contar con nuestro potencial de pensamiento y gestión. Resulta intolerable que aquella expresión del Despotismo Ilustrado de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, se adapte a una nueva visión machista y patriarcal de “todo para las mujeres, pero sin las mujeres”. Dicho lo cual, queda claro que el camino hacia la verdadera igualdad ha sido largo, y la lucha, dura; aún lo es. Aunque las mujeres ya podamos y seamos Alcaldesas, Concejalas, Diputadas o Senadoras, incluso presidentas de Comunidades Autónomas –que no del Gobierno: otra “asignatura pendiente” en nuestro país-, y sin duda, mi abuela estaría orgullosa de que su nieta sea hoy parlamentaria andaluza, aun se cuestiona cómo llegamos a dichos puestos, si nuestra presencia no ha sido impuesto por listas cremallera o por discriminación positiva. Claro que eso daría para otro extenso artículo…

 

 

ESCALOFRIOS EN AGOSTO

 

13.08.2016 Rafael Guardiola Iranzo Desde que me he despertado se agitan una y otra vez en mi cerebro recalentado dos estrofas de “Pido la paz y la palabra”, el descarnado libro de poemas de mi admirado Blas de Otero. Mi segundo órgano más querido, como diría Woody Allen, pide una tregua para no caer rendido antes de tiempo, como si el asedio lo protagonizase cualquiera de los grandes éxitos del verano del pasado siglo,paridos por la inefable Raffaela Carrà o el ínclito Georgie Dann. En cualquier caso, esta comparación me produce escalofríos y hace que me “espeluque” –como diría una entrañable amiga natural de Alozaina-, aunque se haga con voz queda y en esa intimidad que permitía al expresidente Aznar hablar en catalán. Dice el poeta: “Me llamarán, nos llamarán a todos./Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,/en tornos de cristal, ante la muerte./Y te expondrán, nos expondremos todos/a ser trizados ¡zas! por una bala./Bien lo sabéis. Vendrán/por ti, por ti, por mí, por todos./Y también/por ti./(Aquí/ no se salva ni dios, lo asesinaron.). ¡Vaya jarro de agua fría! No hay duda de que hoy me he despertado cual disciplinado budista, meditando una y otra vez sobre la fugacidad de la vida y la cruda realidad del sufrimiento que es norte de nuestra existencia.

 

Y es que la muerte puede llamar a nuestra puerta con su enorme guadaña sin mantener las ciceronianas reglas del decoro, como le sucedió el pasado 14 de julio a una mujer siberiana, decapitada cuando practicaba sexo demasiado cerca de las vías del tren y en estado de embriaguez. Eros y Thanatos se fundieron en una macabra y oscura danza, como si le quisieran dar la razón a Freud, y abortaron el “final feliz” para gestar una truculenta historia.  Para compensar, leo en la Red que la compañía aérea Flamingo Air permite a sus usuarios mantener relaciones sexuales en sus vuelos desde hace más de dos décadas (y yo con estos pelos). Actualmente y por 425 Euros, los pasajeros pueden disponer de un vuelo de una hora en una avioneta privada, separados por una cortina del espacio ocupado por el piloto, siendo agasajados con champán, chocolate, almohadas y sábanas ad hoc. La noticia no habla de la posible participación del piloto o la pilota en el evento. Yo prefiero no imaginármelo, porque ello me produce un vértigo tan invalidante como el que paralizaba al protagonista de la película memorablede Alfred Hitchcock encarnado por James Stewart.Una vez más, sexo y muerte van de la mano, aunque sólo sea como posibilidad, en forma de una fantasía digna del mismísimo Marqués de Sade.

 

Miedo me da compartir con ustedes esta canción “pegadiza” de tonalidad verde, después de haber tenido que declarar a finales de junio, como funcionario obediente, que no he sido “condenado por sentencia firme por algún delito contra la libertad e indemnidad sexual, lo que incluye la agresión y el abuso sexual, acoso sexual, exhibicionismo y provocación sexual, prostitución y explotación sexual y corrupción de menores, así como por trata de seres humanos”, de acuerdo con el artículo 13.5 de la Ley Orgánica de protección jurídica del menor. Aquí estoy, querido lector, sufriendo unos simbólicos escalofríos, con efecto retroactivo, en pleno mes de agosto, viendo peligrar mi derecho a la intimidad sin haber abierto la boca hasta ahora, sintiéndome desposeído  -como si tal cosa- de mi humana libertad, sintiéndome bajo sospecha como consecuencia de haber superado una oposición en tiempos ancestrales y tener un público adolescente, contemplando cómo proliferan las causas inquisitoriales y se multiplican los inquisidores a diestro y siniestro, y cómo los gestores del Estado –muchas veces sumido en las cloacas de la corrupción- se vanaglorian,con un cinismo superlativo,de ser fieles guardianes de la moralidad más estricta. No sé si podré conciliar el sueño esta noche pensando que alguien pueda señalarme con el dedo acusándome de exhibicionismo por escribir estas letras o despertar una sonrisa entre mis alumnos, aunque no use gabardina y lleve bien cubiertas las partes pudendas.

CARACAS Y MADRID.

 

10.07.2016 Joaquín Ramírez Iberoamérica, Hispanoamérica o Latinoamérica, siempre está presente en la vida de España. Cada exceso, cada crisis, cada noticia, tiene un especial eco en nuestro país. Se habla de “especiales lazos”, de vinculación cultural, de parentesco o de países hermanos. Lo cierto es que el golpe de estado en Chile, desde el asalto a la Casa de la Moneda, el asesinato de Allende y los avatares de la dictadura de Pinochet fueron asuntos que nutrían las noticias y el debate de nuestra vida diaria. Pasó lo propio con la dictadura argentina, y el grado de conocimiento de muchos personajes nefastos, militares y civiles, era muy alto, Videla, Masera… Antes de eso, Juan Domingo y Evita Perón fueron portada y objeto de atención de buena parte de nuestros compatriotas durante años y aún hoy. El general Stroessner protagonizó una de las más largas dictaduras de América -35 años- al frente de Paraguay y su nombre se convirtió en habitual como objeto de crítica política también en España. Cuba, cuya longeva dictadura es todavía más larga, fue la última gran posesión española y nunca hemos dejado de atender su actualidad de forma totalmente cotidiana. Las FARC colombianas, Sendero Luminoso en Perú u otros implicados en sucesos violentos o de terror fueron del conocimiento y atención de los nuestros en todo momento. Correa (Ecuador) o Evo Morales (Bolivia) son viejos conocidos. La llegada del movimiento Sandinista a Nicaragua, o la vida de Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, Paraguay o Puerto Rico, también son y han sido objeto de interés y conversación. ¿Qué decir de Méxicoo Panamá?, por unas causas o por otras, el PRI, el presidente Fox, Peña Nieto o, en su día, el general Noriega… No, no es raro ni extravagante que en estos días Venezuela, con muchos de sus más importantes personajes, ocupe parte de nuestra curiosidad y debate. Carlos Andrés Pérez, conocido presidente socialista de aquel país, tuvo al final de su mandato mucho lío con la corrupción, aquí se habló de ello uno y otro día. Tal y como se ha hecho con Chávez –desde su llegada-, Maduro, Diosdado Cabello, el fallecido en extrañas circunstancias Fiscal Nisman, Henrique Capriles, Corina Machado, Leopoldo López, Lilian Tintori, el alcalde Ledezma, entre otros.

 

Si a todo ello añadimos que el modelo venezolano fue en numerosas ocasiones puesto como ejemplo a seguir por la muy emergente fuerza política de los Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa, Echenique, etc. a nadie puede ni debe extrañar que se hable de Venezuela y su estrangulamiento económico, democrático y social en medio del proceso político español.

 

La reciente larga campaña electoral, tras la disolución de las Cortes en octubre de 2015, ha intensificado las alusiones a la cuestión venezolana por la innegable importancia electoral y política de Podemos, por los documentos que prueban las muy pingües e inexplicables ayudas gubernamentales de Venezuela a la fundación CEPS u otros inexplicados cobros y papeles, la probada relación con el Régimen Chavista de los principales dirigentes podemitas, el agravamiento de las condiciones sociales y democráticas de aquel país, los presos políticos, las visitas de Felipe González, Zapatero y recientemente Rivera… El gobierno de España se ha interesado por las encarcelaciones de algunos de los principales políticos opositores, ha acogido a sus familiares y hasta ha concedido la nacionalidad española a algunos de ellos para facilitar sus movimientos y su incesante lucha contra la persecución y la injusticia. Hay doscientos mil españoles en Venezuela, las circunstancias de desabastecimiento e inseguridad de todo orden nos obligan a intentar atender y ayudar lo más que se pueda.

 

Y no, no es Venezuela modelo a seguir, como tampoco lo es su paradójico “referéndum revocatorio”, una figura jurídica inspirada por una mente perversa, aplicada parcialmente ya una vez de modo igualmente perverso.

 

La crisis y los aberrantes sucesos de corrupción nos han llevado a los españoles a escuchar algunos cantos de sirena en momentos de especial sensibilidad. Sin embargo, la senda de la Transición del 78 sigue siendo el más viable y mejor camino de nuestra democracia, con todos los inconvenientes y virtudes. Nunca nuestro país alcanzó un grado general de prosperidad social tan alto como el actual, ni nunca una Constitución ha durado tanto ni dado mejor resultado que la vigente; perseverar en el espíritu que su letra y realidad representan no debe ser una opción. A pesar de los problemas y de nuestra sociológica y tradicional tendencia derrotista, pueden tomar nota: el proceso español, su sistema y su orden constitucional, sí que son el modelo a seguir.

 

 

 

UNA TARDE DE JUNIO
 
09,07.2016 Antonio Villalba Moreno El día de mi santo, me eché una buena siesta después del partido de España. En apenas media hora de sueño profundo pude retroceder a los primeros días de mi llegada al Instituto de Torremolinos.
 
Estoy en mi sitio junto a mi primo Gerardo, no sé el motivo, pero todos mis compañeros me miran señalando mi rostro, es el de un hombre cincuentón, con canas incipientes y patas de gallo algo exageradas. Un rostro experimentado en un cuerpo de adolescente. Tengo la impresión de llevar un buen rato en esa situación, extrañado, pregunto a mis profesores de Literatura y Física de segundo de BUP quién soy, pero permanecen mudos.
 
Entonces, despierto sobresaltado por el ladrido de mi perro. Me levanto y siento que alguien se acerca a la puerta de entrada. Me aproximo y percibo que tiene un parecido sospechoso al director de mi colegio de siempre.
 
—Buenas tardes, busco al alumno que salió del Ciudad de Jaén antes de los ochenta. —Voy a contestarle pero no me sale la voz de la garganta. Él continúa hablando. — Tengo que decirle que si quiere dedicarse a la enseñanza debe tener una cosa en cuenta: que lo primero es el alumno. La empatía con él es primordial y si no está dispuesto a seguir esta premisa debe dedicarse a otra cosa en la vida
 
Intento gritarle que yo soy ese alumno que está buscando, intento decirle que me dedico a otros menesteres, no porque no esté de acuerdo con él, al contrario, mi sueño hubiera sido ejercer de maestro, sin embargo el destino es, a veces, caprichoso y te va llevando a otros lugares diferentes a tus sueños y tú debes adaptarte, pero reina el silencio en ese momento, no puedo articular palabra alguna y lo veo volverse hacia el final de la calle donde lo pierdo de vista.
 
Drako, se me queda mirando con ojos tristes y cansados, y yo le pregunto (ahora sí oigo mi voz) cuándo cree que comprenderé lo que estaba pasando aquella tarde de junio. Noto que intenta decirme algo, pero, obviamente, los perros no hablan, así que le acerco mi mano, él la lame, luego le masajeo la cabeza, mueve la cola y lentamente se va tumbando junto a mí para que no deje de acariciarlo.
 
Yo le sigo hablando.
 
—Drako, ¿tú crees que estoy soñando, o la vida es así de fantástica? ¿tú crees que el pasado puede volver al futuro para intentar explicar el presente?
 
Mi perro, mueve las orejas, se hace un ovillo y simula dormirse. Cojo la indirecta y me callo, paso la mano por su espalda. Lo agradece. Al cabo de un rato suena el teléfono. Es mi primo Gerardo, hacía tiempo que no hablaba con él.
 
 
 

26-J.ESPAÑA Y LA ENCRUCIJADA EUROPEA

 

26.06.2016 Rafael Guardiola En la viñeta firmada ayer por El Roto se afirma: “¿Qué es lo que votamos, si gobiernan los mercados?” Pienso que hoy, más que nunca, necesitamos un cambio de paradigma político que ilumine los actos de nuestros representantes. Habitualmente nos hemos dejado seducir por el paradigma del “gobernar”, convirtiendo a aquellos en dueños y señores de nuestra vida hasta la siguiente cita electoral. Pienso que no hay que obsesionarse con el poder que nos incita a gobernar, ni con el sistema caduco en el que se inspira la práctica de los ritos democráticos cuasi decimonónicos. El secreto está en “organizarse”, avanzar hacia la democracia directa y la autogestión gracias a las posibilidades del ciberespacio. Y todo ello haciéndolo desde la “sensibilidad” (no desde idealizaciones vacías y los corsés conservadores o revolucionarios) y teniendo como norte la habitabilidad del planeta.

 

Confío en que la Democracia española deje pronto de ser una mera idea platónica, para convertirse en una auténtica forma de vida, una fiesta a la que no están invitados ni los manipuladores ni los corruptos. Pensemos más en la cooperación y en la organización de nuestras potencialidades que en las miserias propias del gobierno, con independencia de quiénes sean los líderes de los Partidos de masas que aspiren al asalto del poder. Tan necesaria como la justicia lo es la alegría y la paz social. Y hace falta también cuestionar las políticas de austeridad que han ahogado al propio capitalismo.

 

Además, no hay que perder de vista que muchas cosas han cambiado tras el resultado del reciente Referéndum británico. Como nos recuerda Antonio Campillo, Catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia y Presidente de la Red Española de Filosofía: “Se abre ahora una gran encrucijada: o Europa cambia de rumbo y aprovecha la oportunidad para avanzar hacia la unión política, la democratización de sus instituciones y la recuperación del “modelo social europeo”, o corre un riesgo muy serio de precipitarse hacia a fragmentación, la renacionalización, la violencia xenófoba, el empobrecimiento colectivo y la autodestrucción del propio proyecto europeo”. Esta noche hay muchas cosas importantes en juego.

 

PLURALIDAD TELEVISIVA

 

19.06.2016 Pepe Cabrera Estos días en los que estamos inmersos pueden ser días de una felicidad sin parangón. Días en los que veremos cómo se nos prometen la creación de empleos con la misma facilidad que nacen las margaritas en el campo

 

A partir de estos días ya no habrá subida de impuestos, por el  contrario se nos prometerá una bajada de estos… para el año que viene o tal vez para el siguiente o para el otro… Se nos prometerá dichas incontables, sueldos y contratos dignos; fórmulas mágicas de inversión pública sin cargo a la deuda pública; una racional reforma educativa que se eduque en la crítica y no en el aborregamiento y lo más maravilloso de todo un país con la corrupción exterminada como se erradicó la viruela.

 

Un país idílico se nos propone estos días, sin duda, en el que todo problema del ciudadano será solucionado a cambio de nuestro voto y donde el partido político contrario es incapaz de ofrecer soluciones creíbles y realizables. Nos declararan con osado disimulo poco menos que de idiotas si no les votamos. Veremos aparecer todo tipo de bonanzas bajo eslóganes como: “ahora más que nunca, España en serio”, “Un sí por el cambio”, “Tiempo de acuerdo, tiempo de cambio” o “La sonrisa de un país”. Con esta tormenta de venturas no hace falta ningún tipo de receta curativa pues a partir de estos días, todas nuestras dificultades serán agua pasada.

 

Cabe preguntarse si hasta ahora se lo estaban tomando a broma; si el cambio que propugnan algunos pueda ser para peor; si los acuerdos van a ser como los obtenidos en la mini legislatura anterior o la tan esperanzadora sonrisa se pueda convertir en risa y ya se sabe: se puede llegar a reír por no llorar.

 

Por fortuna Dios aprieta pero no ahoga y con la diversidad televisiva tenemos la oportunidad de elegir no ver debates, noticias referentes a la campaña electoral, y no escuchar lo bien que lo van a hacer unos en detrimento del oponente político.

 

Pluralismo televisivo en cuanto a poder decidir no ver nada de todo esto y retrepado en el butacón más cómodo de nuestra casa delante de nuestro televisor disfrutar admirado de una buena serie o película, o mala da igual, el caso es tener la sensación de que lo que estás viendo en la pantalla se sabe de antemano que es una ficción y que por lo menos no se nos está engañando.

 

LA TARJETA POSTAL
 
04.06.2016 Antonio Villalba Moreno El pasado lunes se me ocurrió abrir el buzón de mi casa. Había publicidad de las centros comerciales cercanos, varios avisos de impuestos pendientes de cobro y ... ¡una postal! Me extrañé. Perdón, igual algunos lectores no saben o no recuerdan qué era eso. Sí, una cartulina con una fotografía por un lado y en el reverso la explicación de la imagen, un espacio para el sello y el resto en blanco para escribir un mensaje.
 
Hechas las oportunas aclaraciones comentaré lo que me ocurrió. Ya he dicho que me sorprendió, muy gratamente, porque me hizo retroceder unos años y recordé las primeras que envié, al menos desde el extranjero. Fue en 1985, aún no había llegado a la veintena de años y aquel verano me fui de interrail por Europa con dos amigos.
 
Hace algo más de treinta años remití varias tarjetas desde distintos países a mis padres, abuelos y amigos. Algunas llegaron después de mi viaje, como la que mandé desde Roma con una fotografía del Coliseo, en ella le decía a mi novia que tenía muchas ganas de verla y que le enviaba muchos besos. Nos reíamos los dos mientras la besaba en persona y la sosteníamos comentando la rapidez de Correos.
 
Ahora eso es impensable. La inmediatez impera en casi todo. Fotografías, mensajes y noticias llegan al instante. Llámenme antiguo, carca o como quieran hacerlo, pero yo echo de menos dosificar las emociones, dosificar las fotografías pensando en las 24 o 36 de cada carrete y por tanto, escogerlas de forma concienzuda. También la emoción del revelado, esas fotos en papel que veíamos varios días después, incluso semanas si el carrete quedó a la mitad y no se acabó hasta las siguientes vacaciones.
 
La celeridad de los correos electrónicos y, sobre todo, de los whatsapp no cuadran con la postal que encontré en el buzón, pero lo extraño fue que, cuando me senté en casa para contemplarla y leerla, me percaté que eran las Torres Gemelas. Me dio un vuelco el corazón al verlas enhiestas e intactas y recordé el acontecimiento que nos cambió la vida a todos.
 
¡Qué cantidad de sensaciones pasaron por mi cabeza! ¿Cómo era posible aquella incongruencia? ¿Era una broma de mal gusto que alguien quiso gastarme a destiempo? ¿Se habrían equivocado de dirección?
 
Estuve un buen rato observando aquella imagen y no caí en darle la vuelta y comprobar el remitente. Era de mi amigo Pepe, de visita en Nueva York, fechada en los noventa. Un sello de medio dólar estaba pegado y franqueado en el margen derecho y unas líneas manuscritas me saludaban desde el otro lado del Atlántico (y, ahora también, desde el pasado).
 
No quise averiguar el motivo por el que apareció en mi buzón, al contrario, agradecí tan grata sorpresa que me hizo agitar mis recuerdos y remover mis sentimientos. Así que busqué una chincheta y pinché la tarjeta postal en mi tablón de anuncios.
 
 
 

DESDE LA VILLA Y CORTE.EL SOL POR ANTEQUERA

 

29.05.2016 Joaquín Ramírez Fue el Infante don Fernando de Trastámara quien, a las puertas de la ciudad antequerana para su toma, a punto de cruzar un muy crecido río Yeguas, tomó la decisión de avanzar frente a las dudas de su consejo militar. “Salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”. Desde entonces esta frase es una muestra de determinación en la que va implícita la asunción de las consecuencias de la decisión tomada. El 24 de septiembre de 1410 Antequera, hasta entonces inexpugnable, tras el asedio y una dura batalla, es entregada al que ya sería conocido como Fernando de Antequera, posteriormente elegido Rey de Aragón -1412-.

 

Hoy echar mano de esa frase es tan socorrido como necesario su significado, tomar las decisiones y asumir las consecuencias es tan esencial como seguir respirando. Cierto es que usamos muchas veces frases hechas cuyo origen ignoramos por completo. Pero, a poco que echemos un ligero vistazo a la historia y sus hechos, podemos encontrar el qué, el cómo y el porqué. Para aquella larga aventura de la “Reconquista” Antequera, por su situación geográfica, resultaba ser una plaza estratégica para la toma de Granada, que pondría fin al proceso.

 

Aquella España moderna en ciernes cumplió una etapa, el Infante don Fernando, que mandaba los ejércitos castellanos, fue poco después Rey de Aragón, tras el Compromiso de Caspe. La historia y las circunstancias políticas y militares de Antequera fueron determinante para podernos explicar el posterior reinado de los Reyes Católicos, la creación de la nación moderna y hasta el Descubrimiento de América.

 

Pero nuestro país está lleno de hechos sonados, nombres de batallas cruciales y puntos geográficos cuyo protagonismo e importancia quedaron para siempre en los anales, pero que la vida moderna ha hecho desaparecer su vigencia estratégica. Sin embargo, otros muchos –entre ellos Antequera- parecen predestinados a permanecer en la vanguardia de los acontecimientos adaptando su papel a las necesidades de los tiempos.

 

Después de casi 6000 años de historia, la vieja Anticaria romana, no sólo ha sido escenario clásico de hechos y contiendas, sino contemporáneo de pronunciamientos políticos y sociales. Situada en el centro geográfico de Andalucía, a cuarenta minutos del Mar de Alborán, Antequera en su auténtica capital logística debido a su conexión por autopista o autovía con todas las capitales del sur de España, así como por estar conectada también por el Tren de Alta Velocidad –ave-. Por eso hoy es el mayor centro de distribución de mercancías de una latitud que sigue creciendo en población, comercio e influencia.

 

Por si fuera poco, hoy Antequera aguarda la decisión para la declaración del Sitio de los Dólmenes de la ciudad como Patrimonio Mundial de la Unesco. Esta declaración de la catalogación Patrimonio de la Humanidad situaría –situará- a los Dólmenes de Antequera en el mapa de los grandes monumentos megalíticos del mundo, convirtiéndose en el primer bien de esta tipología declarado en la Europa continental.

 

No cabe en estas líneasla importante monumentalidad antequerana, pues su patrimonio cultural es de todos los tiempos. Dice la leyenda que al Infante Fernando la frase que le convenció para dirigirse a su conquista se la sugirió Santa Eufemia de Calcedonia, mártir cristiana a la que veneran las iglesias Católica y Ortodoxa, patrona de Antequera desde entonces. En la torre más alta de la ciudad, la Real Colegiata de San Sebastián, un ángel custodio tiene una reliquia de esta santa.

 

La historia, la arqueología, la tradición cristiana, la vida actual con todas sus conquistas tecnológicas y humanas, el arte y la cultura, todo está servido en esta antiquísima ciudad del sur que hoy afronta su futuro con brillantes expectativas. Es fácil acceder al conocimiento de la versátil e interesantísima ciudad. No hay que ir a Antequera a buscar las explicaciones, pero es mejor acercarse y comprobar que todas están allí.

 

LA VIDA NO ES TAN BELLA

13.05.2016 Pepe Cabrera Villalba “Empieza el juego. Quien no haya llegado ya no juega. Se precisan mil puntos. El primer clasificado ganará una vida nueva fuera de este camión. Menuda suerte. Cada día leeremos la clasificación, al último clasificado le colgaremos un cartel que dirá “asno”. Aquí en la espalda. Los de ahí fuera están en el equipo de los súper malos que gritan que te llevarán a un centro de internamiento de extranjeros sin caramelos, si te descubren. Quien tenga miedo pierde puntos. En tres casos se pierden todos los puntos: los pierden, uno, los que empiezan a llorar; dos, los que quieren ver a su mamá; tres, los que tienen hambre y piden la merienda.”

 

Este es un párrafo de la película “la vida es bella” de Roberto Benigni. La vida sigue siendo bella para algunos en Europa, como pasaba a principios de los 40 y cuenta esta película. Antes, hombres y niños hacinados en un campo de concentración alemán; hoy, y aunque salvando afortunadamente las diferencias, hombres y niños hacinados en campos de refugiados en Grecia y Turquía, estacionados  allí por la insensibilidad de una Europa que debería acogerlos de brazos abiertos. Distinta época, parecidas circunstancias, el mismo sufrimiento por culpa de lo inhumano de las políticas europeas de inmigración y acogimiento.

 

El problema de los refugiados de guerra e inmigrantes ilegales, no es un problema que la Unión Europea en este caso, asuma como propio más allá de lo puramente formal, esa formalidad que se traduce en dirigentes en rueda de prensa mostrándose dispuestos a hablar con otros dirigentes y a ver si la próxima semana, y sino la siguiente...se arregla el “problemilla”. Hace tiempo que el factor humano dejó de ser una prioridad en el lugar donde vivimos. Hace tiempo que aceptamos como normal que los dirigentes que cobran el sueldo de nuestro bolsillo despachen asuntos humanitarios con un “métalos usted en su casa” tan irresponsable como vomitivo.

La comisión europea habla ya de los refugiados como si fueran emisiones de CO2. Primero con lo de la cuotas y ahora se sacan la manera de que los gobiernos incumplan pagando un peaje para que los refugiados los acoja otro. Con una multa de 250.000€ de un refugiado que te toque acoger y que no acojas. La pagas y te exime de responsabilidad. Ósea pagar por escaquearse. Y hace unos días con la proposición de que las políticas de asilo  se deberían financiar con una combinación de préstamos e impuestos que contribuirían a cumplir objetivos climáticos de Paris. Idea discutible donde la haya, pues muy a nuestro pesar, poco tienen que ver el tocino con la velocidad.

 

Pertenecer a  Europa no es solo tener Euros en el bolsillo, es también ser solidario con la desgracia que está pasando en nuestras fronteras. No podemos mirar para otro lado. Hace tiempo recibíamos fondos europeos nosotros, ahora es a nuestro país conjuntamente con sus socios europeos a los que les toca echarles un cable  y ayudarles mediante planes de integración responsables en el que el factor educativo sea indispensable. La cuota de refugiados que tienen que recibir nuestros países europeos no son números, son familias, son niños, son personas. Hay que ser solidarios con la desgracia ajena.

 

Si las muertes de los que sufren el hambre y la guerra en esos países en conflicto o los que se ahogan intentando cruzar en una barcaza hacia nuestro continente hicieran bajar los índices Dow jones, Nikey o el Ibex35, hace ya mucho tiempo que no existiría el Día Mundial del refugiado. Pero este día tiene que existir, como si no se iban a exonerar las culpas y las vergüenzas de nuestros dirigentes políticos ante tanta desgracia e injusticia.

 

LA SOLEDAD SONORA DE LA LECTURA

 

                12.05.2016 Rafael Guardiola Todos aquellos que, por obligación o por devoción, frecuentan los actos académicos, como es mi caso, convendrán conmigo en que no es fácil hoy en día quedarse ensimismado por las buenas artes de un conferenciante, hasta el momento desconocido. Más aún, cuando son dos las ponencias seductoras, desprovistas del ropaje y la imaginería de las nuevas tecnologías, y éstas se suceden en el tiempo en la misma jornada. Esta feliz conjunción astral se produjo el pasado jueves 5 de mayo en el Salón de Actos de la ETSI de Informática y Telecomunicación de la Universidad de Málaga, con motivo de la reunión general de la Red de Bibliotecas Escolares de la provincia, a la que asistí como responsable de la Biblioteca del IES Jacaranda de Churriana. Son múltiples las voces que ya han mostrado su agradecimiento a la Administración Educativa por la sabia elección de los ponentes en el foro del que participamos los sufridos bibliotecarios, en sintonía con mis palabras. No voy a ser muy original por ello, como reclama el pensamiento posmoderno, pero sí pretendo ser justo. No en vano, ambas ponencias invocaron la memoria del checo Franz Kafka.

 

                En su conferencia titulada “Leer para qué”, el escritor, ensayista y filósofo residente en Túnez, Santiago Alba Rico, desgranó con pericia las tesis principales de su magnífico libro, Leer con niños, cuya primera edición data de 2007, pero que no ha perdido ni un ápice de actualidad. Nos habló de “cocina y lectura”, del tiempo infinito que dedicamos a la digestión y de las delicias que obra en nuestro cerebro el sabor de la lectura apelando al testimonio de Sor Juana Inés de la Cruz y a su propio tránsito diario por las dependencias de su vivienda en tierras lejanas. Santiago Alba nos invita a recorrer el espacio que va del estudio de su casa, donde impone su ley el divino ordenador gracias al que encadena sus pensamientos y desarrolla su intenso trabajo intelectual, hasta la lejana cocina, en la que el entendimiento cede paso a la elaboración de los productos perecederos destinados a la digestión. Entre el ordenador y la cocina ha erigido un monumento a la vida reposada en forma de sillón de orejas, a medio camino de todo, en el que se consagra a la lectura para no olvidar rápidamente en qué consiste vivir. Dice que es a Darwin al que suele leer en este tránsito, en este anacrónico monumento de la duración bergsoniana, del “tiempo vivido”, subjetivo, un continuo presente continuo que nos arroja fuera de las fauces del tiempo de los físicos, sea del tiempo absoluto de Newton, sea del tiempo relativo de Einstein. Santiago Alba confiesa que su lectura de Darwin es una especie de kantiano fin en sí mismo, pues su profesión no es la de biólogo, ni se acerca al libro para degustar sus sabores literarios, que los tiene. Lee para no olvidar rápidamente que está vivo, dado que nos encontramos en una sociedad de la destrucción generalizada, en la que lo producido hoy desaparece antes de seis meses, en el mejor de los casos, y perdemos su rastro. Saturno devora a su hijo con una velocidad de vértigo en el estado de guerra permanente que marca la sociedad del consumismo delirante y el imperio arrollador del mercado y el “valor de cambio”, hasta el punto de que el ocio se ha proletarizado, se prepara para ser digerido y reducido a un pestilente detritus.

 

                Para Santiago Alba, en nuestras sociedades industriales avanzadas –es un decir- ya no hay cosas, ya no hay objetos, sólo mercancías. El usurero Shylock del Mercader de Venecia de Shakespeare se frotaría las manos simplemente con el roce de semejante idea. Los objetos que no han sido desnaturalizados nos suelen devolver una imagen especular que nos convierte en sujetos, en protagonistas de nuestro tiempo. En los objetos –sean artefactos, como un libro, o de carne y hueso, como un niño- podemos fijar nuestra mirada, pueden llamar así nuestra atención y volverse interesantes. Los objetos son auténticos archivos de la memoria y encierran el misterio del proceso de su elaboración o aparición. E incluso se mueren y podemos asistir a sus estertores. Pero esto no pasa con las mercancías, que desaparecen rápidamente de nuestra vista, que mueren anónimamente aquejadas por el mal de la obsolescencia programada o la voracidad del intercambio ventajoso que, según los calvinistas, revelaba la ansiada salvación tras el Juicio Final. Y en lugar de la imagen del Tío Gilito de Disney, nadando en el océano de sus billetes y monedas relucientes, el presente nos devuelve la del cretino bronceado Donald Trump, un adalid de la digestión a gran escala y de la ley del Oeste. Nuestra amada sociedad civil languidece y ve cómo se atrofian la razón, la memoria y la imaginación de los ciudadanos. La propuesta de Santiago Alba es simple y revolucionaria: hay que leer para recuperar y conservar, para reconquistar nuestro presente, el tiempo como duración, para distanciarnos de lo que nos aliena y embrutece.

 

                “La pasión de leer” fue el título del segundo regalo de la mañana y su artesano, Antonio Basanta Reyes, Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, un ponente que transmite un entusiasmo y un cariño inconmesurables, casi lascivos, dignos de la mismísima Sherezade. Comparto con Antonio Basanta que la lectura es un acto de rebeldía, un ejercicio de soledad sonora que se modula con el propio devenir de nuestras mortales existencias. Ya es hora de proclamar las virtudes de la actitud lectora ante la vida, para que se instale definitivamente en nuestras meninges y recoja el testigo del grito descarnado de Kant, “sapere aude”. La lectura crítica, reflexiva, nos permite observar sin ser ingenuos, interpretar lo que acontece y comprender profundamente hasta lo incomprensible. Gracias a la lectura podemos, incluso, llegar a ver con el corazón. Eso es lo que hizo Franz Kafka, ya muy herido por la tuberculosis, cuando fue capaz de hacer que una niña olvidara la pérdida de su muñeca más querida creando una historia para ella durante dos semanas a través de unas cartas imaginarias, cartas que compartieron, felizmente, en un parque berlinés.

 

LA MAGIA DE LA AMISTAD

 

24.04.2016  Rafael Guardiola Iranzo Es para mí un honorhablar del talento que atesoran las páginas de La magia de los días,la última novela del centauro y mago Antonio Báez Rodríguez, un aprendiz de brujo nacido en Antequera hace unos cuantos años, un tenaz profesor de Cultura Clásica con el que compartí más de quince años en el IES Jacaranda de Churriana, y que ha sido publicada con esmero por la Editorial Talentura. Como pueden observar, las palabras no son gratuitas en todo esto.

 

El olvido, como envés de la memoria, es el protagonista de la primera novela de Antonio Báez, publicada en septiembre de 2011 también por la editorial Talentura y titulada La memoria del gintonic. Desde que apareció su primer libro de relatos, Mucha suerte en el año 2008 (narrador.es), Antonio Báez ha publicado también Griego para perros, en la editorial Sabara (2012), libro que concibe como un “híbrido de relatos, microrrelatos y novela”, y ha colaborado con cuentos y microrrelatos en antologías como Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012), Velas al viento. Los microrrelatos de la nave de los locos (Cuadernos del vigía, 2010), y en Blogs de papel (Editores Policarbonados, 2009). Numerosas son también sus publicaciones digitales y meritorio su Blog cuentosdebarro.blogspot.com, que mantiene desde

el año 2007, y que fue nominado como mejor Blog de creación por la Revista de Letras en el año 2011.

 

Como Adán, el protagonista de la novela, mi amigo Antonio Báez es “un detective de vidas ajenas” especialmente dotado para la ironía agridulce y para suscitar en el lector una cascada compleja de emociones sencillas, como hacía el feo Sócrates, al parecer, cuando ejercía el oficio de partero intelectual en los mercados atenienses y con la sinceridad y descaro de Diógenes cuando se masturbaba con fruición en el ágora ante los ojos bienpensantes.

 

Me gusta pensar que La magia de los días se ha sumergido, alevosamente y sin permiso, en la noble tradición de la novela filosófica que tanto agradaba a los ilustrados del siglo XVIII. Me gusta imaginar a Antonio Báez convertido en un Voltaire malagueño, desayunando cien ostras regadas con una botella de champagne, tras una agitada y sudorosa noche de placer carnal. Me gusta ver a Antonio Báez travestido como una Penélope seductora y sin depilar, tejiendo la urdimbre del relato de millones de Ulises tuertos, curiosos y erráticos, movidos por el deseo de hacer magia, sonriendo a la nada, al vacío de nuestra existencia mortal. Como sucede en el ingenioso cuento de Voltaire de 1767 que lleva por título Cándido o el optimismo, el relato del que nos ocupamos tiene un final abrupto. Todo acaba “como si no hubiese pasado nada”. Parece como si no tuviéramos razón alguna para atormentarnos pensando en las desgracias que aparecen a lo largo de la vida, de una vida marcada por el dolor, la fatalidad y el vértigo paralizante. Un tema recurrente del Cándido de Voltaire y de La magia de los días es la sucesión y acumulación de calamidades que acontecen, con la sombra del destino inexorable como telón de fondo y horizonte vital. Por otra parte, no hay que olvidar que Cándido y Adán comparten en su viaje a lo largo del gran teatro del mundo la misma motivación: la ingenuidad y la capacidad de asombro.

 

Mi amigo Antonio es un consumado aficionado a los viajes exteriores e interiores, es un testigo de la magia que llueve con los días, pero no es precisamente un estoico como el protagonista de su novela. Me gusta pensar que es un cínico diplomado. Se rebela corriendo y dando gritos cuando la ciudad duerme, y buscando vivos entre las tumbas de los cementerios. Definitivamente el emperador Marco Aurelio no tiene razón: no hay que abstenerse del placer ni soportar el dolor. Para vivir bien basta la magia. Mi diagnóstico filosófico es simple: Antonio Báez se ha encontrado de frente consigo mismo, jugando a ser un detective de vidas ajenas de la mano de Sócrates, Diógenes y Marco Aurelio y, de paso, nos ha mostrado el valor terapéutico que la literatura tiene en momentos de crisis.

 

La magia de los días consta de dos partes perfectamente ensambladas por un centauro irreverente, aficionado a tejer historias verosímiles con un realismo pedestre, casi de sopa de picadillo, gazpachuelo o porra antequerana, con ribetes aristocráticos, que gusta de provocar mágicas sorpresas en el lector bien temperado. La primera abarca un conjunto de relatos (“El magnetofón”, “Insomnio”, “Hospital”, “Cumpleaños” y “Ven, Capitán Trueno”), y la segunda, comprende  la novela La magia de los días, que aparece como el fruto de una conversación mantenida por el autor del relato y Adán, su protagonista, durante veinte años. Sólo nos queda ceder la palabra, al autor de La magia de los díaspara que tenga a bien revelarnos el secreto de alguno de sus trucos. Que ustedes lo pasen bien.

 

EL POLIDEPORTIVO FANTASMA

 

27.03.2016  Antonio Villalba ¿Han visto ustedes esos semáforos en los que nos dicen que pulsemos un botón para poder cruzar? Cuando lo hacemos aparece una pequeña señal luminosa que dice “Espere verde”. Y, ¡qué remedio! Hay que esperar. ¿Han notado que a veces dicha acción no sirve para nada? Es lo que llaman el efecto placebo del pulsador de los semáforos que, por lo visto, se está aplicando en algunas  ciudades.

 

A veces pienso que algo parecido ocurre en Churriana pero con otras cuestiones. Y me refiero, por ejemplo, al cartel que permaneció durante cuatro o cinco años a la entrada del pueblo anunciando EL POLIDEPORTIVO DE CHURRIANA. Sobre este tema quería escribir desde hacía tiempo y lo he vuelto a recordar con la sección de este periódico Tengo una pregunta para usted. En ella, el director respondió a la pregunta sobre el proyecto del Polideportivo que se le hizo en esa sección de forma diplomática. Quiero no hacer lo mismo en estas líneas. 

 

Lo que no saben los lectores es que, en un principio, la pregunta estaba formulada de esta forma: “Comentan las malas lenguas que el cartel que había a la entrada de Churriana en el que se leía «Próxima inauguración de Polideportivo» quieren colocarlo en la Plaza de la Inmaculada. ¿Es cierto o es un bulo?”.

 

Como podrán imaginarse es una invención que viene a cuento porque ese cartel estuvo demasiado tiempo cerca de donde ahora está el local de la Asociación de Disminuidos Psíquicos y Físicos. Nuestro concejal, entonces, era José Hazañas. Lógicamente tendría buenas intenciones, al menos a un político se le presuponen, pero no solo basta con ellas y a los hechos me remito. Dejó el cargo pero la construcción no se hizo.

 

Era una ilusión. De hecho, todavía seguimos sin tenerlo. Los más cercanos no están en nuestro municipio y si es necesario utilizarlos siempre es más ventajoso desplazarnos  a Alhaurín o, sobre todo, a Torremolinos. Somos muchos los churrianeros que utilizamos sus instalaciones, al carecer nuestra barriada de algo tan necesario.

 

Creo que cuando nuestro anterior edil, José del Río llegó, ese cartel anunciando el polideportivo ya no estaba. Tuvieron la decencia de quitarlo. Tengo que confesarles que cuando fue elegido concejal de Deportes del Ayuntamiento de Málaga me ilusioné y pensé que si continuaba  en el cargo en los siguientes presupuestos se podría habilitar esa partida que el Sr. Hazañas no pudo conseguir.

 

Ahora la pelota está en manos de la nueva concejala, María del Mar Martín, para que, si tiene ocasión de leer este artículo, por lo menos sepa lo que sus compañeros prometieron y no cumplieron. Hay inquietud, hay necesidad. Es una carencia histórica de nuestra barriada. 

 

Le recuerdo a nuestra representante que los terrenos siguen ahí, que la parcela está situada en la Calle Rigoberta Menchú, en Las Espeñuelas. De lo que no tengo ni idea es de donde está el cartel que anunciaba el polideportivo con piscina.  Así que si no se encuentra ahora el dichoso letrero no creo que importe mucho, seguro que nuestros gobernantes utilizarán otros elementos para adormecer  a los ciudadanos, para que sigamos creyendo que todo funciona gracias a nosotros, a modo de efecto placebo, aunque, pensándolo mejor y dejándonos de palabrería, ¿no sería más efectivo comenzar con los cimientos del centro?

 

UNA NUEVA HUMANIDAD

 

  22.03.2016 Rafael Guardiola    Jordi Casas, el experimentado director titular del Coro de la RTVE y de la Gran Misa en Do menor, K427 de W. A. Mozart,  que tuve el placer de saborear el pasado sábado 19 de marzo en el Teatro Cervantes de Málaga, ignora el atávico poder que le he atribuido a sus nobles gestos. No es consciente, sin duda, de la inmensa metáfora auditiva que dibujó en el espacio y ha obrado como dulce lenitivo para calmar la desazón que me han provocado las serias noticias de hoy, los insensatos atentados de Bruselas, no menos dolorosos que los que han azotado recientemente a las tierras turcas.

      Jordi Casas abrazaba, una y otra vez, casi maternalmente, a los intérpretes del elegante rito expiatorio de Mozart. En una carta a su padre de enero de 1783, Mozart confiesa que su Gran Misa es fruto de una amorosa promesa y se eleva como un imperativo moral: hace votos por la pronta recuperación de Constanza, su esposa, y ofrece una oda a la belleza, finamente engarzada, implorando a un ser omnipotente para que la salud retorne a su compañera y pueda ésta cantar los poéticos solos de la obra, como así hizo finalmente en octubre de 1783. Mozart no compone aquí por encargo, ni se obstina en trascender la maestría de las obras sacras de Bach, sino que se entrega, a mi entender, a la exploración sincera de las posibilidades cósmicas y matemáticas de la música gracias a la iluminación de la orquesta y el coro a solas, a solas con su corazón, con la libertad del singular acto creativo, y con un libidinoso sentimiento de piedad hacia el que sufre como un masón tan ejemplar al estilo deHaydn.

Jordi Casas tiene una estatura discreta, pero sus manos maternales mueven multitudes. Sus brazos nos protegen del gris resentimiento de los nietzscheanos animales de rebaño, de la moral contraria a los impulsos naturales, que abrazan -con brazos bien diferentes- los amantes suicidas de Thanatos. Estos últimos se han empeñado en renunciar a su humana excelencia, cercenando la paz y la partitura vital de los que, tal vez ingenuamente,albergamos ciertas esperanzas de comunicación y entendimiento planetarios.  La profunda oración de Mozart y el abrazo sincero de Jordi Casas, son el camino de una vieja "nueva Humanidad".

 

 

 

 

CRONICA DE LA SEGUNDA VOTACION DE LA SESION DE INVESTIDURA

 

05.03.2016  Rafael Guardiola Aprovechando mi desplazamiento a la capital de la Villa y Corte  para representar a la Asociación Andaluza de Filosofía en la Asamblea General de la Red Española de Filosofía, y tras degustar el bacalao y las croquetas de la Casa Labra, muy cerca del Oso y el Madroño, como columnista de esta casa me he acercado al mismísimo Palacio de las Cortes para hacerme un "Einstein", esto es un selfie, donde exhibo mi afilada lengua,en recuerdo del gran científico y siguiendo el ejemplo del cínico Diógenes de Sínope, para mostrar su adhesión a las ideas aristocráticas.

 

Es el momento de buscar el gobierno de los mejores, de los filósofos, como postulaba Platón,a la vista del descrédito al que nos han sometido los mediocres, impresión que escribo  mientras se escuchan sonoros abucheos al candidato Pedro Sánchez y al ministro De Gundos.Fin de la conexión.

 

UNA CANCIÓN EN EL MOMENTO CORRECTO

 

29.02.2016 Rafael Guardiola "El momento "correcto" lo cambia todo" leo en un librito de mensajes de un ilustre “sanador tibetano”, un auténtico sabio oriental y universal, al que he tenido el gusto de conocer y abrazar en más de una ocasión: el Lama GangchenRimpoché. Y esta lectura intempestiva y oracular me ha hecho recordar una cita de Aristóteles de la Ética a Nicómaco que viene al dedillo (aunque no me gusta demasiado porque habla del "enfado" y el enfado tiene perniciosos efectos como son la explosión de violencia y el resentimiento que nos reconcome): "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, ciertamente, no resulta tan sencillo". Aristóteles y el Lama Gangchen son sabios, no cabe duda. Porque, como escribe el filósofo español Xavier Zubiri en un artículo publicado en 1935, son capaces de hacer que se congreguen felizmente en la actividad cognoscitiva, las tres dimensiones que, según Aristóteles, implica “entender”: la necesidad apodíctica, la intelección de los principios y la impresión de la realidad (menudas palabrotas filosóficas, y proferidas en horario infantil). Gangchen y Aristóteles, entre otros, son capaces de “discernir” lo que es de lo que parece ser, deslindar la verdad de las apariencias, recordarnos que lo que consideramos real en el cosmos y en nuestras acciones depende, en gran medida, de nuestras interpretaciones subjetivas. Pero el conocimiento, el estado que nos libera de los peligros de la ignorancia nos exige ser capaces de “definir” con precisión lo que es, identificar con claridad, por ejemplo, las causas de nuestra desazón cuando bregamos con el sentido de nuestra propia existencia. Finalmente, el sabio aristotélico es capaz de “entender lo definido”. ¿Cómo se puede lograr dicho entendimiento que, al parecer, sólo está al alcance de mentes bien adiestradas? Para Aristóteles tres son las vías adecuadas para acceder a un fin tan loable: la “demostración” (medio en el que tiene un papel destacado la ciencia y la investigación y la argumentación lógica como instrumento), la “especulación”, captando el origen, las causas y el sustrato permanente que subyace a todos los acontecimientos y procesos del universo con el uso de la razón, y “la experimentación”, esto es, la impresión de lo real a través de nuestras vivencias en el mundo que nos descubren los sentidos. En cualquier caso, el sabio no se apodera del conocimiento para uso propio y exclusivo, sino que, como dice Aristóteles, “sabe enseñar”, tiene vocación de magisterio y pretende poner su granito de arena en la “salvación espiritual”, cognoscitiva, existencial o como quieran llamarla. No sirve aquí el famoso dictum del poema del cordobés Luis de Góngora: “Ándeme yo caliente y ríase la gente”. No me puedo resistir a recordarles aquí una estrofa de esta composición admirable: “Como en dorada vajilla/ el príncipe mil cuidados,/como píldoras dorados,/ que yo en mi pobre mesilla/ quiero más una morcilla/ que en el asado reviente,/ y ríase la gente.” El sabio estaría dispuesto a compartir su morcilla, con perdón. Las viandas serán sabrosas para todo aquel que se atreva a degustarlas, o lo que es lo mismo, a seguir la escarpada senda de la “investigación”. La clave está en el “conócete a ti mismo” del oráculo de Delfos que Sócrates adoptó como divisa y de la que han vivido multitud de sabios, como Freud.

Espoleado por una disquisición tan sesuda,  pienso que éste es el “momento correcto” para mostrar mis afectos, como sucede cuando saboreamos la miel de compartir la vida con personas extraordinarias, mientras suena, como telón de fondo, uno de los últimos cuartetos de cuerda de Beethoven, una obra que, con razón, veneraba mi padre, pues combina magistralmente la expresión de las emociones y el sesgo matemático de la música. A esa mujer que atesora la excelencia aristotélica va dedicada esta canción:

 

HOY QUIERO LLAMARTE LUNA

Hoy quiero llamarte luna,

aunque seas hija del sol.

Hoy quiero llamarte mar

y nadar en tu piel azul.

 

Hoy quiero llamarte árbol

y fundirme con tu tronco,

rugoso, alegre y perfumado.

Hoy quiero llamarte viento

y adorarte mientras bailas.

Hoy quiero llamarte fuego

y moverme con tus alas.

 

Hoy quiero llamarte luna,

aunque seas hija del sol.

Hoy quiero llamarte mar

y nadar en tu piel azul.

 

Hoy acariciar quiero

la miel de tu vientre terso.

Y seguir el rastro verde

y rojo de tu sangre, de tu risa,

cuando besas a los niños,

con el brillo inmenso de tus ojos

y el calor de tu voz cercana.

 

Hoy quiero llamarte luna,

aunque seas hija del sol.

Hoy quiero llamarte mar

y nadar en tu piel azul.

 

 

LAS ONDAS DEL PACTO

 

24.02.2016 Pepe Cabrera Hace ya dos meses los españoles fuimos llamados a las urnas.  El resultado arrojado por estas apuntaba a que quien quiera ser nuevo inquilino de La Moncloa va a tener que hacer un master en el arte del pacto.

Muchas combinaciones se están plateando en estos días y todas ellas pasan por la táctica de ceder algo del todo a cambio de que el otro haga lo propio.

La cultura del pacto no ha sido tradición en la España parlamentaria, aunque sí que se han vivido situaciones parecidas sin ir más lejos en el parlamento andaluz, peropara ir cogiendo prácticas nuestros políticos bien podrían optar por ver la serie Borgen, una de las series europeas más premiadas y valoradas en estos últimos años.

Esta serie danesa es un retrato del día a día de la vida política del país nórdico. Una tierra habituada a la cultura de alianzas políticas, ya que desde 1909 ningún partido ha obtenido la mayoría absoluta en el parlamento danés.

Borgen (término coloquial por el que se conoce al palacio de Christiansborg, sede de los tres poderes del estado daneses y oficina del primer ministro) es, ante todo, un alegato a la democracia. Una narración de las luchas internas de los partidos, de las cloacas del poder. Entre los que juega un papel decisivo la prensa y su connivencia con la clase política. El mapa de partidos no es fiel copia de los que tenemos aquí en nuestro país, pero sí denota un buen uso de la cultura del pactoen el que este no es visto como una debilidad. Así que repasar cómo juegan en el tablero de la política los representantes daneses, aunque sea en la ficción, es un buen ejercicio

Birgitte Nyborg, protagonista de la serie y líder de los moderados (lo que sería aquí Ciudadanos), no era una aspirante real a ser la primera ministra danesa. Pero un supuesto caso de corrupción de los liberales-conservadores lo que sería aquí el PP (igual ahí nos parecemos) y las ansias de poder del candidato laborista lo que sería aquí PSOE (también aquí nos parecemos), le llevan a situarse cerca de ocupar la jefatura del gobierno.

Y ahí es cuando aparecen los acuerdos, tan arraigados en Dinamarca. Nyborg consigue convencer a los laboristas, que tienen más votos que ella, que le han de apoyar para ser primera ministra. O eso o dejará vía libre a los liberal-conservadores.  Con tácticas y más tácticas políticas, y el gran arte de la persuasión consigue alcanzar su objetivo.

Cuesta creer que esto ocurrirá en la España de 2016 después de los que estamos viendo en estos últimos días,pues ni siquiera los líderes de los principales partidos son capaces de darse la mano ante las cámaras. Y un dato a tener en cuenta es la rémora de los partidos independentistas catalanes pues cualquier tipo de acuerdo con ellos no sería entendido por casi el 70% del electorado de nuestro país.Sea como sea  a nuestra clase política, más les vale a ellos y a nosotros, están condenados a entenderse por el aclamado y tan mancillado a veces interés general.

Los agujeros negros de la mayoría absoluta se han fusionado y han dado paso a la llegada de  las nuevas ondas del pacto. De ahora en adelante en nuestro país esto es lo que hay, no se entendería de otra manera.Comprobaremos si eltalento de nuestros políticos se ve por algún lado y están a la altura de lo esperado en esta tan deseada “regeneración política”; no vaya a ser que les cueste más entender esto quela explicación teórica de otro tipo de ondas tan populares en estos últimos días: las gravitacionales.

 

 

EL GOLPE A LA INTELIGENCIA Y LOS SOTANOS DEL ESTADO

 

23.02.2016 Rafael Guardiola Iranzo  Es ciertamente irónico que las noticias de la asnal irrupción del exteniente coronel Tejero y sus secuaces, amparados en la “obediencia debida” como los oficiales nazis en la II Guerra Mundial,  salpicadas por expresiones que han pasado al imaginario colectivo, como aquel memorable “se sienten coño”, el ruido descafeinado de los impactos de bala en el techo del Hemiciclo o el incisivo y nervioso tono narrativo del periodista deportivo José María García, me pillaran en una peluquería del madrileño barrio de Moratalaz (barrio que fue más tarde conocido por dar cobijo a Belén Esteban o a la Reina Letizia en sus tiempos de divorciada). Quien me conoce bien debe pensar que estoy fabulando, puesto que los churrianeros me recibieron ya sin mucho pelo sobre mi maltrecha cabeza allá por 1994, dispuesto a alumbrar la segregación del “Cantón de Churriana”. Sí, señores, en el año 1981 yo tenía pelo, un flequillo de pelo muy liso, que amenazaba con cubrirme un ojo y dejarme funcionalmente tuerto y estudiaba Primero de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, en Cantoblanco, muy cerca del acuartelamiento de la Acorazada Brunete nº1 y en el mismísimo culo del mundo, cerca de la Sierra: ¡con todo lo que había que ver en los tiempos de la Transición Política!En la peluquería de José Luisdejé de pensar en la proximidad del examen de Introducción a la Metafísica y me percaté de que reinaba la confusión y hasta un ambiente desenfadado, como de partido de fútbol radiado –testimonio que pude volver a rememorar en una de mis visitas a Madrid, comentando el evento con mi antiguo peluquero mientras me tapaba infructuosamente las “entradas”. Lo que se oía por la radio parecía la resaca de una mascarada, de una ópera bufa perpetrada en plena investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, con el cadáver político de Adolfo Suárez de cuerpo presente. Y ¿qué lo voy a decir a mis padres? ¿Cómo les explico que es probable que tenga que coger la maleta y poner rumbo a Berlín a toda prisa? Mi corta experiencia en cuestiones políticas me bastaba para saber que el triunfo de los enemigos del sistema democrático podría acarrearme consecuencias indeseables, pese a no haberme significado demasiado en mis tiempos mozos, debido a mi proverbial resistencia a militar en grupos altamente jerarquizados. No obstante, y pese a mi juventud, como miembro de los Grupos de Acción No Violenta y del Movimiento de Objetores de Conciencia al Servicio Militar obligatorio (nuestros ingeniosos lemas eran, por ejemplo, ¡muchacho, objeta, pon tu casco de maceta! o ¡más vale una oveja negra que un borrego caqui! y estábamos estudiando con pasión los medios de “defensa popular no violenta”, como la resistencia pasiva) uno resultaba persona non grata para las escasas neuronas de los que empuñaban los sables en aquel tiempo. Si las cosas se ponían feas, lo mejor era huir, usando un pasillo estratégico hacia Berlín, hacia la extinta República Democrática Alemana,ardid que se había diseñado para momentos difíciles y para reorganizar allí nuestras fuerzas pacifistas con la aquiescencia de las autoridades comunistas. Al llegar a casa de mis padres puse cara de circunstancias, intenté tranquilizarlos y esperé acontecimientos, mirando de soslayo la maleta. Las noticas se sucedían vertiginosamente. Estábamos pegados al transistor y a la televisión (esta última fue ocupada inicialmente por los sediciosos), mientras pasaba el tiempo. Para más abundamiento, la familia de mi madre residía en Valencia, ciudad en la que los tanques y el toque de queda  del exteniente generalMilans del Bosch campaban a sus anchas y de la que llegaban las noticias más inquietantes. Sobre la una de la madrugada, creo recordar, apareció presidiendo la pantalla de televisión el Jefe del Estado, con un color cetrino y tantas medallas en la pechera que parecía que se le iba a caer el uniforme, un rey constitucional que había sido instalado en el cargo por el dictador, “ese sapo Iscariote y ladrón” como le llamaba cariñosamente el poeta León Felipe. La tardanza de la aparición real  hizo que se dispararan rápidamente las dudas sobre el papel de la monarquía en esta ópera bufa, algo que, seguramente, nunca llegaremos a saber con certeza cartesiana.

 

A la mañana siguiente, me dirigí, como todos los días, y pese a los acontecimientos del día 23 de febrero, a la Universidad, convencido de que en lo que estábamos viviendo (aunque, aparentemente, habían ganado “los buenos”, los servidores públicos de la joven Democracia española) había gato encerrado. Los estudiantes de Filosofía y Letras nos constituimos en Asamblea en el Salón de Actos, tras las escenas del típico Oeste americano que se vivieron en el bar, cuando dos pistoleros ultras, estudiantes de Derecho, blandieron sus pistolas y se liaron a golpes con la asistencia, siendo finalmente reducidos por nuestra peculiar “vanguardia del proletariado”. Teníamos un poco de miedo, bien es verdad, porque los tanques de la Acorazada Brunete estaban muy cerca, y se hizo el silencio ante la crónica periodística que nos anunciaba la salida de los parlamentarios del Hemiciclo. Ya no tenía que hacer la maleta a toda prisa y podría repasarme sin sobresaltos los apuntes de Aristóteles, Kant y Hegel para el examen de Introducción a la Metafísica. Llegaron tres parlamentarios al Salón de Actos, recientemente liberados de su cautiverio en el Congreso, y se dirigieron a la masa estudiantil con las alas que proporciona la victoria. Pero muchos dudábamos de que hubiera triunfado la Democracia, pues lo hecho hasta el momento nos parecía más bien poco y aspirábamos a más cotas de libertad y autonomía políticas. Por eso, tal vez, y de modo exagerado, algunas voces se dedicaron a increpar en la Asamblea al dirigente histórico del Partido Comunista de España y de Comisiones Obreras, Nicolás Sartorius, llamándole nada menos que “fascista”. Lo cierto es que, extremismos y operaciones de la CIA al margen, la fiesta de la Democracia tuvo lugar en la calle, en una impresionante manifestación de civismo y solidaridad orgánica, aunque –quizá debido a mi condición de filósofo- todavía siga teniendo la sensación de que los que manejaban los hilos del poder en aquel entonces nos habían tomado el pelo, ese pelo liso e indómito, que amenazaba con cubrirme un ojo.

 

EL SINSENTIDO DE LA ESCUELA DE HOSTELERIA

 

20.02.2016 Antonio Villalba Moreno  Hace unos días salía de mi casa y me encontré con un coche del que se bajaba el conductor. Me preguntó por el centro del pueblo. Me entraron ganas de meterme en el vehículo y llevarlo de ruta turística, pero no me atreví. En primer lugar porque no sabía lo que podría pensar de mí, y en segundo y principal razón, porque no podía ubicarme en el interior. Creo que no lo he matizado: el Toyota estaba repleto.

 

Visto lo visto le indiqué la Calle Torremolinos y le dije que, más adelante,  aparcara frente a la iglesia porque así podrían observar desde El Mirador unas panorámicas del aeropuerto, el pueblo y los montes de Málaga. Les comenté también que si tenían tiempo  y estaba abierto, podrían visitar la Casa de Gerald Brenan. Al oír esto me miró con incredulidad y contestó que pensaba que el escritor inglés había vivido en Alhaurín. Tuve que sacarle de su error, mejor dicho le aclaré que sí, que había pasado sus últimos años allí pero que, después de las Alpujarras, donde habitó fue en la casa de Churriana, durante varias décadas, junto a su esposa.

 

Mientras explicaba todo esto, una sensación de orgullo me subió por las venas, quise contarles también otros lugares emblemáticos de Churriana como la Fuente del Rey, la Cónsula, el Retiro o el Conjunto Huerta Platero, pero no  quise abrumarlos o, con toda seguridad, la imposibilidad de visitarlos. Creo que mis hijos tienen razón, me enrollo demasiado. Pero fue el conductor el que, antes de continuar la marcha, me comentó que se habían acercado a La Cónsula con la esperanza de disfrutar de una buena comida en el Restaurante de la Escuela de Hostelería cuando se encontró cerrada la entrada.

 

Me extrañó que no hubiera leído la prensa, así que le aclaré brevemente la situación tan absurda y surrealista que se viene sucediendo de un tiempo a esta parte. Lo fácil, aquí, sería escribir de las promesas incumplidas de nuestra presidenta, de la demora por la integración del Servicio Andaluz de Empleo lograda ahora, de las muestras de apoyo hacia esta Escuela, de las concentraciones, de los auditores, del Consejo Rector de la Cónsula. Resumiendo: de la incertidumbre.

 

Lógicamente los más afectados durante estos cursos han sido los alumnos y profesores, pero también Churriana. La imagen que se está dando no es adecuada. Muchos piensan que si la Escuela hubiera estado ubicada en Sevilla no hubiera ocurrido este sinsentido. Yo puedo pensarlo pero como no es demostrable solo lo insinúo. Allá cada cuál.

 

También comentan otros que si en 1993 no se hubiera creado esta escuela de hostelería gracias a la iniciativa de la Consejería de Trabajo y el Ayuntamiento de Málaga este jardín, hoy, estaría totalmente descuidado. Creo que es una afirmación demasiado pretenciosa. Efectivamente, cuando comenzó la andadura de la Escuela de Hostelería de La Cónsula, los jardines estaban muy mal y la mansión unos años antes, cuando el Ayuntamiento la adquirió, era motivo de un saqueo sistemático. Hay que recordar que estos jardines son utilizados para diversos eventos, públicos y privados, por tanto es de suponer que, aunque la cabeza visible del mantenimiento y la preservación de los Jardines sea la Escuela, supongo que no es la única.

 

Pues bien, tengo que confesar que estos dos últimos párrafos los pensé pero no me atreví a explayarme con el desconocido ante el temor de que me dejara con la palabra en la boca. Así que al llegar a casa aproveché el encuentro y redacté este artículo con la esperanza de que sea el inicio de una serie de ellos sobre nuestro pueblo: Churriana.

 

 

 

ABEJAS Y TABANOS

 

14.02.2016 Rafael Guardiola Aquella osada abeja churrianera me provocó un latigazo eléctrico más intenso que el que recibí de un tábano resentido en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias, en los albores de la adolescencia. De vuelta a casa, derrotado por la pertinaz burocratitis aguda que me dejó fuera de juego una lejana mañana de julio de 1996, mes de mi debut “a la fuerza” como Secretario del IES Jacaranda, me descalcé rápidamente en el dormitorio e introduje el pie derecho en la que, hasta aquel día, había sido una confortable zapatilla, con ánimo de repetir la operación con el pie izquierdo poco después. Pero fue un negro dolor el saludo que recibí entonces, por obra y gracia del certero aguijonazo de un soberbio ejemplar de himenóptero suicida, y practiqué, como un acto reflejo, un involuntario salto del tigre sobre la cama, escocido cual ano en carne viva, y lancé al aire una serie encadenada de quejidos y exabruptos (ya saben que los miembros del género masculino somos poco resistentes al dolor y tenemos tendencia a exagerar). Una vez restablecido –y eso que mi mujer no accedió a practicarme el boca a boca-, hice salir de la zapatilla, con gesto decidido, al responsable, ya cadáver, de mi quemazón, y me apiadé franciscanamente de la infortunada abeja. Este sentimiento de extraña compasión hacia los insectos, aunque nos incordien o piquen, me viene de lejos, seguramente de aquel feliz momento en el que mi profesor de Ciencias Naturales, D.JoséCañeque, me invitara a explorar en el laboratorio la anatomía de los grillos bajo la lupa binocular, e iniciara en los secretos de la entomología, en unas clases presididas por el rigor, la ironía, el humor inteligente y la pasión por las múltiples manifestaciones de la materia viva. Doy gracias a los dioses del ciberespacio, a Santa Tecla o a quien proceda, por haberme permitido recuperar el contacto con mi admirado profesor, clara imagen de un docente comprometido política y pedagógicamente. Este es el momento de recordar que el uso irracional de los plaguicidas está provocando la muerte masiva de las abejas. Según Green Peace, sólo en España, siguen autorizados más de 300 productos peligrosos para ellas. De la polinización de las abejas depende un tercio de los alimentos que consumimos y casi el 90% de las plantas silvestres que pueblan la Tierra.

 

                Antes de que mi deteriorado cerebro me juegue una mala pasada y tenga la tentación de tejer telas de araña conceptuales de altos vuelos, acompañando a las habitantes de las colmenas, les hablo de la puntería de aquel tábano madrileño que estuvo a punto de arruinar la magia de un día de verano. ¡Quién sabe! Tal vez el tábano mentado era un enviado del filósofo  Sócrates, en honor a su conocido apodo (el tábano de Atenas, que pretendía espolear a la ciudad con su aguijón), para darme pistas sobre mi futuro profesional. Lo cierto es que la picadura del insecto en la zona lumbar de mi cuerpo serrano, en el momento en el que me afanaba en transportar un gran capazo negro cargado de uvas, no pudo borrar la sonrisa de mi rostro adolescente. Las uvas eran un regalo destilado en el tiempo, el dulce fruto de un reencuentro, y yo me sentía importante, tocado por la Historia. Horas antes, mi padre había vuelto a abrazar a Juan Rey Díaz, un amigo de su adolescencia robada, de aquellos años en los que una guerra fratricida hizo que compartieran jornadas en las que recogían bellotas en pleno frente de El Pardo, desafiando inconscientemente el peligro de morir en medio del fuego cruzado. Al fin y al cabo, aunque de uniforme, no dejaban de tener la edad que tenían, y derrochaban la vitalidad propia del que se siente inmortal.

 

MI REGALO DE COMUNION

 

31.01.2016 Antonio Villalba Moreno El otro día estuve desayunando con unos compañeros con los que he congeniado. No solo hablamos de trabajo, de fines de semana y de los hijos, a veces, a nuestra edad, echamos la vista atrás y, si no hay mujeres, la mili es uno de los temas más recurrentes porque coincidimos en los destinos donde cumplimos nuestro deber para con la patria. Casualidades de la vida.

 

Pero el viernes la reunión era mixta y el tema derivó a la comunión. Quizá porque está próxima la de alguno de los hijos de los presentes, quizá porque alguien nos contó la nueva modalidad de “comuniones civiles”, quizá porque tocaba esa mañana. Entonces comenté lo ocurrido hace algo más de veinte años en un colegio de Alhaurín el Grande donde mi mujer daba clases a unos avispados alumnos de 4 y 5 años. Una mañana la madre de uno de ellos le preguntó a la señorita si sabía si había comunión por lo civil.

 

Esta anécdota se ha quedado desfasada según parece. Uno de mis amigos es de Rincón de la Victoria y nos dijo  que desde este año en esa localidad malagueña se pueden celebrar comuniones y bautizos civiles, de hecho un conocido suyo ya ha realizado la solicitud para su hijo. Por lo visto la controversia está servida en el propio Ayuntamiento porque la oposición no está de acuerdo. Desde luego, nos pareció una ridiculez la idea, pero allá cada uno con sus creencias.

 

Nosotros, en nuestra época aún no teníamos la opción de no hacer la comunión. Se daba por hecho que a los siete años tomaríamos el cuerpo de Cristo. Después la historia ha cambiado mucho, y la obligatoriedad se ha perdido, de ahí que es absurdo buscar ceremonias paralelas o sustitutivas de los actos religiosos. En eso, prácticamente estábamos todos de acuerdo, así que como la polémica no se instalaba en nuestra mesa, fue la nostalgia la que se apoderó de nosotros y comenzamos a contar no la comunión de nuestros hijos, sino las propias. Entonces, la mayoría la había celebrado con un gran desayuno después de la ceremonia o con una invitación a base de bocadillos y refrescos y junto a alguien, normalmente un primo o una prima porque no se estilaba eso de hacerla los hermanos juntos cuando se llevaban un año de diferencia como ocurre ahora.

 

                Las mujeres recordaban los vestidos, normalmente blancos, los hombres sus trajes de marinero. Contamos anécdotas varias: que si habían leído en el atril de la iglesia, que si el vestido era de la hermana, que si la habían obligado a cambiarse en cuanto se hicieron las pocas fotos que se llevaba antes, que si el primo había manchado estrepitosamente a la  compañera en el convite.

 

                Y llegó el turno de los regalos. Alguien preguntó por el favorito de cada cual: la Nancy, la bicicleta, el peluche, el reloj. Y entonces me di cuenta que yo no recordaba alguno preferido, de hecho en mi mente no tengo ninguno de los  que me hicieron aquel día. Se me han extraviado en la memoria, supongo que no me emocionaron lo suficiente.

 

                Me salvó la campana porque mi amigo Pedro cambió la conversación al observar una taza de café sucia y preguntarme si me acordaba de la cocina del CIR Santa Ana, donde hicimos parte de la mili. Ahí pude escabullirme y ese juguete olvidado aún permanece en el limbo del recuerdo. Un día de estos preguntaré a mi madre por él.

 

                Por cierto, mejor no describo como estaba el lugar donde se hacía la comida para aquellos reclutas que creían iban a comerse el mundo con su adorable juventud. 

 

AUTO DE FE EN EL GELIDO PALOMAR DE LOS SABAÑONES

 

24.01.2016  Rafael Guardiola Iranzo Todavía no me he despendido del razonable temor de ver la infame eclosión en mis prominentes orejas de los temibles sabañones o la vil retención urinaria, debido al frío polar que reina, en invierno, en la Biblioteca del IES Jacaranda de Churriana (conocida coloquialmente por el profesorado con descripciones definidas como, “el palomar” o “el secadero de jamones”), cuando leo en la red que, desde el pasado 14 de diciembre de 2015, Aministía Internacional ha emprendido una singular campaña de recogida de firmas reclamando la liberación de una bibliotecaria rusa, NatalyaSharina, directora de la Biblioteca Estatal de Literatura Ucraniana de Moscú, detenida el ya lejano 28 de octubre, por dar cobijo presuntamente en los estantes, a “literatura extremista” de corte nacionalista. A Natalya, actualmente en arresto domiciliario, no se le había pasado por la cabeza, seguramente, que su labor llegara a adquirir los estigmas propios de una profesión de riesgo, pudiendo verse privada hasta cinco años de la preciada libertad por un puñetero libro. Casi de modo automático me he apresurado a esconder en el fondo de una caja de cartón,atestada de libros, un ejemplar del Kamasutra y otro del informe Hite sobre el orgasmo femenino, dos títulos sospechosos para mentes pacatas que formaban parte de una virtuosa donación de un profesor a la Biblioteca de la que soy responsable desde septiembre de 2007. No están las cosas como para andarse con tonterías, ¿no les parece?, con tanto integrista suelto. No obstante, recuerdo el relato de uno de los dueños de la Librería Fuentetaja de Madrid, en mis tiempos de estudiante de Filosofía, sobre la mente obtusa de los censores y represores. Me contaba cómo las autoridades, en tiempos del franquismo, dieron órdenes tajantes al personal de aduanas para que interceptasen en la frontera con Francia todos los libros de autores rusos, con el fin de que la influencia soviética no desbaratase lo que debía estar “atado y bien atado” ideológicamente por el régimen. El resultado: mi amigo el librero pudo importar, sin problemas, usando su vehículo particular como medio de transporte, múltiples ejemplares de las obras de Marx y Engels –alemanes y barbudos ellos-, a pesar del título secundario de alguna de ellas, dedicada a la situación de la clase obrera en Inglaterra (Crítica de la crítica crítica era el título de marras).

Los curiosos caprichos del destino han hecho que hoy mismo, cuando escribo estas letras, mi antiguo y avispado alumnoAlejandro Sierra Barea, un auténtico espíritu libre dotado aristocráticamente para el humor o, lo que es lo mismo, para la inteligencia, diabólica a los ojos de Baudelaire, haya publicado en una red social unas páginas de la novela de ciencia-ficción de RayBradbury,Fahrenheit 451, cuando me disponía, precisamente, a rescatar de mi maltrecha memoria una alforja de fotogramas de la película homónima de François Truffaut que viera la luz en 1966. Alejandro se ha estremecido al pensar que Bradbury es una especie de vidente cuando nos ofrece su fábula sobre un tenebroso futuro sin libros. En la ficción, los bomberos, más que apagar fuegos, se dedican a quemar sin piedad libros prohibidos. Y, como afirmaba el filósofo norteamericano Ralph Waldo Emerson, “allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”. Que se lo digan a los adalides del Nacionalsocialismo alemán en tiempos de Hitler, al Califa Omar –más obsesionado por los efectos nocivos de los papiros y pergaminos de la Biblioteca de Alejandría que por la ingesta de un alijo de chuletas de cerdo-, o al ínclito dominico palentino Tomás de Torquemada, Gran Inquisidor y Confesor de Isabel la Católica, con quien, tal vez, jugara a la brisca entre una y otra combustión de herejes, con objeto de corroborar la teoría del flogisto.La supervivencia de la civilización queda, por tanto, en manos de unos pocos, de unas almas bellas dispuestas a memorizar los productos más genuinos de nuestro pasado cultural escrito, como auténticos libros andantes.

Espero que no acaricien demasiado la idea de quemarme por decir lo que voy a decir ahora, haciendo uso de argumentos que desliza en su admirable libro EvilScreens mi amigo, el filósofo valenciano afincado en Al-Ándalus –en Granada, por más señas- José Antonio de la Rubia Guijarro. Destrozando tópicos con precisión quirúrgica, dejando a un lado los prejuicios de conservadores y progresistas, resulta que “no hay crisis de valores”: los valores se multiplican como las hormigas o los conejos, con perdón, están hasta en la sopa y sobre todo, en las “pantallas malignas”, en los medios de comunicación. Y tampoco es cierto que todas las lecturas sean adecuadas y válidas, que “leer sea algo bueno en sí mismo”, como una Idea platónica. Si la lectura es valiosa, lo es por ayudarnos a vivir (estoy pensando, obviamente, en el último libro de Belén Esteban, o en el MeinKampf de Adof Hitler, textos edificantes donde los haya). Y como hay ideas detestables, hay libros deleznables, como los que tratan de demostrar que los padres debemos ser los mejores amigos de nuestros hijos, mandando al cuerno el más elemental principio de autoridad (no autoritaria) o que el cambio climático es una ficción tan abigarrada (porque lo ha dicho el primo de Rajoy) como la existencia de campos de concentración y de exterminio en la II Guerra Mundial.

Escribe el filósofo y periodista liberal cordobés, Santiago Navajas, a quien tengo también como amigo y compañero de fatigas en la Asociación Andaluza de Filosofía, que ha recibido diversos “insultos” e improperios a través de las redes sociales, a propósito de un artículo publicado recientemente en el Diario Córdoba, en el que defiende el derecho del obispo de esta hermosa tierra, D. Demetrio Fernández,  a expresar sus opiniones (como, por ejemplo, que “la fecundación in vitro es un aquelarre químico de laboratorio”), al mismo tiempo que las critica. El insulto, no obstante, no deja de ser alentador y me llena de orgullo y satisfacción: “Filósofo tenía que ser”. A los filósofos, devotos de la reflexión y la sospecha, no nos suelen gustar los Autos de Fe, ni vamos por ahí deteniendo a bibliotecarias rusas, ni obligando a la gente a leer Ambiciones y reflexiones,el libro autobiográfico de Belén Esteban, o el prospecto de un fármaco para combatir el escozor que producen las hemorroides sin domesticar. Y es que la defensa de la libertad de expresión es uno de nuestros más preciados defectos, aunque se ejerza en un gélido palomar o en el borgiano jardín de los senderos que se bifurcan.

RAFAEL GUARDIOLA

 

 

ESA RARA COSTUMBRE

 

19.01.2016  Antonio Villalba Moreno Tengo una costumbre algo peculiar que, hasta hace poco, procuraba ocultar. En cada ciudad a la que viajo abandono los zapatos que he utilizado en ella. Comencé en Dublín. Allí estuve un fin de semana largo, de esos a los que estamos acostumbrados en nuestro país, no recuerdo si fue en el puente de la Inmaculada, en Semana Santa o en el del día de Andalucía. Como buen turista recorrí sus calles, crucé los puentes, comí junto a los ejecutivos en el Parque de St. Stephens, tomé varias pintas en los pubs de Temple Bar y cada noche regresaba a mi hotel caminando junto a la orilla del Liffey. Fueron tres noches las que dormí en él. No recuerdo el nombre pero sí que, a unos doscientos metros, existe un conjunto escultórico que me impactó. Ahora, años después, lo miro en fotos impresas, de las que ya no se llevan y veo que son muchas las que me hice. El primer día aún no había anochecido, estábamos frescos, con ganas de recorrer la ciudad, de pasarlo bien, de hacer fotos a todo lo que veíamos. En una de ellas, aparezco agachado al lado del perro famélico que acompaña a las figuras humanas de ese conjunto de esculturas colocado en la margen del río. Sonrío. Doy la vuelta al papel y en él aparece la fecha: 8 de setiembre de 2007. ¡Qué puñetera puede ser la memoria! No he dado con ninguna de las fechas. Al final fui a Irlanda en el puente de la Victoria. Es lo que tiene ser malagueño.

 

Era setiembre de hace ocho años, el mundial de rugby se celebraba entonces en Francia. En todas las televisiones de los pubs donde cenábamos o bebíamos las Guinness de rigor, o ambas cosas a la vez,  retransmitían esos partidos donde hombres robustos y atléticos competían para conseguir que un balón ovalado traspasara una línea al final del campo de juego. El segundo día Irlanda jugaba contra un equipo africano, ganaba con cierta facilidad y el ambiente era distendido, nosotros nos contagiamos de la alegría y acabamos bebiendo más de la cuenta, así que, de camino a nuestro hotel, me topé, de nuevo,  casi sin proponérmelo con el Famine Memorial. Y al observar a las figuras tan de cerca, en la noche dublinesa, con una leve lluvia que nublaba la visión, me di cuenta del espectáculo sobrecogedor que tenía delante. Gracias al alcohol me vi dentro de ese grupo huyendo de la gran hambruna de mitad del siglo XIX. Me acerqué al hombre que portaba a su hijo, derrengado y exhausto, sobre sus hombros y lloré junto a él. Todavía hoy, mientras miro las fotos, recuerdo ese momento como uno de los más impactantes de aquel viaje. Sé que nos hicimos más instantáneas esa noche pero salieron movidas y las rompimos. Pero esos minutos aún permanecen dentro de mí y afloran, de vez en cuando, para avisarme del dramatismo y sufrimiento que nos rodean o el que han padecido millones de seres.

 

Antes de partir hacia el aeropuerto rumbo a Málaga desayunamos copiosamente y nos dio tiempo de dar una última vuelta por los alrededores. Quise pararme, de nuevo, junto al grupo escultórico para despedirme de mis amigos. Pude observar con la claridad del día y más calma a todos y cada uno de ellos, y admiré el gran mérito del escultor que supo plasmar de forma conmovedora  la tristeza y el dramatismo de la escena. Volví a fotografiarme con ellos y junto a la pareja que inicia la marcha había un pequeño charco de agua que pisé distraídamente. De  vuelta para hacer la maleta percibí que la humedad había traspasado el calzado, al quitármelo vi un pequeño agujero en la suela en uno de los zapatos. Ya lo intuía la noche anterior al caminar sobre el suelo mojado pero al llegar a la habitación solo quería dormir y no presté atención al calzado. ¡Mis zapatos se rompieron! Muchos kilómetros recorridos con ellos pero, como todo, terminaron por estropearse ¡Qué mejor homenaje a esa ciudad maravillosa, donde disfruté tres magníficas jornadas, que dejar una parte de mí en ella!

 

Justo antes de cerrar la puerta de la habitación me asomé para comprobar, como siempre hago, que no me dejaba nada y eché un último vistazo a la papelera donde los abandoné. Asomaba uno de ellos, precisamente el derecho, el que tenía el agujero. Desde entonces procuro llevarme los más desgastados a cada viaje y los abandono en los hoteles antes de volver a casa.

 

 

 

 

 

EL CORAZÓN DE UNA MUÑECA RUSA

 

17.01.2016 Rafael Guardiola Cuando se cierne la oscuridad prematura de las tardes de invierno, sobre todo si ésta se ve acompañada por agrias tormentas cerebrales, me consuela pensar que podría toparme, gracias a una varita mágica, con el calor de la amistad. Gracias al pintor belga René Magritte soy consciente de que un verde bosque puede llegar a ser inquietante y hasta terrorífico en manos de los largos y puntiagudos dedos de la noche. Gracias a las pisadas del viento es un escenario sin luz, agitando las alargadas hojas del maíz en tierras gallegas, en plena juventud, supe lo fácil que es confundir la respiración de la tierra con la cercanía de las fauces letales de un lobo. Gracias a la tiranía del perfeccionismo más osado sé que es fácil, incluso, caer en las delirantes redes de la locura más negra. Gracias al inmenso poder de la risa y de los más preclaros productos del pensamiento científico y filosófico he dejado de reptar, no pocas veces, esclavizado por la amígdala cerebral, nadando torpemente en el mar de las emociones. Y he sentido, como en un encantamiento, el calor púrpura de mi amiga almeriense Rosario Sánchez, una de las personas más valientes de Al-Ándalus, alumbrándome con su linterna de largo alcance y protegiéndome bajo su manto, el manto del sentido común, como si pudiera refugiarme en el corazón de una preciosa muñeca rusa.

 

DESDE LA VILLA Y CORTE.LA INVESTIDURA QUE VIENE

 

10.01.2016 Joaquín Ramírez Tras el 20-D, políticos, periodistas y ciudadanos de todo orden, en España y fuera de ella, se apresuran en despejar a toda prisa la incógnita del qué pasara en la investidura que viene. La aritmética electoral que las elecciones han arrojado es suficientemente compleja para que los pronósticos acerca de sus consecuencias sean muchos y variados. A ello cabe añadir que el trasiego y las declaraciones de los responsables políticos y los movimientos de los partidos, uno y otro día, aclaran el desenlace tanto como lo oscurecen.

 

El proceso que nos debe llevar a la formación de un gobierno o a la nueva convocatoria de elecciones dura dos meses –o puede hacerlo- y su resolución es compleja. No es muy osado deducir que aquellos cuya decisión será determinante no van a dar más pistas de sus intenciones que las estrictamente necesarias. Cada uno de los partidos que puede sumar se dispone a jugar esta auténtica partida de póker con la intención de ocultar sus cartas, reforzar su juego y debilitar el de sus contendientes.

 

Entre tanto, vamos a asistir a todo tipo de escenificaciones, de planteamientos maximalistas, condiciones difíciles o imposibles de cumplir y batallas internas de consecuencias opinables.

 

El partido del gobierno actual ha ganado las elecciones en minoría y, a través del presidente Rajoy, ha explicado que quiere volver a formar gobierno abriéndole al PSOE y a C´s su disposición a formalizar un acuerdo para conformar una amplia mayoría. El portavoz de Ciudadanos, Rivera, ha pedido al Partido Socialista que facilite con su abstención que gobierne la lista más votada, ofreciendo al tiempo la suya, añadiendo su rechazo a favorecer la articulación de una mayoría parlamentaria con Podemos. Tanto PP como C´s se han mostrado contarios a una nueva convocatoria electoral.

 

El tercero en discordia, el PSOE, arroja más complejidad. Su actual líder, Pedro Sánchez, ha expresado que debe ser el Partido Popular –al haber ganado- quien tome la iniciativa para intentar formar gobierno, no sin avisar de que sus 90 diputados votarán no a la investidura de Rajoy. Sánchez ha terminado exponiendo que, si el PP no consigue el voto favorable, el PSOE iniciará las conversaciones para liderar una mayoría de izquierda.

 

Como quiera que al partido gubernamental no le bastaría con el voto positivo o la abstención de Ciudadanos para ganar la investidura, las miradas se trasladan a un Pedro Sánchez dispuesto a pactar con Podemos. Sin embargo, la formación radical de izquierdas que comanda Pablo Iglesias, no sólo hace gala expresa de su neo planteamiento -nunca oído hasta ahora- de “país plurinacional”, sino que pone como condición irrenunciable la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Ante ello distintos dirigentes socialistas –los llamados barones- establecen e imponen una gruesa línea roja explicando que “no pactarán con aquellos que quieren romper España”. De un lado, está claro que cuestionan ya abiertamente a su actual Secretario General y la mayoría de sus propuestas, de otro que la imposibilidad de entenderse con Podemos lo es sólo por la condición previa de éste de celebrar el referido referéndum. (Se echa de menos que este rechazo lo sea a Podemos por el hecho de serlo y no por ninguna condición, ¿o es que, si se aparca la exigencia de celebrar una consulta, es factible una alianza socialista con la plataforma radical neo comunista antisistema autodenominada Podemos?).

 

Aún todo ello, los todavía socialistas de Sánchez tendrían que sumar a Esquerra Republicana de Cataluña, un partido con el que se han entendido tradicionalmente. El PSOE-PSC ya conformó el conocido gobierno tripartito de Montilla y, en los últimos años, se ha presentado en coalición con ERC a las elecciones al Senado en las provincias catalanas con el nombre “Entesa”. Pero hoy día, dada la condición secesionista del partido de Junqueras, hay obstáculos insalvables y no parece que la mayoría de los socialistas acogería de buen grado tal entente.

 

Difícil pues esa mayoría de izquierda. Difícil la continuidad de Pedro Sánchez. Casi tan difícil que el PSOE facilite un nuevo gobierno del PP, como que sea capaz de conformar una mayoría alternativa a éste. Difícil, muy difícil, es también que los socialistas favorezcan la celebración de unas nuevas elecciones, aun cambiando de candidato, pues no hay tiempo para hacerlo ni se dan las condiciones para alterar de forma sustantiva la deriva electoral descendente a la que se ven abocados en el momento presente.

 

Van a ser dos meses de dimes y diretes contradictorios que nos harán creer una cosa y su contraria. Puede que algunos sepan ya exactamente lo que harán, pero sólo mostrarán sus cartas cuando toque. Ahora hay que esperar.

 

 

A VUELTAS CON LA INDEPENDENCIA CATALANA

 

“Están creando imágenes de un pasado histórico que un porcentaje bastante elevado es pura filfa” (Juan Marsé)

 

19.12.2015 Antonio Villalba El otro día una compañera me instó a un reto en los artículos de EL MIRADOR: que olvidara un poco mis vivencias personales y me “mojara” en temas algo más actuales. Que opinara sobre ellos porque veía en mis escritos cierta bonanza. Yo le dije que desde hacía tiempo me apetecía escribir sobre la independencia catalana, pero que es un tema demasiado trillado y estamos cansados de oír a detractores y partidarios impartir sus juicios como si tuvieran la razón. A ella  le pareció estupenda la idea porque tiene familia catalana y, precisamente, aunque por aquí se tiende a pensar que más de la mitad de los catalanes quieren la independencia, no es así. Al menos no todos, y me dice, por ejemplo, que sus sobrinos se sienten catalanes pero la influencia de su parte malagueña está muy presente en ellos. Me dice Sonia que sentirse catalán es un sentimiento absolutamente respetable, otra cosa es como se vive o como se transmite.

Esa misma tarde mi cuñado Marcial me dijo que le gustaría que aparcara de vez en cuando las experiencias personales como principal vehículos  conductor de mis artículos e hiciera alguno de opinión para que, y utilizo sus propias palabras “vean que también peleas bien en un ring distinto”. Le comenté lo de Cataluña y le pareció interesante por lo que se avecina. Incluso se aventuró a decir que las últimas generaciones han sido adoctrinadas en el odio a España a través de las aulas y los medios y pienso que, en parte, tiene razón, aunque con matices que deberían estudiarse en profundidad.

El caso es que, derivamos a la idiosincracia catalana y de ahí a la pitada del himno. Cuando en mayo se celebró la final de la Copa del Rey de fútbol se habló más de la pitada al himno que del resultado del encuentro. Quizá por la claridad del mismo, quizá por la enorme diferencia entre un equipo y otro, quizá porque se intuía. El caso es que la sonora pitada que recibió la Marcha Real copó la mayoría de las portadas de los periódicos y telediarios de esa noche y del día siguiente.

Cuando los periodistas preguntaban a políticos y deportistas por la situación vivida, dependiendo del grado de compromiso o la opinión personal de cada uno, contestaban de una forma o de otra sin tener en cuenta un hecho fundamental: “El himno está protegido por ley, y se pena la ofensa o el ultraje, ya sea de palabra, escrito o por hechos consumados, y es constitutivo de delito”. Así que pienso que los que declaraban que el público era soberano y libre para expresar sus sentimientos estaban equivocados, o al menos en parte porque la tolerancia debe primar en un estado de derecho como el nuestro. 

Y como muestra un botón. En setiembre, en el campeonato de Europa de baloncesto que se celebró en varios países de Europa, y cuya fase final se disputó en Francia, España llegó a las semifinales a pesar de que pocos daban un céntimo por el equipo. El gran partido fue contra la anfitriona. La verdad es que estaban bastante asustados por enfrentarse al equipo español. Y hacían bien, porque barruntaban lo que ocurrió. De hecho no fueron muy caballeros en la derrota culpando a los árbitros de ella.

Sin embargo lo que me gustaría destacar fue lo ocurrido en los prolegómenos. Justo antes del encuentro estábamos esperando con impaciencia cuando mi hijo subió el volumen del televisor para oír los himnos. La Marsellesa fue entonada por todos los presentes con gran solemnidad. Al llegar el turno del himno español todos, las 27.000  personas presentes en el estadio, guardaron un respetuoso silencio, mientras tanto recordaba la sonora pitada de dos meses antes en el Nou Camp. La diferencia era abismal. Tú puedes sentirte más o menos español que tu vecino pero el respeto no debe perderse.

Pero no quiero generalizar. Siempre se oyen a los que hacen ruido, a los bullangueros y a los que se hacen notar saltándose las reglas establecidas. Se puede pensar que una gran mayoría de catalanes y vascos no están de acuerdo con el himno nacional, quizá, pero lo que estoy seguro es,  que no todos tienen la mala educación que mostraron los que no respetaron el himno español a finales de mayo.

Otro ejemplo: A finales de julio estuvimos presentes en el Campeonato Absoluto de patinaje que se celebró en Alhaurín de la Torre. Aquella calurosa tarde asistimos a unas horas de malabares, cabriolas y ejercicios imposibles para la mayoría de los mortales. Cuando llegó el turno de la entrega de premios, sonó el himno andaluz (por el lugar donde se celebró ya que no hubo ningún representante en la cita de nuestra comunidad), después el himno español. Todos guardamos silencio, con más o menos emoción, pero lo hicimos.

Ahí pude comprobar lo que ya imaginaba. Catalán no es sinónimo de poco respetuoso, todo lo contrario. Casi las tres cuartas partes de los presentes eran catalanes ya que era esa la misma proporción de los participantes en el campeonato. Allí se oía hablar catalán o castellano con ese fuerte acento que los delata, y habría independentistas y nacionalistas. Pues, tanto unos como otros quisieron y supieron guardar la compostura ante los acordes que escuchábamos.

Resumiendo: una cosa es lo que tú pretendes y otra es lo que sale, es decir, he intentado opinar sobre la independencia catalana y me ha salido sobre la educación, los himnos y el deporte. He procurado escribir sobre este tema tan actual y lo he hecho, pero al final no he podido olvidar mis vivencias personales y he tenido que ilustrar las opiniones mías con esas experiencias. No tengo remedio.

 

A MI QUERIDO SUEGRO

 

Nuestro más profundo agradecimiento  en estos momentos tan duros por las inmensas muestras de cariño, afecto y apoyo hacia la familia, de todos sus vecinos y amigos ante la pérdida irreparable de un ser tan querido y apreciado por todos los que lo conocieron. 

Su familia queda en una gran deuda de gratitud a todos y en especial a El Mirador de Churriana por la deferencia que ha tenido con nosotros.

 

18.12.2015 José Cabrera Mi suegro, José Muñoz Gómez, Pepe el carpintero o Pepe el de los carros,como todos sabéis gran aficionado al futbol, decía siempre que hasta que el árbitro no pitara el final del partido los jugadores tenían que darlo todo en el campo, pues hasta el último segundo era posible meter un gol.Esta ha sido su manera de entender la vida. En el partido de su vida, sin duda ha sido titular indiscutible. Siempre dispuesto a darlo todo. Con él hemos aprendido el valor del trabajo en su justa medida, trabajar duro pero también tener tiempo para la diversión, para tomarse una copita de Rioja, pues decía que cuando Jesucristo convirtió el agua en vino por algo sería. Con él hemos aprendido honestidad, ser buenos vecinos; cumplidores con la familia y hacer favores a quien te lo pida, y lo mejor de todo a Pepe era muy difícil no quererlo, pues era afable, cercano y cariñoso.

 

En el partido de su vida el árbitro ha pitado el final. Y ahora ya en los vestuarios del cielo, está esperándolo San Pedro. Seguro que lo primero que le llamará la atención será la puerta de entrada, a ver si chirria o roza en el suelo, ofreciéndose por si hay que cepillarla o echarle un poquito de aceite. Hacer el bien y no mirar a quién. Estar más pendiente de su familia que de él mismo. No era un católico muy practicante pero sí que practicaba el cristianismo en su vida. Pepe era una gran persona, un ser irrepetible, un ejemplo para todos; por el amor que nos ha transmitido y nos ha tenido siempre; por su rigor en el trabajo y sobre todo por esa voluntad férrea por luchar y querer seguir viviendo pese a las muchas dificultades que limitaba su capacidad de autonomía que ha sufrido al final de su larga vida.

Pepe era una persona sensible, y bueno con sus hijas, con sus nietos y yernos y con su familia menos allegada. En definitiva una persona que ha sido querido por todos los que lo han conocido.

 

En estos momentos ya está reunido en cuerpo y espíritu a su gran amor: su Pepa de su alma, la idolatraba, la adoraba, la amaba incluso después de que ella abandonara precipitadamente este mundo.

 

Sus enseñanzas, sus recuerdos y sus actos siempre pervivirán como una antorcha encendida en nuestra memoria y en el corazón, emitiendo luz y reflejo de una unión que no se romperá jamás.

 

Querido suegro, querido padre, querido abuelo nunca te olvidaremos.

 

 

 

UNA ABUNDANTE COSECHA

 

08.12.2015  Rafael Guardiola Iranzo Aprovechando que las últimas clases de la semana me han dejado hecho unos zorros, no me he “arrepentido” de consagrar parte de mi tiempo en dar un repaso a la prensa digital con el Concierto para Piano y Orquesta de Edward Grieg como fascinante telón de fondo, después de un breve calentamiento con los Sex Pistols. No he tenido “remordimiento de conciencia”, expresión sublime, donde las haya, por su fiera oralidad e intencionalidad hegeliana, ni siquiera cuando he leído que “el colegiado del partido entre el Abes y el Gabia, correspondiente a la Segunda División Andaluza y que se disputó el pasado 15 de noviembre en el Polideportivo Molino Nuevo de Granada, explicó en el acta del choque que Rubén Gómez Bustamante, que asistía como aficionado al partido, "invadió el terreno de juego, se sacó su pene e intentó dar con él a un asistente". Miedo me da pensar que asistiera a tan singular enfrentamiento deportivo algún ojeador de la CIA: el órgano más querido del ciudadano –por decir algo- Rubén Gómez podría haber sido catalogado como “arma de destrucción masiva” y los Estados Unidos tendrían la tentación de intentar un segundo desembarco en la isla de Granada, tierra que los informativos norteamericanos situaron la primera vez en plena Alhambra. Y yo me pregunto, ¿habrá sentido el ciudadano Gómez algún tipo de arrepentimiento? Y en caso afirmativo, ¿lo habrá sido por vergüenza, o por no haber conseguido su objetivo, al emplear su miembro viril como improvisado proyectil y el cuerpo de un honrado colegiado como diana móvil? No sé si podré conciliar el sueño esta noche en el caso de que no dé con la respuesta pues, siguiendo a Teresa de Jesús, noto en mí una desazón excesiva, “vivo sin vivir en mí,/ y tan alta vida espero,/ que muero porque no muero”: la cosa no es “moco de pavo” para un fogoso amante de la sabiduría.

 

Para el exministro y filósofo francés Luc Ferry, en su libro de divulgación titulado Aprender a vivir, nuestro pertinaz miedo a las cosas, sucesos y procesos irreversibles hace que la nostalgia, la culpabilidad, el arrepentimiento y los remordimientos se conviertan en grandes destructores de la felicidad (con un poder destructivo muy superior al impacto sobre nuestro cuerpo del pene de D. Rubén Gómez, supongo). La “saudade” de la que hablan portugueses y gallegos hace que nos precipitemos vilmente en la melancolía, que añoremos otros tiempos, tiempos lejanos, tal vez también otros espacios, meciéndonos con frialdad y parsimonia, como Greta Garbo, cerca de una mesa camilla con el brasero encendido, y que más de uno trate de corregir la bajada de serotonina con una tortilla de antidepresivos o un arrebato nacionalista. La culpabilidad, ese diabólico constructo judeocristiano, se nos agarra al estómago, cual emocional garrapata (en catalán, “paparra”), y nos fastidia con insistencia y regularidad, obligándonos a asomarnos al precipicio existencial y sentir un vértigo insoportable, mayor que el que atenaza la voluntad del personaje interpretado por James Stewart en la magistral película de Alfred Hitchcock del mismo nombre. La tenacidad de Nietzsche a la hora de seguir el rastro de los viejos y caducos valores con su instrumental genealógico puede servir aquí de lenitivo, apaciguar nuestras molestias morales y permitirnos caminar sin sobresaltos o incluso bailar beatíficamente, como en un anuncio de compresas, por tierras tan verdes y llanas como las de los Países Bajos, invadidos por una alegría dionisíaca o la atmósfera bucólica y luminosa que traza la Suite Alentejana nº 2 del portugués Luís de Freitas Branco que estoy escuchando en este preciso instante. Para Nietzsche, Kant, ese filósofo que se han empeñado en citar torpe y recientemente tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias en medio del fragor electoral, era un redomado aguafiestas.  A Kant se le metió en la cabeza –por cierto, enorme- que las pasiones, los impulsos, pulsiones e instintos que nos ha regalado la animalidad, entraban en contradicción con la ley moral, y que esta última era nuestra dueña y señora. Faltaría más. Y la culpa es el mejor gendarme para evitar las tentaciones que acechan con muy mala leche a los santos más famélicos de la Cristiandad y a los intelectuales laicos.

 

El arrepentimiento tiene dos caras, como he sugerido anteriormente, en el caso del belicoso pene de un futbolista

 

. Hace pocos días he disfrutado con la lectura del “Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de la de David” del insigne Francisco de Quevedo, un conjunto de poemas graves, cargados de solemnidad y enjundia filosófica, que escribió hacia 1613, tras una larga crisis de conciencia. Al lector se confiesa el autor de La vida del Buscón y de memorables poemas satíricos con clara sinceridad: “Tú, que me has oído lo que he cantado y lo que me dictó el Apetito, la pasión o la naturaleza, oye ahora con oído más atento, lo que me hace decir el Sentimiento verdadero y arrepentimiento de todo lo demás que he hecho; que esto lloro porque así me lo dicta el conocimiento y la conciencia, y esotras cosas canté porque me lo persuadió así la edad”. Quevedo renuncia a los trofeos sensuales de la juventud, busca el recogimiento, y se siente nacer a una vida ordenada y sosegada: “Un nuevo corazón, un hombre nuevo/ ha menester, Señor, el Alma mía:/ desnúdame de mí, que ser podría/ que a tu piedad pagase lo que debo”, afirma en el Salmo I. El poeta quiere desprenderse de la oscuridad y de sus pasos torcidos y no oculta el profundo dolor que le proporciona la memoria de su errada vida mundana. Reclama incluso el castigo y no duda en censurar la sal de sus recuerdos, en favor de una nueva existencia, muy kantiana ella, en la que reine el deber y la conducta virtuosa. Pero, ¿se puede ser feliz con tanta mortificación y tanta asepsia?

 

Aquí, como contrapunto, recupero las palabras del Marqués de Sade, en boca de un “moribundo”, como respuesta a la invitación de arrepentimiento de un “sacerdote”, en el Diálogo entre un sacerdote y un moribundo: “Fui creado por la Naturaleza  -dice el moribundo- con los más intensos apetitos y las más ardientes pasiones y fui puesto en esta tierra con el único propósito de aplacar ambos rindiéndome ante ellos (…) Me arrepiento solo de que nunca he reconocido suficientemente la omnipotencia de la Naturaleza y mi remordimiento se dirige únicamente contra el uso modesto que hice de las facultades –criminales a tus ojos pero perfectamente comprensibles a los míos- que ella me otorgó para su servicio (…) Tan solo recogí flores cuando pude haber reunido una más abundante cosecha de frutas maduras.” Ustedes tienen la última palabra.

DE PARIS AL CIELO

 

21.11.2015  Antonio Villalba Moreno Hace una semana de los atentados de París y desde entonces no dejan de aparecer en todos los medios secuencias de lo ocurrido. Vamos sabiendo más de la crueldad de estos bárbaros, vamos leyendo a articulistas que saben expresar lo inexpresable, vamos asumiendo lo inaceptable y, mientras, intentamos que el miedo no se apodere de nosotros porque, al fin y al cabo, es lo que pretende esta gente, estos hijos, que algún día fueron niños amamantados por madres que, quiero suponer en su mayoría, ahora sufren al comprobar que sus  retoños son los asesinos sin alma que han provocado la masacre.

 

El miedo está ahí, a la vuelta de la esquina intentando corroernos, oxidarnos. Pero la vida sigue. Es ineludible continuar viviendo. ¿Qué podemos hacer si no? De la mejor manera posible. Eso sí, por culpa de estos desalmados tendremos que resignarnos a seguir haciéndolo con menos libertades, justificado por las amenazas de unos fundamentalistas que no sabemos hasta donde podrán llegar.

            Ellos quieren que entremos en su mismo juego: el odio. Sería lo más fácil, sería incluso comprensible. Pero ante el miedo o el odio ofrezcámosles, por ejemplo, la solidaridad. Esas manifestaciones que llegan de forma espontánea o premeditada. Solidaridad con los afectados. Compasión también. Sí, compasión por esos musulmanes de buena fe que tienen que aguantar la ira del Occidente asustado y agazapado, mirándose su ombligo, sin reparar en un Oriente que hace tiempo muere lentamente por el horror y el sinvivir.

            Y pienso que levantarse a las seis puede ser productivo, aunque luego estés “cojeando” durante todo el día buscando esa hora y pico de sueño que la inspiración te ha robado, pero creo que quizá merezca la pena si leo estas líneas en un artículo, si antes las he repasado buscando repeticiones para suprimirlas, rectificando los errores y viendo que, quizá, haya podido plasmar, mínimamente, la rabia acumulada y la solidaridad con los que han sufrido la barbarie.

Después de oír cientos de veces La Marsellesa y de ver  imágenes desoladoras de ese París que siempre has imaginado  idílico, sientes el impulso de ayudar de cualquier forma a las víctimas, y te preguntas cómo es posible que estos asesinos puedan estar dominados por un odio ancestral e irracional que solo saben liberar a base de bombas y fuego, sembrando el horror y pensando que son mártires que irán a un cielo inventado, un cielo, que si lo hay, desde luego, será difícil entender.

 

¿DONDE VAMOS A BAILAR ESTA NOCHE?

 

15.11.2015 Rafael Guardiola  Las artistas Sara Goldschmied y Eleonora Chiari no podían sospechar, ni por asomo, que la instalación bautizada con este título y depositada en una distinguida sala del Museo Bolzano de Milán alcanzaría la notoriedad cosechada recientemente como fruto de una acción técnica fortuita, no exenta de consecuencias teórico-prácticas. Y es que una empleada de la limpieza del museo citado introdujo en sendas bolsas de basura, al parecer, con eficacia y mimo, un variopinto conjunto de botellas de champagne, confetti y restos de una presunta fiesta, esparcido en el suelo, con objeto de dejar la dependencia como los chorros del oro, ignorando que todo aquello era una obra de arte merecedora de ser expuesta ante los ojos del moderno espectador. El servicio de limpieza de un rascacielos norteamericano, en la década de los setenta, tuvo un papel muy diferente en el proceso de creación y recepción de lo artístico, según cuenta Umberto Eco en su Obra abierta, si la memoria no me falla. Las limpiadoras del edificio de aquellos lares fueron invitadas por un artista conceptual a pensar en un tema (de cuyo nombre no quiero acordarme), simultáneamente, a una hora acordada: he aquí la artisticidad del asunto. Heroínas o villanas, las limpiadoras han tenido su momento de gloria.

 

                Si seguimos el rastro de la tristeza, sentimiento que, probablemente, se apoderó de la  limpiadora del Museo Bolzano tras conocer las consecuencias de su acción, no tardaremos en encontrar su origen en situaciones frustrantes o conflictivas, más que en alteraciones bioquímicas de nuestro augusto cerebro, como sucede en el caso de la depresión. La aflicción también debió sacudir el sistema límbico de una limpiadora doméstica de la provincia de Málaga, según me cuenta el ilustre Director de “El Mirador de Churriana”, cuando descubrió que había tirado a la basura las cenizas del abuelo de la familia para la que trabajaba, pensando que eran los productos de un tabaquismo pertinaz. La apatía, el desinterés, la desmotivación y hasta la desaparición del deseo sexual se pueden apoderar de nuestra existencia, por menos de nada, aunque no trabajemos en un crematorio. No obstante, conviene recordar que la tristeza, pese a la sobrevaloración de la alegría en nuestro océano sentimental, juega un importante y positivo papel, es una respuesta natural y hasta necesaria ante determinadas situaciones estimulares.

 

                La sensación de pérdida de algo que valoramos nos pone tristes. Eso le pasaba a Epi, en Barrio Sésamo, cuando preguntaba con desolación a Blas, personaje de poderoso entrecejo, vive Dios, si había visto su patito de goma. Y también nos hace arrugar la frente la imposibilidad de realizar nuestros deseos, satisfacer nuestras necesidades o llevar a cabo nuestros proyectos, condenándonos muchas veces a la soledad y el aislamiento. Aunque la frustración y el fracaso suelen ser fieles compañeros de nuestra melancolía, lo cierto es que podemos identificar el motivo que desencadena nuestra tristeza y que ésta habita en nosotros poco tiempo, lo que nos permite tomarnos un respiro antes de vernos encumbrados, de nuevo, por la diosa alegría, tras un ensimismamiento muchas veces creativo, como si actuase como un auténtico catalizador del pensamiento.

 

                Este efecto “catapulta” –seguramente bien regado por el alcohol o cualquier otra sustancia euforizante- debe ser el responsable de la propuesta del Ministerio de Educación de una especialidad de Formación Profesional Básica de “Tauromaquia y Actividades Auxiliares Ganaderas”. Al parecer, los alumnos que obtengan el título podrán ejercer como novilleros, pero no como toreros. Para ello, deberán recibir la alternativa de otro colega. También aprenderán las técnicas para convertirse en banderillero, pastor y picador. El Gobierno está empeñado en defender la Tauromaquia “a capa y espada”, valga la redundancia, debido, tal vez, a la enorme demanda social de “toreros titulados”. Me llena de orgullo y satisfacción pensar en la presencia de toros en los Centros de Secundaria, conviviendo en armonía con la efervescente adolescencia y profesorado especializado, vestido “de luces”, con su máster en Educación bajo el brazo, dispuesto a “echar un capote” a las hormonas.

 

                Semejante trasmutación mental, de la tristeza a la alegría, que nos podría llevar hasta el paroxismo gracias a las ocurrencias de los herederos del exministro Wert, es el argumento del ilustre historiador del arte del siglo XIX Aby Warburg, a propósito del grabado de Alberto Durero, “Melancholia I”, fechado en 1514, y del consuelo humanista frente a la confrontación mitológica con Saturno, siempre presto a devorar a sus hijos. Según Warburg, el pintor renacentista Rafael Sanzio fue capaz de transformar los siniestros demonios en serenos dioses del Olimpo, la causa de la tristeza más paralizante en la alegre serenidad de los seres trascendentes. Lo malo de todo esto es que, tanta pasión por los sentimientos puede reducir nuestro comportamiento, con suma facilidad, al producto de nuestro cerebro primitivo que, como le gusta recordar a mi amigo y compañero, el biólogo Eduardo Campos Montañez, compartimos con los reptiles. Y de ahí a devorar a nuestros hijos, hay un paso.

 

 


 

 

¿SOMOS ESCRITORES QUE NO ESCRIBEN?

 

“Cuando uno se sorprende quitando lo que acaba de poner es que el relato ya está terminado” Raymond Carver

 

 

 

02.11.2015  Antonio Villalba Moreno Tras un productivo desayuno volvía al trabajo charlando con uno de mis jefes (compañero y amigo a pesar de ello). Seguíamos la charla comenzada en el bar, pero en un momento determinado, a raíz de un comentario sobre la imposibilidad de abandonar el vicio de fumar de una conocida común,  me vino a decir una expresión que me hizo pensar en un posible artículo: “Yo soy un fumador que no fuma”.

 

Pues no, queridos lectores, no voy a hablar de tabaco, ni tampoco de vicios. Se han equivocado. Mi propósito es hacerlo de escritura. Ahí estoy algo más ducho que en lo anterior, aunque no demasiado. Dicen que los escritores son unos ladrones: roban ideas, experiencias, sueños y esperanzas. Yo no diría tanto, yo creo que más bien las toman prestadas y, a veces, esas personas a las que en teoría se les ha robado lo agradecen al verse reflejadas. 

 

En este caso he tomado prestada la frase de Joaquín, espero que no se moleste y sea benévolo si lee el artículo, y la he transformado a mi conveniencia ¿Somos escritores que no escriben? Sobre todo, pensando en muchos conocidos, que sé de buena tinta, que tienen una facilidad envidiable a la hora de expresarse por escrito.

 

Esa capacidad innata está olvidada hasta que algo la recupera. Un momento de inspiración que les hacen redactar un relato, una lectura de un libro que les despierta esas ganas de escribir, una situación que les hace enviar una carta a un periódico.

 

Intuyo que todos llevamos un narrador en nuestro interior. Algunos nunca lo manifiestan por escrito y se conforman con el lenguaje verbal. Recordemos a nuestros antepasados, esos que apenas sabían escribir su nombre y, sin embargo, eran capaces de contar historias en las noches junto a las hogueras. Gracias a ellos la tradición oral permanecía en nuestra sociedad.

 

En mi caso esa facilidad envidiable no es tal, pero la poca que pudiera tener la despertó el director de EL MIRADOR  invitándome a que fuera partícipe de una columna y si el próximo 2 de noviembre se publica la  que ahora estoy redactando coincidirá con una fecha señalada para mi. Ese día hará (o hace) dos años justos que salió a la luz mi primer artículo en este medio.

 

Gracias a la posibilidad de expresarme en este diario he podido retomar algunas amistades que estaban abandonadas, he comprobado que la lectura, aún, no está muerta, he compartido con los lectores diferentes argumentos y he disfrutado redactando líneas y líneas que me han dado una gran satisfacción porque no creía que la dirección del periódico continuara aguantándome después de veinticuatro meses.

 

Han sido más de treinta los títulos. Han sido varios los temas. Entre medias he tenido ideas abandonadas por absurdas, repetidas o demasiado personales; he visto mi papelera repleta de folios arrugados o documentos de word eliminados con palabras perdidas para siempre, olvidadas por su autor, sentimientos a medio expresar, ideas originales, temores casi confesados, frases, párrafos que nunca llegaron a ver la luz.

 

Por eso vuelvo al principio: ¿Somos escritores que no escriben?

 

 

 

 

SER COMO PAUL AUSTER

 

25.10.2015 José Cabrera

 

A lo largo de mi vida, como seguramente les habrá sucedido a ustedes, he sentido admiración por gente famosa. Cuando cabalgaba por esa época de transición en nuestras vidas aderezada de hormonas y acné, que es la adolescencia, admiraba a jugadores de futbol como Cruyff, Zico, Quini o de baloncesto como Carmelo Cabrera, Rullán, Corbalán, o actores principales como Dustin Hoffman, Robert de Niro o Harrison Ford e incluso por qué no decirlo cuando tenía doce años me hubiera gustado parecerme a Bruce Lee, en especial cuando repartía puñetazos y patadas a diestro y siniestro.

 

Con el paso del tiempo los personajes mitificados van cambiando al igual que cambian nuestros gustos, o mejor dicho va cambiando nuestro concepto de la vida. Por esta sencilla razón nuestros ídolos van cambiando también, incluso si me apuran desaparecen. Pero este no es mi caso.

 

Por mi afición a la lectura, les confieso que no deja de asombrarme un escritor que para algunos puede llegar a parecer un tanto excéntrico. Me refiero a Paul Auster.

 

Mi admiración hacia este escritor viene condicionada por su forma y manera de escribir. Lo reconozco, me gustaría ser como Paul Auster, y no precisamente por vivir en New York, y que la mayoría de sus libros traten en mayor o menor medida de esa ciudad icono de la diversidad cultural.

 

Que haya sido marino, o vivido en Paris después de terminar sus estudios en la Universidad. Paso por alto todo eso. Paul Auster es un contador de historias. De historias dentro de historias. Rara vez algún libro suyo me ha dejado indiferente.

 

La carrera de Auster es un salto permanente entre la ficción pura y la revisión de su biografía, de sus miedos, acciones, sueños o inquietudes. Hablar de Paul Auster es hablar del azar, de las coincidencias, de las casualidades, es hablar de su vida en definitiva y como apuntan algunos críticos literarios de “Austerland” de un mundo creado propio donde la realidad y la ficción cabalgan al unísono. Cuando empiezo uno de sus libros, rara vez lo puedo dejar a medias, los leo en tiempo record.

 

Hay quien de mayor quisiera ser como Messi, George Clooney, o Pablo Alborán... a mi Paul Auster.

 

Como esto va contra natura, me conformo con aprender de él y si me apuran poniendo los pies en el suelo me resigno tan solo al mero disfrute de sus creaciones. Y así combato la gran enfermedad de estos tiempos: la ignorancia. No vaya a ser que no pueda yo soportar tanto reconocimiento, premios y menciones. La popularidad en altas dosis puede llegar a ser contraproducente para la buena salud.

 

NUESTROS MAYORES

 

24.10.2015 Antonio Villalba Moreno Con la llegada de un setiembre que ya quedó atrás viene la vuelta a la rutina tras un, siempre, corto verano. Vienen los compañeros de vacaciones. Recuperamos varias sanas costumbres, entre ellas: la piscina.  Recobramos las charlas amistosas con nuestros colegas de fatigas.

 

Tras algunas semanas o meses sin vernos preguntamos por las parejas, por las familias y, últimamente por nuestros padres. Ellos son uno de los temas principales muy a nuestro pesar. Ahora, al suegro de uno le faltan las fuerzas en las piernas y en los brazos, la madre de otro apenas puede doblar las articulaciones para colaborar en su limpieza. Caídas, operaciones, listas de esperas son frases repetidas.

 

Todo esto le comentaba a mi padre mientras paseábamos por Churriana. Al parar en el jardín situado frente al Centro Social le acerco su botella de agua y me aprieta la mano intentando un imposible: levantarse. Él cree que puede hacerlo.

 

            Yo le digo que más adelante, que hoy está muy cansado. Él vuelve a la niñez en ese mundo en el que ahora vive mezclando recuerdos. De pronto está trabajando, haciendo tratos o enluciendo una de las paredes de sus viviendas, como narrando alguna de sus historias con sus antiguas novias o pasando sed en sus meses de cabo en el Sáhara. El tiempo se ha distorsionado para Antonio.

 

            Pensaba, al principio de su enfermedad, que estaba envuelto en una nebulosa y, ahora, a veces, casi ni se reconoce en fotos recientes, y además no tiene constancia de lo que puede o no puede hacer. Entra en un bucle diario donde olvida todo lo reciente.

 

            Pierde la noción de la realidad, desvaría, no sabe qué le ocurre. Él mismo se da cuenta que es otra persona. No sabe donde vive. A veces piensa en retornar a España. Confunde su mujer con una prima, sus hijos con sus hermanos, se le olvida todo.

 

El pasado domingo se me ocurrió la idea de esta columna, aunque ya lo tenía en mente desde que se publicó “Una mañana de agosto”, justo después de pasar unas horas con mi padre. Ahora hay días que apenas puede articular palabra pero recordé una conversación que tuve hace unos meses, cuando se agravó su pérdida de memoria. Aquella tarde, aún podía meterse en mi coche con mucha dificultad, fuimos a recoger a mi hija a la facultad como en las últimas semanas. Él, no sé el motivo, pensó que nos dirigíamos a Madrid. Yo intenté convencerlo de que era mala idea un viaje tan largo diciéndole que el cielo estaba muy cubierto y empezaba a llover, como así era. Entonces soltó una de sus frases “Un abuelete decía que eso no es lluvia, son chirimoyas al aire”

 

            Cuando llegué al aparcamiento para recoger a Inma aún no había salido, saqué mi cuaderno de notas para apuntar esa frase tan enigmática. Mi padre me miraba con interés.

 

— Menos mal que tienes buena letra, hijo. —Dijo señalando con el bastón la página donde escribía

 

— Ya ves, papá, escribiendo tus ocurrencias.

 

            Sonrió, y como vio que me gustaban, siguió hablando. Recordó lo que uno de sus abuelos le decía.

 

— Antoñillo ¿tú no te pierdes?

 

— Yo no me pierdo porque no sé donde voy.

 

VANITAS VANITATIS

 

12.10.2015 Rafael Guardiola La muerte segó con su fría guadaña el manuscrito con el que el clarividente poeta chileno Pablo Neruda pretendía ofrecer al mundo sus recuerdos. Recuerdos que son, a su entender, siempre “intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. Neruda confiesa “que ha vivido” desde ese momento mágico en el que naciera “a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia”. Ahí es nada.

 

Me gusta fabular pensando que los recuerdos con los que edifico mi propia memoria no se engarcen en un collar de frías fotografías instantáneas, sino que se aproximen, aunque sea de lejos, a las memorias del poeta. Me gusta imaginar, con Neruda, que “tal vez no viví en mí mismo; tal vez viví la vida de los otros” (el título de esa gran película de Florian Henckel von Donnersmarck) y por eso, “mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta”. Y por ello he decidido disfrutar de la escritura y “dar vida” al colorido fragmentario de las primeras frases de algunos libros que amo y he amado con verdadera pasión. Espero que les guste mi sincera confesión a corazón abierto.

 

“Todos los hombres desean por naturaleza saber”, escribe Aristóteles, al comienzo de su monumental Metafísica, persiguiendo encontrar el ADN de “una cierta ciencia que estudia el ente en cuanto ente y las determinaciones que a él le pertenecen”. Aunque el texto está un tanto desnaturalizado, al ser los “apuntes de clase” de las enseñanzas de Aristóteles en el Liceo, caminando de un lugar para otro, y no una obra escrita de puño y letras por el insigne maestro, pienso que es un buen punto de partida. Todos queremos saber, adquirir conocimientos teóricos y prácticos, y esto nos viene muy bien para poder sobrevivir en este mundo cruel y llenarlo de significado, dotándolo de un sentido que, muchas veces, se nos escapa. De momento, ni las plantas ni los animales tienen este quebradero de cabeza, salvo en las películas “La invasión de los ultracuerpos” o “El planeta de los simios”. Y resulta que desde mi más tierna infancia tengo a gala ser un apasionado de la lectura, lo que desembocó inevitablemente en un idilio todavía no resuelto con el mundo del conocimiento. Hay tanta información sobrevolando nuestras cabezas, que me costaba decidir en la librería de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, si adquirir la Revista “Mathesis” promovida por los filósofos, o la Revista “Solemne el gordo”, editada por los filólogos.

 

 Con el paso del tiempo, he reconocido una cierta intención en el destino: me decanté por el saber filosófico y, tal vez como consecuencia de ello, tengo la tendencia a adoptar una cierta pose sacerdotal y oracular, acorde a mis inclinaciones histriónicas. La odisea del Ulises de James Joyce se abre con esta clara imagen de mis intenciones ocultas: “Solemne, el gordo Buck Mulligan avanzó desde la salida de la escalera, llevando un cuenco de espuma de jabón, y encima, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana le sostenía levemente en alto, detrás de él, la bata amarilla, desceñida. Elevó en el aire el cuenco y entonó: -Introibo ad altare Dei.” Me gusta imaginarme convertido en un ser tan poderoso como Torquemada, el cardenal Rouco Varela o Cayetano, el ínclito tomista, empuñando la “navaja de Ockham”, ese osado instrumento epistemológico tardomedieval que nos permite eliminar de cuajo “los entes” que nuestro cerebro, lleno de pájaros metafísicos, sin cesar multiplica. A la hora de dar un sentido a nuestros actos y un significado amplio al mundo y a la existencia, más vale perseguir la simplicidad y buscar el cobijo de la ciencia.

 

Pero no sólo de ciencia vive el hombre, y menos mi compleja corteza cerebral, e incluso mi sistema límbico que tanto admira a las hembras de “mantis religiosa”. Me gusta “hacer mundos”, como nos recuerdan el filósofo Nelson Goodman o los relatos de Italo Calvino. Me encanta situarme en la posición privilegiada que proporcionan el arte y la experiencia estética. Ello me permite pensar que “mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta”, como decía Neruda. Insuflando vida a la vida, a través de infinitos mundos posibles, sea a través de la lectura o la escritura, me convierto en un ser babeante, ebrio de amor, estupefaciente. La realidad del científico, entonces, me importa un comino, como me sucedió cuando leí, por vez primera, el inicio del exquisito Concierto barroco de Alejo Carpentier: “De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amarillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas con adorno de iniciales…” Con el arte, el placer se convierte en el protagonista del tiempo.

 

“Cuando Zaratustra tenía treinta años –escribe el filósofo Friedrich Nietzsche al principio de Así habló Zaratustra- abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad, y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, -y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así: “¡Oh gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas”.” La soledad es connatural a las grandes gestas filosóficas, como las de Nietzsche. Y la transformación del corazón, uno de los efectos más notables del discurso bien trabado y argumentado, y de la práctica filosófica, cuando se hace “de corazón”. Incluso cuando lo que se proclama es “la muerte de Dios”, la muerte de las entidades ideales que enmascaran los instintos vitales, que nos amargan esos momentos en los que disfrutamos del placer de leer el inventario poético de los objetos de plata de la novela de Carpentier. Porque los dioses necesitan inevitablemente de tristes mortales que los adoren. Somos los humanos, de nuevo, y no los repollos o los osos hormigueros, los que damos sentido a todas las cosas, lo que incluye a los dioses, dioses que están constituidos por “agua”, al igual que los restantes seres del cosmos, según Tales de Mileto. Es difícil desprenderse del antropocentrismo, aunque afirmar su imperio no sea políticamente correcto.

 

“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto”. Con esta descripción aterradora se abre La metamorfosis de Franz Kafka. Les confieso que, a estas alturas del artículo, así es como empiezo a sentirme, como “un monstruoso insecto”. Como algo “monstruoso”, en definitiva. La memoria y los textos han hecho que me tope, cara a cara, con mi “sombra”, con mi Mr.Hyde, con emociones inconfesables, con el lado oscuro de la naturaleza humana que silenciamos y adornamos con las pasiones del intelecto, los gestos sacerdotales que hacemos cuando nos afeitamos y decimos latinajos sin pudor, o con el preciosismo de un inventario de artefactos de plata o invocaciones al astro rey tras un prolongado ataque de misantropía. Para el psicoanalista Carl G. Jung no podemos alcanzar la iluminación fantaseando sobre la luz, sino “haciendo consciente la oscuridad”. ¿Conviene, entonces, darse de bruces con nuestro “lado oscuro”? Parece que no está tan mal eso de aceptar la fuerza energizante de las emociones negativas, practicar la aceptación de nuestro sino de la que hablan tanto los estoicos como los budistas, recuperar la crónica de nuestros “crímenes” para cimentar así nuestra humanidad sobre sólidas bases. Reconocer la oscuridad de nuestra sombra es un buen remedio para sacudirnos la culpa. En sintonía con lo dicho, las primeras frases de El extranjero de Albert Camus: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.” Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer”. En ocasiones somos tan miserables, que condenamos abiertamente a una persona por no recordar una fecha con dolor extremo, impidiéndole que se libere de la culpa. Y no dudamos a la hora de censurar la intensidad de la pasión erótica asimilándola a la brutalidad, cuando ésta se desata sin disfunciones eréctiles, vaginismo ni eyaculaciones precoces y con unas altas dosis de sobreabundancia. “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, -dice el protagonista de La vorágine de José Eustasio Rivera al comienzo del relato- jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia.”

 

¿Se imaginan lo que habría pasado si el mítico, asmático y prosoviético Darth Vader, el representante del “lado oscuro” por excelencia, en lugar de hacer a Luke Skywalker la confesión:  “No. Yo soy tu padre”, le hubiera recitado el principio del bíblico Eclesiastés: “Vanidad de vanidades; todo es vanidad. ¿Qué provecho queda al hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?”? Otro gallo nos habría cantado en nuestra galaxia.

 

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DESDE LA VILLA Y CORTE.25 PREGUNTAS.

 

 

11.10.2015 Joaquín Ramírez ¿Tiene Artur Mas preparadas las maletas y los billetes de avión para irse a Canadá, como insiste la leyenda urbana?

 

¿Existió la trama del tres por ciento durante años, es verdad que hay pruebas, será objeto de causa judicial en un futuro cercano?

 

¿Es el concejal Pisarello un desahogado, un iconoclasta, un desalmado, un lacayo del mal, o sólo un hombre desinformado?

 

¿La equidistancia asimétrica puede llegar a ser contagiosa?

 

¿Por qué los independentistas catalanes quieren seguir siendo españoles a toda costa? ¿Será para conservar su derecho a decidir sobre España? ¿Querrían también transmitir la nacionalidad española a sus hijos y a los hijos de sus hijos?

 

¿En qué medida y con qué hechos puede considerarse Cataluña la víctima de España, como afirma una y otra vez el president Mas?

 

¿Por qué el Estado a lo largo del siglo XX tomó tantas decisiones económicas de gran calado con destino a Cataluña?

 

¿España –a los separatistas- les roba?

 

¿Es más de la mitad de la población catalana, en primera o segunda generación, de origen gallego, extremeño, andaluz, castellano-manchego, etc.?

 

¿Es el éxito y la riqueza de la sociedad catalana el principal agente inductor del movimiento por la independencia?

 

¿De verdad que Tarradellas y Junqueras militaron en el mismo partido?

 

¿Quiénes son en “Junts pel sí” los rehenes y quiénes los que dirigen el afaire?

 

Unos han hecho bandera de su permanencia en la Unión Europea y otros –como la CUP- tienen como objetivos salir de España, de Europa y del Euro, ¿es posible hablar en serio de una futurible coalición entre ambos? 

 

¿Si Romeva (número uno de “junts pel sí”) o Eduardo Reye

s (número seis) se describen como españoles y catalanes, por qué se consagran a la separación?

 

¿Por qué le llaman catalanofobia si quieren decir hispanofobia?

 

¿Son la Seat, Editorial Planeta, Vueling, Telefónica, Gas Natural, Abertis, Caixa Bank, Banco de Sabadell, Nutrexpa o Tulipán, empresas catalanas sin más, estando el 80% de su negocio en el resto de España?

 

¿Cuántas empresas relevantes no emigrarían a Aragón, Comunidad Valenciana o cualquier otro punto del territorio español ante la perspectiva de encontrarse de la noche a la mañana en un país tercero?

 

¿Es España una nación –como dice la Constitución-, o se trata de una “nación de naciones” o de un “estado plurinacional”?

 

La Constitución afirma que la soberanía nacional reside en el pueblo español, ¿saben los partidarios del estado federal que si se produjera una reforma de este orden, la soberanía de cada uno de los estados federales residiría en cada uno de sus respectivos pueblos?

 

Los defensores de una tercera vía abogan por reconocer la singularidad catalana, ¿realmente los españoles somos más singulares unos que otros?

 

¿Podría llegar a concitarse un nivel de consenso suficiente para reformar la Constitución profundizando en la desigualdad de los ciudadanos de según qué territorios en los campos social, económico y fiscal?

 

¿Pueden descartarse por irrelevantes los pronunciamientos en contra de este desmayado proceso del Primer Ministro Británico –Cameron-, el Presidente de Francia –Hollande-, el de USA –Obama-, Junker, u otros de la UE?

 

¿Es realmente factible que el escrutinio final de las elecciones catalanas 2015 determine alguna consecuencia jurídica que exceda las competencias de una comunidad autónoma?

 

¿Alguien puede dudar de la decidida voluntad del Gobierno, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, de aplicar la legalidad vigente en toda su extensión, en caso necesario?

 

¿Tardarán mucho en despejarse las dudas? Son tiempos intensos.

 

 

 

EXTRAÑOS EN UN TREN

 

10.10.2015 Rafael Guardiola “Para la libertad –escribe el poeta Miguel Hernández- sangro, lucho, pervivo./Para la libertad, mis ojos y mis manos,/como un árbol carnal, generoso y cautivo,/doy a los cirujanos”. Acabo de regresar, jubiloso, de unos días de “turismo sanitario” que ha tenido a bien concederme la Junta de Andalucía, para desprenderme del incómodo velo lechoso de las cataratas que me amenazaba con aplicar el decadente efecto “color sepia” a mi mirada. No he dado mis ojos a Instagram, sino a los hábiles cirujanos y la técnica ha logrado los frutos apetecidos. Tengo la esperanza, no obstante, de haber donado mis cristalinos por obra y gracia del ultrasonido, “para la libertad”. Ahora podré ver con más claridad, aunque no me hayan podido implantar las lentes del “hombre con rayos x en los ojos”, como en la película de Roger Corman de 1963, a las que pensaba dar un uso, fundamentalmente, “voyeurista”, siguiendo el proceso inverso al que, al parecer, recurría el pintor austríaco Gustav Klimt, quien creaba una atmósfera visual para el espectador, vistiendo con coloridos ropajes el cuerpo femenino desnudo, carnal, como el árbol de Miguel Hernández. Un poco “cautivo”, eso sí, me sentí tendido en la camilla ergonómica del quirófano, como era de esperar, cuando el entrañable y experimentado Dr. José Martín López, con más de 30.000 operaciones de cataratas a sus espaldas, ciñó una cinta adhesiva a mi despejada frente para inmovilizar lo más posible la sede del alma racional, según Platón. Estaba cautivo como el jamón en el jamonero, tratando de borrar de la mente la célebre imagen lunar de la película de Luis Buñuel y Salvador Dalí, “Un perro andaluz”, en la que la navaja rasga virilmente el globo ocular de una incauta. También tuve que olvidarme de los ojos perforados de Edipo y de las referencias freudianas a los ojos como trasunto del pene, siguiendo el rastro de los elementos decorativos de la civilización romana.

 

Después de las intervenciones, la belleza de los ojos y de las elegantes figuras del equipo femenino del Dr. Martín calmó mi desazón con notable eficacia. El cariño y la belleza de mi mujer obraron finamente el milagro. Como pueden observar, soy adicto a la belleza y bastante hipocondríaco y las cosas que uno ha aprendido, a veces obran en contra de nosotros cuando menos lo esperamos.

 

Y llegó el momento de partir hacia Málaga como un niño con “ojos nuevos”. El infortunio de Edipo, que no es otra cosa que una invitación a la aceptación del destino, salpicó mi recta mirada. En un rancio escaparate, muy cerca de unos abanicos artesanales, me contemplaba la escuálida figura de un “Niño Jesús”, con unas negras cejas arqueadas de forma diabólica, que me recordó vivamente al cantante Camilo Sesto. Mi nueva mirada se posó, acto seguido, en el cartel anunciador de un espectáculo circense sujeto a una farola. Contemplé con horror, que Leticia Sabater, aquella presentadora de espacios televisivos destinados al público infantil, con un toque histérico y barroco, que veían muchos adultos debido a la “generosidad” de las carnes y la indumentaria ceñida de aquella –que no por su despierta inteligencia-, y que colaboró a que muchos locos bajitos abandonasen a toda prisa la fase de latencia freudiana para acceder a la fase fálica, formaba parte del evento como artista invitada. No perdí un segundo más: había que llegar pronto a la estación de tren, antes de que mis ojos se posasen en alguna imagen de Falete, Teresa Rabal o Carmen de Mairena. Ya, dentro del vagón, respire tranquilo y me enfundé las gafas de sol. Fue entonces cuando vi a un joven de edad avanzada y estética rockera, depositar una guitarra eléctrica enfundada en la repisa-maletero situada sobre su asiento, así como a una mujer madura y de aspecto apocado intentar infructuosamente hacer lo mismo con su maleta. Al enésimo intento de la mujer, el joven decrépito le arrebató la maleta con decisión, la subió a los cielos del maletero y espetó a los presentes palabras de desprecio, acompañadas de algún que otro insulto personalizado, por no haber socorrido a la mujer madura en tamaño aprieto. Nuestro héroe anónimo, nuestro aprendiz de profeta, parecía investido de un poder sacerdotal, daba lecciones al mundo como la víctima perfecta (aunque curiosamente se desentendió de la bajada de la maleta al llegar a Málaga). Sin duda, no había leído la Crítica de la Razón Práctica de Kant o su contenido le importaba un bledo. Quería la Medalla de Honor de la RENFE, la Legión de Honor francesa y el fusilamiento sumarísimo, sin juicio previo, de todos los presentes, simplemente por haber llevado a cabo una acción “conforme a la Ley Moral” en lugar de seguir jugando con su teléfono móvil. Desconocía, tal vez, que dichas acciones, las que se hacen por un fin exterior a la propia acción (buscando una recompensa económica, afectiva o para lograr un fin diferente, como la de ser famoso, ganar dinero a cambio o ser nombrado benefactor de la Humanidad) son amorales, algo muy parecido a las acciones técnicas.

 

La acción moral, según Kant, se lleva a cabo “por el estricto cumplimiento del deber”, sin otro tipo de motivación, de forma casi secreta, sin participar en ningún espectáculo, aunque participe en él Leticia Sabater, ni dejar que salgan sapos y culebras por sus egocéntricas fauces. Los reproches de este crecido e iluminado adolescente treintañero me hicieron pensar que él y yo éramos  ciertamente “extraños en un tren”, parafraseando el título de la excelente novela de Patricia Highsmith (y que sirvió de inspiración a lo no menos célebre película de Alfred Hitchcock), que yo podría encargarle, llegado el caso y sin problemas, como en la novela, el asesinato de mi mujer, y asimismo concluí, que nuestro mundo no necesita justicieros, sino ciudadanos justos y virtudes cívicas.

 

 

 

EL SILENCIO FRÍO DE UNA PARED HELADA

 

21.09.2015.Rafael Guardiola

 

Disimulad.

Haced como si los vierais.

Será mejor, mucho mejor

que no nos vean a todos juntos.

 

Creerán que conspiramos

y que queremos apoderarnos

de la luna. Blanca efigie

que transfiguramos

a fuerza de llorar

entre las piedras.

Aunque perdamos la luz

que nos ciega,

aunque nos deshidratemos

y tengamos que tentar al olvido

esperando el remedio

de sus manos poderosas.

Será mejor, mucho mejor

que no nos vean desconsolados.

 

Creerán que nos bebimos la luna,

su resplandor y su manto,

como la leche celeste

que inmortales nos hace.

O nos acusarán tal vez

de arroparnos con la seda

de su cuerpo,

y de molestar a la nieve

que sobrecoge y pisar se deja.

 

Hacedme caso.

Dejaos colgar en las salas

de los hombres.

Dejaos, en fin, comprar

y ser cenizas

de los que no os hicieron.

No importa que os manchen,

que pendáis de un clavo torcido

o que os acoja la pared bien o mal.

Ahora huérfanos sois

de padre y madre,

aunque mostréis su aceitosa

sangre como imborrable marca.

Sangre que nunca morirá

si me hacéis caso.

No importa que crean

que su destierro anheláis.

 

Seguid ahorcados,

frente a frente,

hasta que las fibras

se destensen,

rotundas sombras aderezadas

por un feroz ejército

de puntos cromáticos.

Disimulad.

 

Alguien viene.

 

 

UNA MAÑANA DE AGOSTO

 

08.09.2015 Antonio Villalba Moreno “No son los sitios los que se pierden en nuestra memoria, sino lo que llevamos dentro” (Víctor del Árbol en  La tristeza del samurái)

 

Hace casi 30 años que acabé la carrera en la “prestigiosa” Universidad de Málaga. Y de lo que estoy más satisfecho de aquellos cinco cursos no es del conocimiento que adquirí sino de la amistad, que aún conservo, con algunos de mis compañeros.

 

En agosto tuve la oportunidad de desayunar con tres de ellos y, nunca pensé que ese rato fuera tan productivo. No solo por la alegría de vernos juntos sino por la charla tan gratificante que tuvimos.

 

El cuarteto se reunió a instancias de Pepe, que desde hace tiempo se nos fue a Murcia y, en ocasiones, cuando vuelve, plantea vernos. Nos citó por la mañana, en el centro de Málaga, el pasado agosto.

 

Nos hicimos una foto para inmortalizarnos, ya se sabe que ahora hay que dejar constancia de forma inmediata con los dichosos móviles. Al vernos tan guapos y jóvenes, al igual que hiciera cualquiera de nuestros hijos, nos sentimos tentados y la enviamos por Whatsapp a varios compañeros con los que aún tenemos contacto.

 

Las vivencias en común hacen que estas reuniones sean nostálgicas, nos aferramos al pasado con los recuerdos juveniles que afloran en cuanto nos juntamos. Un ejemplo fue el último examen de literatura de Romero Esteo, célebre entre nosotros por la pregunta tan particular que nos hizo, pero al mencionar al profesor salió a la luz mi nueva faceta como columnista y ellos, entre chanzas y halagos, me comentaron mi artículo del pasado 21 de junio “El sueño del pasado” donde contaba cómo, el famoso dramaturgo nos invitaba a unas cervezas. Yo pensaba que alguno de ellos había asistido esa mañana, pero resulta que ninguno estuvo. Jose, el cuarto en discordia me indicó que le preguntara a Carmen, cosa que hice más tarde para confirmar lo que me habían señalado, y efectivamente, yo estaba confundido. Además, ella me dijo que nos convidó a unas cigalitas en casa Curro porque le habían tocado 1.500 pesetas en la Lotería. Es curioso como, en muchas ocasiones, una anécdota conocida por todos es recordada de diferentes formas, dependiendo de cada uno, ya sabemos que la memoria es selectiva. 

 

Pero no solo son recuerdos los que mueven nuestros hilos, el viaje al pasado que hacemos en cada encuentro lo aderezamos con otros temas que, con el paso de los años, han ido cambiando: compañeras, novias, mujeres, hijos y ahora, cómo no, los padres. Éstos, los que aún viven, son una de las preocupaciones principales que ahora padecemos la mayoría de nuestra quinta, pero esto puede ser motivo de un nuevo artículo.

 

La edad fue otra cuestión tratada, ya que en unas semanas o meses todos llegaremos a la barrera de los 50, ya dije al principio que la mañana fue muy productiva.  En eso estábamos cuando recibo un mensaje comentando la foto que habíamos enviado: “Vaya grupo de cincuentones”, nos escribió José Mari, que no pudo asistir al desayuno al estar de viaje. Todos sonreímos, excepto Virgilio, que rió a carcajadas.

—Lo ha clavado —dijo mientras sorbía el café.

—Perdona, yo solo veo uno —le contesté mientras hacía yo lo propio.

—Cabronazo —respondió el aludido.

 

Por cierto, Loli, otra de las asistentes al famoso convite de Romero Esteo me comenta días después que se arrepintió de habernos invitado porque se había equivocado de número y no le había tocado nada o bastante menos de lo que nos  dijo. ¿Será verdad o le estará jugando una mala pasada su memoria?

 

ESTO NO ES LO QUE PARECE

 

03.09.2015 Rafael Guardiola Esto no es lo que parece” o algo así, debió entonar en una lengua eslava el detenido por la Benemérita en el aeropuerto de Málaga, con rumbo a Londres y “bellotas de hachís en la entrepierna”, como reza el titular de portada del día 22 de agosto de este ilustre medio informativo. No es de extrañar que el peso de la bolsa blanca con 945,5 gramos de hachís en salva sea la parte y en formato “bellota”, convirtieran el caminar del protagonista del suceso en una empresa harto difícil y sospechosa a los ojos de la autoridad competente. Es como si el sospechoso tuviera el pene sedado por las apreturas y los testículos de plomo e intentase ratificar con su torpe locomoción la validez de la Ley de Gravitación de Newton para el sistema inercial terrestre.

 

 “Esto no es lo que parece” es lo que suelen decir en las películas los que son sorprendidos por sus parejas legítimas en plena faena adúltera. Se entabla entonces un diálogo de besugos sobre la verdad y las apariencias que habría hecho sonrojar al mismísimo Platón, por la incoherencia de las argumentaciones y las desnudeces que suelen asomar en el momento cumbre de la acción dramática. Y la mayor parte de las veces, a la dialéctica “bellotera” le sigue un arrebato pasional que provoca la muerte del amante, sea en versión masculina, sea en la femenina, aunque realmente “pasara por allí” en ese momento inoportuno para hacer el salto del tigre o la tigresa desde el armario del dormitorio. El/la amante paga los platos rotos y la pareja infiel se queda viva, fundamentalmente, para sufrir y seguir participando en diálogos belloteros, como una posesión más.

 

Dicen algunos especialistas que la “infidelidad” dentro del universal cultural de la monogamia en relaciones heterosexuales tiene una faz diferente para hombres y mujeres. Mientras que a los varones nos suele preocupar la infidelidad sexual, a las mujeres les inquieta prioritariamente la infidelidad de corte emocional. A los hombres nos asalta la incertidumbre de la paternidad y la posible pérdida de nuestros recursos reproductores en beneficio de un rival. Las mujeres parecen más preocupadas por la pérdida del “compromiso” de la pareja, de la confianza y la sinceridad en la relación, que por la pérdida de recursos reproductores en favor de una rival. Y como somos potencialmente infieles, somos celosos. Los celos son, por tanto y desde esta perspectiva, una adaptación evolutiva para conservar la pareja, un dispositivo ecológico para resolver el inquietante problema de la infidelidad, más que un comportamiento patológico, un subproducto pernicioso de la sociedad capitalista o una firme construcción social.

 

Ahora es el turno de otro tipo de infidelidad, la que atenta contra nuestro patrimonio cultural y la memoria histórica. En una línea de actuación que prosigue el grotesco legado de la restauración sui generis que Dña. Cecilia Giménez Zueco hiciera en agosto de 2012 del “Ecce Homo” sito en el Santuario de Borja (Zaragoza), en connivencia con las autoridades locales, un grupo de empleados municipales del Concello de San Cristovo de Cea (Orense) convirtieron “de golpe y porrazo” –nunca mejor dicho- un dolmen neolítico de 6.000 años de antigüedad en un funcional merendero de hormigón, apto para poder degustar las maravillas gastronómicas del lugar a salvo de hormigas y gusanos. El monumento funerario en cuestión estaba registrado en el Catálogo de Bienes Culturales de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Xunta de Galicia, por lo menos, hasta caer en las garras de los herederos de personajes de los tebeos de mi infancia como Pepe Gotera y Otilio –chapuzas a domicilio-. Nuevamente, una forma higiénica y “bellotera” de evitar un problema: el de tener que conservar y mimar las señas de identidad de nuestra identidad colectiva.

 

Me temo que el choque irracional entre identidades colectivas exacerbadas es uno de los frutos más amargos de la globalización y la propensión hacia el fanatismo más pacato. Asistimos atónitos también estos días, en Siria, a la vil destrucción del patrimonio histórico y cultural de la ciudad de Palmira y a la eliminación física de los celosos conservadores de sus tesoros. Y, recientemente, dos neonazis alemanes de 32 y 37 años, respectivamente, han sido acusados de atacar en Berlín a una madre y dos niños procedentes de Europa del Este, asalto en el que uno de ellos orinó sobre los menores –de unos 5 y 15 años-, tras proferir repugnantes insultos racistas contra la madre. Los sospechosos, los belloteros en cuestión, ya disfrutan de una libertad que difícilmente les pertenece. Lamentablemente, “esto sí es lo que parece”.

 

 

LUGARES PROPICIOS

 

24.08.2015 Rafael Guardiola En el capítulo de agradecimientos de su libro Un antropólogo en Marte (páginas que no solemos leer salvo que nos demos por aludidos) el lúcido neurólogo británico Oliver Sacks, cuya vida se apaga desgraciadamente, por momentos, afirma que al escribirlo “algunos lugares han sido de tanta importancia como las personas, proporcionándome refugio, serenidad, estímulo.” Resulta que el espacio, que según Einstein configura un continuo con el tiempo, puede cobrar un protagonismo insospechado, dado nuestro antropocentrismo impenitente. El espacio no es sólo un escenario marchito que tiende a difuminarse en favor de lo humano, de ese “yo” del que nos sentimos tan orgullosos, ni una aséptica forma apriórica de la sensibilidad, un conjunto de coordenadas vacías que sólo cobran vida dentro de la ciencia física, como apostilla Kant. El espacio es refugio y fuente de serenidad y estímulo, cuando menos.

 

En un dulce sueño recurrente, la oceánica experiencia del amor regala a mi cerebro, en un primer momento, el calor de un espacio interior, íntimo, habitado por la madera, los libros, algunos reflejos dorados y el fuego de una elegante chimenea del siglo XIX, como si se tratase de un fotograma de la película de Visconti sobre Luis II de Baviera o de un cuadro preciosista de Fortuny. Ese brillante espacio interior, claramente femenino, tiene un acceso secreto –aunque sea un secreto a voces, porque la luz del sol se filtra por los filos de una puerta macerada por el tiempo-, que me permite alcanzar un espacio abierto, masculino, abierto a la claridad del astro rey, en el que se peinan las copas de los árboles de un bosque frondoso que me gusta sobrevolar como un genuino superhéroe escuchando música de Brahms o Wagner. Me alegra saber que el espacio para el amor que he diseñado, con el paso de los años es, como afirma Sacks, refugio, serenidad y estímulo.

Me alegra saber, también, que comparten estas notas los espacios en los que he buscado refugio, serenidad y estímulo en las cosas relativas al intelecto. En mi lejana juventud madrileña cobraron especial relevancia la Biblioteca Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, el Casón del Buen Retiro –en aquel entonces, sede del Museo del Siglo XIX-, las casetas de madera que albergaban las librerías de la “Cuesta de Moyano”, abiertas incluso los domingos, y el verde entramado del Parque del Retiro, testigo de mis innumerables paseos. Aun corriendo el riesgo de que me tilden de “friki”, les confieso que uno de mis placeres preferidos consistía en abrir por vez primera las páginas de los libros que acababa de adquirir, respirando su olor virginal, al abrigo de esculturas griegas y romanas o los enormes lienzos de contenido histórico de Madrazo, Rosales, Casado del Alisal, Pradilla y tantos otros. Tanto en Mallorca como en Málaga, mi principal fuente de inspiración se ha gestado en lo que los ilustrados denominaban “la belleza natural”, en la fascinante luz del mar y la montaña. Conservo además el olor de la madera de las estanterías y el mobiliario de la Biblioteca del IES “Ramon Llull” de Palma de Mallorca, construido hace más de cien años, la imperturbable presencia de la piedra de los muros y la delicada decoración modernista de muchas de sus dependencias. No puedo decir lo mismo de la Biblioteca del IES “Jacaranda”, lugar inhóspito donde los haya, un previsible secadero de jamones en invierno, y una sauna, con vista privilegiada del aeropuerto de Málaga, eso sí, a partir de finales de abril, a pesar de la nobleza de sus ilustres usuarios.

 

Pero conviene recordar que el espacio también puede contribuir a desdibujar nuestras señas de identidad individual y colectiva. En el libro titulado Tratado de urbanismo (1967) se encuentra el conocido poema de Ángel González, “Inventario de lugares propicios al amor”. Para el poeta madrileño, la ciudad contemporánea nos deshumaniza y es símbolo de un tiempo que se nos antoja adverso, más propicio al odio que al amor. Los lugares propicios para el amor

 

Son pocos.

La primavera está muy prestigiada, pero

es mejor el verano.

Y también esas grietas que el otoño

forma al interceder con los domingos

en algunas ciudades

ya de por sí amarillas como plátanos.

El invierno elimina muchos sitios:

quicios de puertas orientadas al norte,

orillas de los ríos,

bancos públicos.

Los contrafuertes exteriores

de las viejas iglesias

dejan a veces huecos

utilizables aunque caiga nieve.

Pero desengañémonos: las bajas

temperaturas y los vientos húmedos

lo dificultan todo.

Las ordenanzas, además, proscriben

la caricia (con exenciones

para determinadas zonas epidérmicas

-sin interés alguno-

en niños, perros y otros animales)

y el «no tocar, peligro de ignominia»

puede leerse en miles de miradas.

¿Adónde huir, entonces?

Por todas partes ojos bizcos,

córneas torturadas,

implacables pupilas,

retinas reticentes,

vigilan, desconfían, amenazan.

Queda quizá el recurso de andar solo,

de vaciar el alma de ternura

y llenarla de hastío e indiferencia,

en este tiempo hostil, propicio al odio.

 

Con permiso de Ángel González, mi optimismo patológico me hace ver, incluso en la escenografía urbana, y a pesar de los últimos desarrollos legislativos, innumerables muestras de lugares propicios para el amor y el conocimiento, porque nos proporcionan, casi sin saberlo, refugio, serenidad y estímulo.

UN MUNDO SIN LUZ

 

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran” (José Saramago en Ensayo de la ceguera)

 

16.08.2015 Antonio Villalba Moreno A veces, tras desayunar, aprovecho para pasear por los alrededores y dar un respiro a mi maltrecha espalda con una caminata de varios minutos. De este modo puedo observar a alguno de mis vecinos. Al que siempre veo es a un ciego que, por su forma de manejarse con el bastón, deduzco que no hace mucho que ha llegado a ese estado de sombras donde permanece.

 

Ramonchu, que es así como lo llaman, tropieza, cruza la calzada a destiempo o se desorienta en apenas unos metros. Cuando lo diviso, me acerco con sigilo por si es necesaria mi ayuda. En la mayoría de las ocasiones no la necesita porque son muchos los que se me adelantan para encaminarlo.

 

Ayer advertí que Ramonchu se encontraba en la acera de enfrente tanteando con su bastón una señal recién colocada. Indicaba las plazas libres que, en la zona azul, había en las calles adyacentes. Allí estaba este invidente, en su mundo oscuro, pensando que otra vez se había vuelto a equivocar en su trayecto. Rápidamente crucé para auxiliarlo.

 

— Señor, no se preocupe, yo le ayudo. —Tomé su brazo y lo orienté hacia el camino correcto.

— Gracias joven. Soy muy torpe.

— No, no lo es. Esa señal la colocaron el lunes.

 

                Me sonrió antes de comenzar a andar. Mientras le seguía con la vista recordé un verano de hace unos años, cuando estuvimos en las Islas Afortunadas, una mañana descansamos de playas y turismo rural y visitamos Las Palmas, la ciudad, pero sobre todo sus tiendas. Mi mujer y mis hijos hicieron una ruta por ellas. Al llegar a la calle Triana aproveché para sentarme en uno de los bancos para descansar y estudiar la vida diaria de aquella isla.

 

                Reparé en un ciego que vendía cupones. Un perro labrador esperaba, paciente, bajo sus pies. De vez en cuando alzaba el hocico, su dueño notaba el movimiento y lo acariciaba, le susurraba unas palabras y ambos continuaban con su labor, él despachando suerte y el animal vigilando a su propietario.

 

                Me cautivó aquella escena porque vi la nobleza del perro y el cariño que ambos se procesaban. Repitieron la escena varias veces. Cuando mi familia salió de la tienda, me acerqué al vendedor. Pedí un número. Acabado en 3, por supuesto. Me dio las gracias y  me deseó suerte.

 

                A la mañana siguiente leía el periódico mientras tomaba un estupendo desayuno y reparé en que había comprado un cupón. Miré el número agraciado. No era el mío. De hecho, creo que no coincidió ni por asomo.

 

                Mi mente, últimamente, da muchos saltos hacia el pasado y ayer recordó aquella escena en Gran Canaria. Estaba dormida hasta que Ramonchu hizo que saltara una chispa y volviera a mi. Pensé que quizá él debería agenciarse un perro guía, así podría ser sus ojos. Quizá de esa forma, en su mundo sin colores y sin luz, podría adquirir la destreza que le falta. En ese momento el cartel luminoso que indicaba las plazas libres cambió. Apareció un nuevo número: el 3, por supuesto.

LA REBELION DE LOS PERVERSOS POLIMORFOS

 

01.08.2015  Rafael Guardiola Es muy difícil esconder la sonrisa cuando Isabel dice “Papá”, fundida hasta la médula con el calor cómplice y brillante de su madre. Abre sus ojos de miel como una luminosa flor tropical, como si su serena mirada fuera capaz de llenar las coordenadas vacías del espacio, explorando así, con grave rotundidad, el proceloso mar de los afectos, con un oscilante paso firme. Puedo adivinar que mi jovencísima vecina está apunto de sembrar el mundo con la magia de la palabras, con un verbo tan ágil como sus piernas de muñeca comestible. Sus pasos de gacela son firmes e inquietos, arriesgados en las curvas, y se ciñen como un guante a la alegría del encuentro con sus padres. Hablo aquí de un vínculo de tintes sagrados que no se deja someter a los dictados de la Diosa Razón de los Ilustrados del siglo XVIII y que, con frecuencia, nos reserva un sabor agridulce conforme pasan los años.

 

                Y es que, como apunta el título del admirable libro del psicoanalista Bruno Bettelheim, “no hay padres perfectos”. Mi amiga Isabel unirá muy pronto la palabra al pensamiento y luego se “socializará”, como acostumbran a decir los especialistas, al ingresar en la honorable institución escolar (a la que, con notable lucidez, mi hijo denominaba “la selva”), interiorizando, casi sin saberlo, una abigarrada colección de normas y preceptos. Isabel pasará, entonces, más tiempo con sus iguales, con esos “locos bajitos”, que con sus figuras de apego. De estas últimas habrá recibido, sin duda, útiles herramientas para la vida en sociedad. Los comportamiento modelados por vía genética y las intensas experiencias vividas en el proceso socializador se sumarán a las herramientas materna y paterna para alumbrar las notas de color características de la personalidad de nuestros queridos “perversos polimorfos”, como llamaba cariñosamente a los niños el barbado Sigmund Freud.

 

                Se trata, ni más ni menos, del problemático binomio autocontrol y libertad. Fraguamos nuestras señas de identidad como abanderados de la libertad y la autonomía, gritando a calzón quitado como si estuviéramos proclamando las virtudes de nuestro género en el mercadillo de Churriana de los martes, o abriéndonos paso entre cadáveres con un pecho al aire, al modo de la protagonista del famoso cuadro de Delacroix. Confieso que no me seduce mucho esta última idea, ya que a mis años, tengo el pecho muy caído.

 

                Pero también somos hijos del valor de las leyes, de la tediosa disciplina, de la rigidez de las normas. Todo sea por ese “autocontrol emocional”, tan necesario para la convivencia en el medio social y la propia salud del individuo. Conviene recordar que el filósofo alemán Inmanuel Kant, humano de altas miras, menguada estatura y enorme cráneo, hizo del deber el norte de las acciones morales y la calve de la sociabilidad, siguiendo la estela de todos aquellos que han visto con recelo el intento de satisfacer sin mesura las pulsiones, los instintos y la eclosión descarada de los sentimientos. Según Kant, el aire frena el vuelo de la paloma. Sin aire, la paloma podría volar con mayor rapidez. Pero es evidente que la paloma sería incapaz de volar sin aire, sin controlar sus emociones, en nuestro caso.

 

                ¡Quién sabe si mi amiga Isabel será capaz de alcanzar el kantiano equilibrio! Tal vez sería deseable que esto no ocurriera, si damos la razón a Nietzsche. En cualquier caso, procuraré decir a mi amiga con mis gestos, que todavía es pronto para semejante recalentamiento de neuronas. Isabel está en plena rebelión y por eso abre sus ojos de miel como una flor tropical. Y yo ya no estoy para estos trotes, entre otras cosas, porque tengo el pecho demasiado caído.

 

INSOMNIO

 

 

19.07.2015 Rafael Guardiola Iranzo Dicen que nuestras horas están contadas. Todo se cuenta y ha de ser contado, sólo vale lo que es susceptible de ser contado. Es más: creo firmemente que alguien nos suma, nos resta, divide y multiplica, que algunos son capaces de contarnos y porfían por ello. De poco serviré yo a nuestros grises contables, tocados de fuerza y calculadora, que ingentes cifras tabulan con los minutos que nos quedan.

 

Pienso que nunca he sabido contar, a pesar de tener buenos maestros. De repente, comienzo a sentir cansancio. Voy a dormir con el anhelo de vivir incontables sueños. Y pienso también que siempre quise estar despierto –por lo que pudiese ocurrir-, y ganar con ello a la vida ese tercio que nos arrebata el sueño. Quién sabe: quizá nuestras horas estén contadas por el miedo y el tiempo

 

EL ESCULTOR DE LLANTOS

 

15.07.2015 Rafael Guardiola Iranzo Suspendidos de una nube de alambre de espino o abrochados a las piedras de una indumentaria harapienta vagan ingentes masas silenciosas, ciegos a la verde esperanza, por las sendas del planeta. El refugiado no es nada, ni siquiera una palabra olvidada. Imagino millones de pasos polvorientos, ojos perforando las estrellas, amores desterrados, oxidando los verbos paridos en la tierra y abandonados en la inclusa de la desidia pacata e insensible. Millones de hijos no deseados de una ultrajada belleza que se desgarra en silencio.

 

El escultor de llantos talla con un dolor infinito rostros sin futuro, bajo la luz de la oscuridad, con decididas vibraciones estancadas. Todo está por hacer.

 

Lacrados como una cosecha perdida (y eso que el grano quería germinar a borbotones), sus lágrimas contenidas sueñan con hacernos despertar, sueñan con que admiremos sus sueños abortados. Los refugiados están labrados con el cariño de la pobreza, hacen profundos surcos con la carne que reviste sus huesos altivos. Las telas de las tiendas en las que ocultamos nuestra vergüenza se caldean con el fuego de su aliento y se perfuman con el regalo de la sangre.

 

Levantándose de la postración que atormenta las caricias del olvidado, grabando con su cincel sílabas que nunca serán pronunciadas, el escultor de llantos intenta calmar su desazón, siendo todo, nada siendo

 

EL REINO DE Y YO MAS

 

28.06.2015 José Cabrera Villalba Permítanme una pequeña historia:

 

“En un reino muy lejano hace ya algún tiempo vivía un rey con su pueblo en plena armonía. Había llegado a un entendimiento tal que no existía la pobreza. La paz y la fraternidad campaban a sus anchas por todos los rincones. Los legisladores se dedicaban a dictar leyes justas para velar por su bienestar. Los jueces tenían pocos litigios que resolver pues la ley y el orden amparaban tan idílico lugar. Vivian del trueque justo y utilizaban el banco del tiempo para todo tipo de transacciones y permutas. Se buscaba la felicidad mediante el conocimiento.  Los educadores enseñaban lenguas clásicas, historia, filosofía, ciencias y literatura; dedicados a transmitir el conocimiento como principio esencial. Las autoridades eclesiásticas solo se dedicaban al culto de la espiritualidad, sin intentar amaestrar forzosamente y sin inmiscuirse en los asuntos terrenales.

 

Por aquellos tiempos, las flores y todo tipo de vegetación de las plazas y bosques del reino florecían en vivos y sorprendentes colores y desprendían olores asombrosamente embriagadores y los pájaros con sus armoniosos trinos alegraban el paradisiaco ambiente; todo era fruto de la perfecta armonía entre el rey, sus ciudadanos y la naturaleza.

 

Pero sucedió que un mal día el rey, influenciado por sus asesores y por los gobernantes de un reino vecino, dictó leyes distintas a las que regían. En ellas se incitaba al consumo desmesurado como práctica para obtener la felicidad personal con la promesa del progreso y la modernización. Se instauró una moneda que representaba un valor que en nada tenía que ver con el del objeto intercambiado. Todo este proceso los haría ricos y más libres. La gente influyente y poderosa se encargaba de crear necesidades superfluas. Se prestaba dinero a los más ingenuos e inocentes para que compraran objetos y cosas innecesarias, cobrándoles por ello un precio injusto y abusivo. La envidia se apoderó del país.

 

Después de algún tiempo el pueblo que hasta entonces se había caracterizado por el buen entendimiento y las buenas relaciones entre todos ellos, se transformó como de la noche al día, en enemigos y competidores acérrimos. Se instauró las culturas del “y yo más”; del “acumular sin necesidad”; del “reemplazar por reemplazar”; y del “yo soy más que tú”; “yo tengo más que tú” y “yo quiero tener eso que tú tienes”.

 

Los negociantes forasteros se frotaban las manos; les había salido la jugada a pedir de boca tan solo habían tenido que sembrar las semillas del deseo y la codicia.

 

Se cuenta que aquel reino nunca volvió a ser el mismo. El rey aunque arrepentido fue expulsado. Los poderes dominantes encumbraron a un títere para gobernarlos. La desesperanza, la infelicidad y el desánimo se apoderaron de todos sus ciudadanos. Ya nadie confiaba en nadie. Se dictaron leyes cada vez más represoras. Ya no se enseñaba se adiestraba. El consumismo y materialismo habían ganado la batalla.

 

En los jardines y plazas del reino en los que hasta hace poco existían parterres de flores multicolores y de olores deliciosos, fueron mutando a un color grisáceo y a un olor acre y corrosivo. Los pajarillos solo piaban tristes y apenados trinos. Era un cruel y fiel reflejo de lo que se habían convertido los corazones de sus ciudadanos.”

 

 

EL SUEÑO DEL PASADO

 

21.06.2015 Antonio Villalba Moreno Es difícil mantener los ojos abiertos a las cinco de la tarde en un mes de junio, en Málaga, en una clase donde los activos financieros, entre otras cosas, se pueden alterar según coste amortizado con un interés efectivo, o algo así. Es decir, que en el tipo de actualización con costes amortizados, me perdí. Más concretamente me dormí. Tuve la suerte que estaba en la última fila, justo detrás de una columna y de un compañero que se acerca a los dos metros de altura.

 

En el sueño yo tenía veinte años y estaba en la Facultad oyendo una clase de Literatura. En ella, don Miguel, se dirigía a los jóvenes estudiantes preguntándonos qué puñetas hacíamos allí, escuchando a un viejo profesor soltado una clase magistral sobre la picaresca en la literatura del Siglo de Oro.

 

Yo sonreía sabiendo que después nos invitaría a nuestro grupo de amigos a unas tapas en Calle Nueva porque le había sido otorgado el premio Europa. Era Miguel Romero Esteo. En el sueño el dramaturgo cordobés me decía que en treinta años yo estaría sentado en un aula escuchando a un profesor sin tener ni idea del porqué lo hacía. Yo me extrañé de esa afirmación, entre otras cosas, porque me lo dijo en Latín y yo no tenía mi diccionario VOX para ayudarme a traducirlo.

 

   En ese momento el compañero de mi derecha me dio con el codo para preguntarme si me estaba enterando del tema porque se me había escapado un ronquido justo en el momento en que los valores representativos, según el profesor, devengan flujos de efectivo. Le rebatí, a mi vecino de asiento, diciéndole que estaba muy despierto, y que, si acaso, el resfriado que cogí la noche anterior era el que me hacía respirar con dificultad y escaparse algún ruido agudo. Además, añadí, que la capacidad financiera para conservar valores no debía preocuparle porque el efectivo tiene un coste amortizado.

 

 Rafa, el compañero de dos metros, se volvió hacia nosotros para decirnos que, por favor, bajáramos la voz porque no se concentraba en la charla del ponente. Aunque yo estoy seguro que era para que lo dejáramos echar una cabezada como Dios manda. El caso es que volví a cerrar los ojos al cabo de unos minutos, incluso agaché la cabeza y la metí entre mis brazos sobre la mesa, al modo que lo hacía cuando éramos pequeños y dábamos clases por la tarde en EGB y nuestro tutor nos invitaba a descansar de ese modo.

 

 Regresé a esa mañana en Calle Nueva. Éramos cinco alumnos y un profesor. Brindábamos por su premio, pero sobre todo porque nos invitaba, porque nos contaba anécdotas suyas de cuando estuvo en un país europeo que entonces era comunista. Todos dijimos que habíamos leído su obra cumbre, “Tartessos”, él sabía que no era cierto, pero nos seguía la corriente. En la tercera ronda se dirigió a mí: “Antonio, en 2015 tú estarás soñando conmigo y posteriormente plasmarás tu sueño en un artículo y, con suerte, yo podré leerlo”

 

  En esta ocasión habló en griego, pero yo no sé esa lengua, así que, en el sueño le pregunté a mi compañera Loli qué significaba lo que me había dicho mi antiguo profesor. Ella me miró extrañada y me lo tradujo con una facilidad envidiable.

 

  Así que, ahora, cuando estoy pasando todas estas líneas al ordenador no sé qué he soñado, qué he recordado y qué he inventado. Lo dejo todo a vuestra elección, a la del lector, y si alguno de vosotros me tiene aprecio me gustaría que si termina de leer la columna me diga si aún estoy soñando o mi inventiva empieza a ser preocupante.

EN EL DUELO DE MARI

 

16.06.2015 Antonio Villalba Moreno Mari, la mujer de don Miguel murió el domingo. Se la encontraron tendida en el suelo de su casa. Había sufrido un ictus y cayó a plomo al suelo. Esa misma tarde, en cuanto el hijo menor la encontró, todos en la calle Gálica lo supieron, y una de ellos fue mi madre que nerviosa y muy afectada me llamó para comunicármelo.

 

Por los motivos burocráticos, y por la necesaria autopsia al haberse producido de esa forma, el cadáver no llegó al tanatorio hasta el día siguiente. Allí nos dirigimos mi mujer y yo en cuanto llegué de un curso. Permanecimos con los familiares y amigos un buen rato acompañando en el duelo y charlando de cosas trascendentales y no tanto.

 

Con Manolo y con Pedro departíamos sobre las referencias de cuando éramos pequeños: del “Cholo”, de don Miguel, de don Francisco, de personas que se han ido o ahora están en sillas de ruedas o con demencia o con enfermedades crónicas, y ahora somos nosotros esas referencias de nuestros hijos, aunque de una forma distinta. Yo les comentaba que cuando nuestros padres tenían 50 años parecían más viejos de lo que ahora somos nosotros, o eso quiero creer. Las décadas pasan y nosotros nos vemos igual pero esa ilusión es un espejismo. Ya peinamos canas, muchos no tienen pelos en la cabeza, las barrigas van en aumento, la presbicia se ha apoderado de todos nosotros, pero ahí seguimos , andando, buscando un sentido a la existencia, recordando a alguien que se nos ha ido, alguien como Mari, con esa simpatía que contagiaba a cualquiera con quien se encontrara.

 

Cuando íbamos a marchar me percaté que aún no le había dado el pésame a Fernando. Esa fue la guinda final. Al verlo me abracé a él y se puso a llorar conmigo, eran lágrimas de tristeza por la madre muerta, pero también de agradecimiento por acompañarlo en esos momentos trágicos y también de nostalgia. Me sentí bien cuando hablé con él, recordando los años de la niñez. Dijo que en otro duelo se encontró a Jacinto y a Antonio y le dio mucha alegría verlos, aunque fuese en esa situación. Le dije que teníamos que tomarnos unas cervezas cuando todo pasara. 

 

Habíamos sido muy amigos en la niñez, en la EGB fuimos compañeros inseparables hasta séptimo. A partir del último curso, la vida nos distanció. Las inquietudes no eran las mismas, el resto de las amistades tampoco, en fin, el destino es inexorable e impecable y nos separó por distintos motivos. Sin embargo, más de 30 años después ahí estábamos abrazados, con lágrimas en los ojos recordando a su madre, a Mari, una mujer entrada en los setenta que encontró una muerte rápida. La que todos quisiéramos para nosotros. Aunque estuvo sola esa mañana de domingo, al parecer no sufrió, y eso es lo que debemos pensar, eso le digo a mi amigo, eso le dije a mi madre, que lo ha sentido mucho, porque Mari era, es, una mujer que inspiraba alegría, que la repartía a todos. Sus hijos, nietos, vecinos y amigos tenemos que quedarnos con eso, con lo que nos ha dado en los años que ha estado con nosotros. Debemos agradecerle haber estado ahí, siempre.

 

La mujer de don Miguel se ha ido para acompañarlo cuando éste habría cumplido, precisamente, ochenta años si aquel accidente de hace casi dos décadas no lo hubiera bajado del tren de la vida. Pero esto es así, y hay que seguir. Y todo eso se lo decía a Fernando, a mi amigo, o si no lo decía lo pensaba y ahora lo hago.

 

Por cierto, queda pendiente la cerveza, hay que avisar a Jacinto, a mi tocayo, a.... Y todo esto le contaba a mi madre al día siguiente cuando se me ocurrió escribir estas líneas y me dijo Rosi que la echaba de menos. Y es cierto. La queríamos mucho. Que en paz descanse: María del Carmen Rosado Márquez.

CUESTION DE VALOR

 

21.05.2015 Rafael Guardiola No hace mucho, en la localidad alicantina de Elda, un hombre de unos 35 años declaró haberse pegado un tiro en el pie para “saber qué se sentía”. El entusiasmo patológico que alimenta las conexiones neuronales del ilustre Director de esta publicación, Jesús Manuel Castillo, es de tal calibre, que es capaz de arrastrar a propios y extraños a pegarse no uno, sino varios tiros en el pie, sin inmutarse, con un afán científico parecido. La persuasión hecha carne propició el pasado 10 de abril de 2015 un feliz encuentro en la Biblioteca Pública Municipal “José Moreno Villa” de Churriana, auspiciado por la Junta Municipal de Distrito. Tuve entonces el honor de presentar, en el marco del Ciclo “Valores de Churriana”, a dos protagonistas de su vida cultural y, a la sazón, colaboradores, como un servidor, de “El Mirador de Churriana”: Antonio Villalba Moreno y Victoria Plaza Fernández. Dos muestras evidentes de la vitalidad creativa que late muy cerca de nosotros relacionadas con dos formas de acceder al fenómeno artístico: la palabra y la imagen.

 

Aunque el significado del término “valor” tiene un origen económico y mis interlocutores se ganan la vida con oficios relacionados con la infraestructura del todo social, aquí se trataba de otros menesteres menos prosaicos relacionados con nuestros “criterios de elección” más queridos. Destaco de esta conversación amable, en la que devino afortunadamente el acto del que me ocupo, su carácter eminentemente festivo, pues es siempre una fiesta el reconocimiento público de las virtudes cívicas que atesoran sus protagonistas y el nutrido grupo de asistentes que nos obsequiaron con su presencia y sus cálidas observaciones.

 

Antonio Villalba Moreno, Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Málaga, trabaja como técnico de gestión en la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de la misma ciudad. Desde muy joven ha cultivado la pasión por la lectura y la escritura y ahora, en la madurez, afirma haber “vuelto a su antiguo hobby, la escritura, aprovechando que ya no juega al fútbol, ni organiza torneos de pádel, ni tiene que hacer de chófer de sus hijos, Inmaculada y Antonio (a los que he tenido el placer de disfrutar como alumnos). En el año 2014 fue finalista del II Certamen Literario “María Carreira” con el relato titulado “Mi Novia”, y uno de los cinco finalistas del II Certamen Nacional de Microrrelatos “Ciudad de A Coruña”, organizado por la Asociación Cultural de Estudios Universitarios, con el microrrelato “El vendedor de seguros”. Con anterioridad, en el 2013, fue el brillante ganador del ciclo “Las contras de La Térmica”, organizado por la Diputación de Málaga, con un relato titulado “Ando por aquí”, sobre un niño de diez años, Javier, al que le gusta jugar a asustar a las limpiadoras de un centro cultural que, anteriormente, fue un orfanato. En el mismo año, se hizo acreedor de la condición de finalista del mismo ciclo, con motivo del “Día de la Madrastra”, con el relato “Mis madrastras”. Antonio Villalba es un fiel cronista de la vida cotidiana, un atento lector, fiel amigo de sus amigos, un ser humano afable y respetuoso hasta la médula, siempre en su sitio, socialmente comprometido, amante de las mieles del deporte y de los intrincados recovecos de la memoria (y de la presencia de Churriana en ella). Es el claro ejemplo de un escritor de un “diario” amable, en el que la sensibilidad se oculta –sin conseguirlo- tras la sombra pesada de las letras. Su sencillez se hace carne, se hace crónica, se convierte en historia, en testimonio y sus lectores lo agradecemos.

 

Aunque no se considera fotógrafa, craso error, la fotografía ha formado parte siempre de las inquietudes de Victoria Plaza Fernández. En junio de 2011 entró a formar parte de la red social de fotografías “Instagram”, donde desarrolla sus dotes creativas con el disparo y la edición fotográfica con el teléfono móvil. Entre sus múltiples participaciones y méritos, cabe citar que en el 2013 ganó el primer premio del segundo congreso de Fotografía Móvil e Instagram, celebrado en Torrevieja (Alicante) y que en el 2014, ganó el concurso “La Noche Soñada” del perfil de Instagram Igersspain, para la novela del mismo nombre del escritor Màxim Huerta, en competición con más de dos mil fotografías. Como seguramente saben, se ha incorporado recientemente, y con éxito, al proyecto de “”El Mirador de Churriana”, en la sección “Desde mi objetivo móvil”. Trabaja como contable en una empresa dedicada a los arrendamientos urbanos en el centro histórico de Málaga, lo que le ha permitido acceder, como espectadora privilegiada, a escenarios dignos de atención.

 

 A Victoria Plaza le gusta, según me confesó hace unos días, mirar a su alrededor, observar, canalizar sensaciones. Me alegra saber que la música y el humor son, para Victoria, ingredientes imprescindibles para vivir. No concibe la vida sin canciones, me dice, como le pasaba a Nietzsche, y no le entra en la cabeza que alguien pueda vivir sIn poner en práctica a diario el sentido del humor. Victoria persigue los sentimientos que ruedan por la calle y recorren las venas y arterias de la naturaleza con un afán de búsqueda de lo incondicionado que, según Kant, caracteriza a nuestra dialéctica condición, y hasta con pretensiones de inmortalidad al modo de Unamuno. Me dice que “siente que sus ojos son lentes que intentan captar escenas que aparecen ante ella por azar, que al ser irrepetibles, debe inmortalizar al instante” y también se deleita, haciendo uso de modelos improvisados, pergeñando escenas que imagina en un momento determinado. “La modernidad –escribe el poeta y ensayista del siglo XIX Charles Baudelaire- es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte”, que necesita también su otra mitad, lo constante, intemporal y universal. Victoria Plaza es, pues, una artista “moderna” por derecho propio, a la que le gusta contemplar cómo en una escenario, aparentemente inerte, hay siluetas, personas e incluso sombras. Lo humano da vida a la imagen, al igual que el movimiento, que se adueña de su oficio, y suscita emociones. Disfruta como una niña con las fotos a ras del suelo, descubriendo reflejos sorprendentes e inesperados o enfocando desde arriesgados ángulos. La soledad, el mar, la puerta de la vida, la espera, la necesidad del movimiento, las edades del hombre, la mujer como ángel o demonio se asoman ante nuestra mirada. Todo ello en espacios pulcros, luminosos y habitados, muy parecidos a los que dibuja Antonio Villalba con sus precisas palabras, palabras que desprenden el calor de la leña en la chimenea, o la oportuna brisa que refresca las interminables tardes de terral.

 

En medio de este diálogo familiar, casi maternal, recuerdo que, para Inmanuel Kant, mientras que el valor de una cosa es su precio, el de un ser humano se llama “dignidad”.

LA LECTURA COMO SOLUCION

 

“He andado muchos caminos,/ he abierto muchas veredas;/ he navegado en cien mares,/ y atracado en cien riberas.” Primera estrofa de un poema de Antonio Machado

 

20.05.2015 Antonio Villalba Moreno Tengo que confesar algo que quizá algunos de vosotros ya sabéis, apenas utilizo las redes sociales. Es mi asignatura pendiente. Ya me ha reñido mi hija más de una vez para que me ponga al día. Me di de alta en facebook hace años, y hasta hace unas semanas, apenas lo utilizaba. 

 

Poco tengo en común con mis colegas de Opinión de esta Web, Rafael Guardiola y Pepe Cabrera.  Ellos han creado grupos de lectores a los que avisan cuando publican sus columnas y es muy buena idea porque de este modo pueden participar expresando su parecer sobre el artículo en cuestión.

 

Comento esto a raíz del publicado el pasado día 11 de marzo “Palabras en el desván”. Pepe me decía que  le hizo recordar varias anécdotas parecidas con sus hijos y que el formato de este periódico digital donde escribimos no permite compartir ni publicar comentarios por lo que no había podido darme su opinión hasta que me respondió, en privado, a una de mis críticas (buena) a su última columna. Recordé que hace unos meses, cuando aún EL MIRADOR estaba en formato blog, mi amigo Ildefonso me avisó que los comentarios no aparecían. Hice partícipe de esta sugerencia al director y me contestó que le llegaban, aunque éstos no se publicaban.

 

Por tanto, aprovecho ahora para enumerar otras consideraciones que  estimo interesantes. Esas palabras en desuso de las que se hablaba eran tendero y transistor. Pues bien, cuando una amiga, profesora de 6º de primaria leyó el artículo me dijo que era curioso porque, precisamente la palabra transistor no la conocía ninguno de sus 25 alumnos. Y yo que pensaba estar contando un caso excepcional me encuentro que es la norma en estos tiempos.

 

Me explicaba Encarna, la profe, que el penúltimo caso ha sido vereda. Dicha palabra aparecía en un poema de Machado, cuando hicieron el comentario del texto resultó que no sabían lo que significaba. Le daba pena que no comprendieran lo de “abrir nuevas veredas”. Algo parecido ocurrió con la palabra tapia con otro de Bécquer. Yo creía que estaba exagerando pero no, más hubiera querido ella.

 

Mi mente, cómo no, se trasladó al pasado, me vi como el niño que había sido, saltando la tapia de La Cónsula, que, casualidades del destino, ahora, en mi madurez, linda con mi casa. Entonces, más de una vez, la escalábamos para jugar en los jardines de esta finca histórica y hacer travesuras que no puedo reflejar en estas líneas o para asistir a los actos que a finales de los 70 allí se celebraban. Y ahora, la mayoría de los niños no solo nunca han escalado una tapia, sino que ni siquiera saben el significado de esa palabra.

 

— Pero todo se compensa, Antonio, hemos estudiado recientemente los anglicismos y otros extranjerismos y la que no comprende muchas palabras de las que usan hoy los jóvenes soy yo —me decía Encarna—. El reto es, según mi opinión, conocer mejor nuestra lengua para utilizar lo menos posible términos de otra.

 

He utilizado las frases de esta maestra que está a punto de jubilarse, no solo por la admiración que siempre he tenido hacia los buenos docentes, y sé de buena tinta que ella lo es, sino también por el cariño que le proceso y porque creo que la voz de la experiencia es un grado a su favor.

 

Acabamos hablando de la mejor solución para el problema que se plantea en estas  líneas, ahí coincidimos los dos: la lectura.

 

 

CARMEN O LA PROFUNDIDAD DE LA MIRADA

 

26.04.2015 Rafael Guardiola Los dictados del tiempo y la implacable posmodernidad han convertido en obsoleta o, cuando menos, evanescente, la figura de “Don Juan”, sea en la versión musical del “Don Giovanni” de W.A. Mozart y Lorenzo da Ponte de 1787, en el personaje D. Félix de Montemar, “El estudiante de Salamanca” de José de Espronceda, o el mismísimo “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla o  “El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra” de Tirso de Molina. El seductor impenitente ha caído en desuso, ya no resulta creíble sino como reliquia mitológica de nuestra cultura, y no creo que seamos muchos los que nos hayamos atrevido últimamente a batirnos en duelo con la prosa del Don Juan del filósofo danés Søren Kierkegaard. El “playboy” del siglo pasado da risa, más que otra cosa, o se ha llegado finalmente a identificar con los siempre erectos protagonistas del porno patriarcal. Pero no me parece que ocurra lo mismo con las herederas del mito de “Carmen”, la Circe europea prototipo de la “femme fatale”.

              

  Para especialistas como Carlos García Gual, siguiendo a Steiner, “Carmen”, a diferencia de “Don Juan”,  tiene un lugar asegurado en la mitología moderna como prototipo de una “mujer fatal” muy completa: es gitana, tramposa, ladrona, cigarrera y aúna dos condiciones muy dispares, la de seductora y la de víctima. La protagonista de la novela corta que alumbró Prosper Mérimée en 1845 y que alcanzó gran notoriedad gracias a la ópera que estrenara G. Bizet en 1875 (una obra idolatrada por el filósofo F.Nietzsche, tras su sonada ruptura con R. Wagner) es una pieza clave dentro del pensamiento romántico y se ha filtrado sutilmente entre los intersticios de la modernidad y el aliento de la vida cotidiana. García Gual nos recuerda en su Diccionario de Mitos, que en Carmen late “un juego de fondo entre la pasión fatal y el ansia de libertad de la gitana, figura más seductora que bella” y exhibe una “arrogancia casi demoníaca en defensa de su libertad, que la lleva a la muerte fatídicamente”.

 

 Carmen se llama la mujer con la que comparto la vida desde hace más de veintisiete años y confieso, ahora que no me oye, que hace honor a su nombre mitológico debido a su coraje telúrico y el relámpago de su seductora inteligencia y su inagotable sed de amor y justicia, capaces de provocar más de un terremoto en los espíritus mejor cimentados. Y Carmen se llama, asimismo, una singular vecina de Churriana que me honra con su amistad y honra también con una elegancia aristocrática a la etnia gitana. Los ancestros de mi amiga proceden del norte (como le sucede al personaje de Mérimée) y la sabiduría heredada de su madre y de su tía, maestra en Ojén, y su infancia marbellí, han perfilado la profundidad de una mirada limpia y penetrante, difícil de olvidar, que nada tiene que ver con cigarreras, ladronas y tramposas.

 

 Mi amiga Carmen es capaz de sonreír con sus ojos kilométricos y seducir con su arte, con la belleza de su baile milenario, con ese oleaje racial que le hizo visitar, siendo muy joven, numerosos rincones del mundo, con su vitalidad desbordante, con la vitalidad portentosa de una niña que juega con el movimiento, la música y el viento. Carmen me habla de la frialdad de Belgrado, la sencillez y el calor de la gente de Marruecos, las ventanas abiertas de Dinamarca o de Noruega, de cómo no pudo ir a Osaka, de mil y una anécdotas engarzadas en un inmenso collar de afecto. A Carmen le gusta pensar que sus raíces están en la India. Y yo pienso que comparte con la gitana sevillana de Mérimée y de Bizet su porte seductor y su vocación libertaria, no así su pasión fatal. Carmen se da cuenta de que hoy estoy triste, aunque trate de disimularlo, me ofrece un huevo de gallina recién puesto para que disfrute del calor que desprende, me invita a saborear el hinojo silvestre como si se tratase de un experimento científico, se alegra por todo y por todos, y es capaz de reconocer el imperceptible embarazo de una joven, por el simple brillo de los ojos, a pesar de las innumerables prendas que ocultan su estado. Carmen venera espontáneamente y sin tapujos la sabiduría de los mayores y es la viva imagen del “carpe diem” del poeta romano Horacio, dos rasgos del pensamiento gitano, según nos recuerdan los antropólogos, que valoro especialmente.

 

Como si de la bandera gitana se tratase, mi amiga Carmen se mimetiza con ella cuando no deja de repetirme que el azul del cielo es su techo (aunque siempre ha porfiado por que sus hijos tuviesen un techo firme y sin fisuras), y que Dios está en todas las cosas, como reza el panteísmo que profesan en la India. Carmen entona también a mi lado una constante oda a la naturaleza, se embriaga con el verde casi irreal de un prado, a los pies de una escarpada montaña, cerca del Torcal de Antequera, todavía con el sabor a fresco del hinojo en nuestras bocas, compitiendo con las meditadas palabras de Schiller que inspiraran a Beethoven en su Novena Sinfonía. Y con una elegante sencillez y la espontaneidad de su arte es capaz de atrapar un pensamiento nómada confesándome uno de sus secretos más queridos: sueña con que la vida le permita comprarse una sofisticada y cómoda caravana que le permita, cuando deje a un lado las fatigas del trabajo, recorrer todos los prados de la tierra con la inmensa fuerza que da a la sangre el ansia de libertad.

 

 

 

MAL PASO MAÑANERO

 

27.03.2015 Pepe Cabrera Es muy reconfortante y estimulante salir de casa por la mañana al empezar el día presto para la lucha diaria y pisar una caca de perro recién depuesta fresquita y pegajosa.


Ante este imprevisto suceso se tiene dos opciones:


Opción “a”: acordarte como poco de la familia del propietario del chucho y empezar el día con un inesperado calentón, habida cuenta de que hoy precisamente vas tarde al trabajo y pones de cuarta y media el civismo, la ciudadanía y los valores humanos de tus conciudadanos con la consecuente subida y aumento de tu presión arterial.


Y opción “b”: dar gracias a Dios y sentirse gozoso por haber tenido la suerte de pisar mañaneramente una caquita empatizando ipso facto con el perrito y su dueño, pues en definitiva todos somos criaturas de Dios y a fin de cuentas puede que haya sido tuya la culpa; pues bien podrías haber tenido más cuidado y no posar torpemente tu zapato sobre ella; y seguidamente, ponerte a buscar sin dilación un vendedor de la ONCE o cualquier oficina de apuestas del estado pues sientes que la llamada de la diosa fortuna puede estar tocando a tu puerta en este día tan glorioso.


En la mayoría de los casos la opción “a” sería la elegida por la buena parte de nosotros, simples mortales, y es que en el pasaje Maestro Soutullo esquina calle Doctor Ramos Acosta (lugar del suceso, justo al ladito de mi casa) las deposiciones anónimas van ocurriendo con bastante frecuencia.


En las calles y pasajes peatonales, ante esta circunstancia de ahora en adelante deberíamos por los que allí vivimos (por favor no molestemos al Ayuntamiento en estos desconsuelos…) señalizar con “carteles informativos” invitando a que los dueños de los perros los traigan y los suelten para que depongan sus excrementos y así poder gozar, todavía más, de una decoración de lo más natural. Y como es sabido que el género humano tiene tendencia a reaccionar de manera contraria a lo que se le sugiere con este golpe de efecto podremos conseguir que el dueño del can anónimo mañanero pase de largo y no le siga sirviendo el pasaje (en este caso el mío) como aliviadero matinal.


A fin de cuentas ese cúmulo de bacterias, parásitos y otros patógenos no nos debería preocupar demasiado que se desperdiguen por las vías públicas pues los niños juegan cada vez menos en las calles.


Y es que el peso de una bolsita de plástico debe ser una carga sumamente pesada, y supone mucha dificultad prender el “regalito” con la bolsa vuelta depositándolo en el contenedor de basura, que no en papeleras, y que por el contrario en un acto altruista desmedido y sin esperar nada a cambio se prefiere ir regalando presentes por toda la vecindad.


Nuevamente quedo sorprendido y agradecido con este claro y desmedido ejemplo de generosidad humana.

 

LA INVESTIDURA DE VIRGILIO

 

22.03.2015 Antonio Villalba Moreno El sábado tuve el privilegio y la suerte de asistir a un acto solemne de una Academia en un lugar emblemático en el centro de una ciudad preciosa. La ciudad es Málaga; el lugar la Casa del Consulado, sede de la Sociedad Económica de Amigos del País, Monumento Histórico Nacional; la Academia es la Andaluza de la Historia; el acto fue la sesión de investidura como académico de un Doctor en Historia Medieval: Virgilio Martínez Enamorado.

 

Voy a atreverme esta semana a hablar de un eminente arabista. Tengo la fortuna de contarlo como un amigo muy querido y, sé de buena tinta, que algunos de los lectores de este periódico lo conocen, lo aprecian y saben de su valía. A pesar de su enorme sabiduría y su brillante currículum, no presume de ello, aunque a veces le traicionan sus conocimientos. Por su visceralidad, se ha granjeado alguna que otra enemistad, pero no puedo redactar la columna sin reseñar que el “puñetero”, es ameno, simpático, y muy querido en todos los círculos en los que se mueve.

 

Como estarán viendo, lo difícil para mí va a resultar ser objetivo en estas líneas, por tanto intentaré que las mismas sean una breve descripción de la ceremonia y de paso hago partícipes del evento a los conocidos que no supieron del mismo, o sí lo supieron y no pudieron asistir, o sabiéndolo no asistieron.

 

Tras la presentación por el Presidente y el Secretario, dos miembros de la Academia abandonan la sala donde estamos. Al cabo de unos instantes aparecen acompañando al futuro miembro, el público aplaude, tras el saludo y el preámbulo comienza la exposición. El título del discurso de ingreso es “Takurunna, el país de los Nafza: una cora andalusí desentrañada”.

 

Yo cierro los ojos durante unos segundos y lo veo en el antiguo Colegio San Agustín, en una de sus vetustas clases rebatiendo al profesor Fernando Wulff algo sobre los hititas; o en pantalón corto con nuestro equipo de futbito, curiosamente “Los bereberes de la Tropopausa”, que, todo hay que decir, alcanzó un meritorio tercer puesto en una de las temporadas de la liga de Filosofía y Letras; o discutiendo con un taxista en Atenas rumbo a la estación en el interrail del verano del 85. Mientras, el orador habla de las tribus de los Nafza; del asentamiento de clanes beréberes; del emplazamiento de Takurunna; del Cortijo Nina Alta; del territorio en el término de Teba. Al cabo de tres cuartos de hora oigo que Virgilio dice que el discurso toca a su fin y todos volvemos a aplaudir.

 

Después, toma posesión de su plaza como Numerario en esta Academia Andaluza de la Historia. Es entonces cuando una colega suya, Dª Gloria Lora, contesta con su discurso de réplica y la oigo decir que el Dr. Martínez Enamorado ha impartido cursos en distintas Universidades; que, actualmente dirige siete tesis doctorales; que ha participado como autor o coautor en unas 300 publicaciones; que ha colaborado en 8 campañas arqueológicas... y yo vuelvo a trasladarme al pasado para verlo exponiendo su tema en las oposiciones de instituto (que aprobó); o meses antes, compungido y desolado en el cementerio de Casabermeja en el entierro de su padre; o perdidos en las carreteras del Atlas en nuestro viaje a Marrakech del 93.

 

Acaba el acto con el himno de Andalucía, que los asistentes escuchamos con emoción. Todos felicitan al protagonista de la jornada tras la formalidad, solemnidad y parafernalia de la ceremonia, pero los que tratamos a este singular personaje sabemos que, quizá, estará deseando que termine para despojarse de la chaqueta y la corbata que tan bien ha lucido en este día tan especial.

PALABRAS EN EL DESVAN

 

“Aunque no escribas estás escribiendo. La imaginación narrativa no se alimenta de lo inventado sino de lo sucedido. Cada hecho menor o trivial que uno vive o que uno descubre en sus indagaciones puede ser un hallazgo valioso.” Antonio Muñoz Molina en su novela “Como la sombra que se va”

 

11.03.2015 Antonio Villalba Moreno Ya va siendo hora de retomar esta sana costumbre de redactar, al menos, un artículo al mes para el periódico digital de Churriana. Para ello tomo prestado anécdotas propias o cercanas y las desarrollo a mi antojo o donde la escritura me va llevando. En esta ocasión lo ha hecho una compañera. Nos estaba contando lo ocurrido con su hijo.

 

Según nos detalló, lo vio preocupado delante de los deberes. Al preguntarle qué no comprendía, cogió el cuaderno y leyó el problema que el profesor de Matemáticas le había planteado. Un tendero de un comercio de comestibles vendía varios kilos de distintas frutas a diferentes clientes de forma que debía dar con una solución algo complicada. La madre, diligente ella, se disponía a explicarle las operaciones que debía realizar para dar con la solución, cuando su hijo le dijo:

 

— No mamá, no te preocupes. Si ya sé el resultado. Lo que no entiendo ¿qué es un tendero?

 

Todos nos reímos y recordé una escena parecida con mi hijo y su abuelo. Se llevaban muy bien y en una de las tardes en que estaban juntos, Paco, mi suegro, estaba sentado en su sillón favorito, al ver a Antonio, su nieto, rondando por la salita, le pidió que fuera a su dormitorio y le trajera el transistor que se encontraba en la mesita de noche. Hacia allá se dirigió el niño, al cabo de un buen rato, apareció muy preocupado:

 

— Abuelo, he estado buscando en todo el cuarto y allí solo hay una radio pequeña.

 

Son anécdotas graciosas que tienen, muchas de ellas, como protagonistas a los niños y, además, se les puede sacar partido. Es normal que Miguel, el hijo de mi compañera, apenas conociera la palabra tendero, puesto que si, alguna vez va de compras, lo hace acompañando a sus padres a alguno de los supermercados de las cadenas que todos conocemos, donde el contacto es con las cajeras. Ya se ha perdido la labor social que se realizaba en las tiendas de los pueblos, el trato con los vecinos, la charla con estos dependientes atentos y cariñosos que escuchaban las penas y alegrías de sus clientes mientras los atendían amablemente.

 

Es muy probable que Antonio, cuando era pequeño, no hubiera oído hablar de la palabra transistor. Era un sinónimo que no había utilizado hasta esa tarde en casa del abuelo, sin embargo, nuestros mayores, sólo utilizaban ese término para las radios pequeñas. También los de nuestra generación. De hecho hay una noche inolvidable que periodísticamente aún tiene ese nombre, “La noche de los transistores” (23-F).

 

El lenguaje está vivo, se va renovando, son muchas las palabras que ya no se utilizan, y otras están en desuso como las protagonistas de esta columna. El recuerdo de ellas agita la memoria para trasladarnos décadas atrás, cuando aún algunos éramos jóvenes.

 

PRIVILEGIOS Y AVENTURAS

 

08.03.2015 Rafael Guardiola Al tiempo que me entero que el brillante escritor y neurólogo británico Oliver Sacks se despide de la vida en un magnífico artículo publicado el 19 de febrero en 'The New York Times', leo que un vidente alemán, de nombre Ulf Buck, afirma poder predecir el futuro leyendo las líneas de nuestras nalgas. Y es que la vida está hecha de contrastes y hasta de contradicciones dialécticas hegelianas. Dualidades en las que me refugio los últimos años para intentar que mi alumnado se sumerja en las profundidades del océano filosófico. Con una gravedad desproporcionada, eso sí, y con apariencia de solidez, hablo a mi bullicioso auditorio adolescente sobre Eros y Thanatos, sobre el impulso erótico y la freudiana pulsión de muerte, como las cosas más importantes sobre las que conviene estrujar las meninges cerebrales. Dicho esto, lanzo la pregunta: ¿de qué queréis que hablemos, de sexo o de muerte? Como se pueden imaginar, el sexo gana por goleada. ¿De qué quieren que hable, del cáncer terminal de un lúcido neurólogo o de nalgas? Me imagino que si este artículo tuviera como título “Sexo gratis” habría llamado a la puerta de más lectores, y recogido la lucrativa cosecha mediática del esperado estreno de la película “Cincuenta sombras de Grey”. Siento decirles que lo que sigue va sobre videntes y científicos y, si me apuran, sobre un tema sesudo: el sentido de la vida.

La minuciosa lectura de un culo ajeno (la “culomancia”) con la recompensa de otear nuestro oscuro futuro entra en el campo, igualmente oscuro, de las técnicas para generar profecías. Muy al contrario, la obra de Oliver Sacks –que incluye éxitos editoriales como Despertares, Un antropólogo en Marte o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero- tiene un valor divulgativo sobre los misterios de nuestro querido cerebro y una clara vocación científica en el campo de la neurología, y apuesta sin tapujos por las virtudes de la predicción científica en la práctica del método hipotético-deductivo. La predicción científica nos permite poner a prueba las hipótesis y el control e incluso la modificación del devenir de los acontecimientos. Pero no se limita a afirmar, como en las profecías, “ocurrirá x”, sin más. Esto es lo que sucede cuando afirmamos “El Partido de Angela Merkel ganará las próximas elecciones generales –porque su lideresa tiene una larga línea transversal que surca su nalga izquierda-“. La predicción científica se fundamenta sobre leyes (aunque no sean absolutas, sino enunciados probabilitarios) y sobre informaciones específicas fidedignas, relativas a lo que sucede o sucedió en el pasado. Así, podríamos decir: “como todos los cuerpos sólidos se dilatan con el calor y las nalgas de Angela Merkel son, sin duda, un cuerpo sólido, si ponemos a calentar estas últimas con una poderosa manta eléctrica fabricada en Grecia, podremos constatar su dilatación” (si puedo, no seré yo quien haga semejante comprobación).

Les sugiero “pasar del mito al logos”, como en la Grecia del siglo VI antes de nuestra era, acceder a una conciencia madura, tirando a la papelera la “conciencia profundamente mistificada” que reina más de la cuenta en los estados cerebrales ordinarios del ser humano de hoy y nos anima a encontrar las huellas del presente y del futuro en las líneas del trasero. Esta es la invitación que hace el antropólogo norteamericano Marvin Harris, entre otros, en el prólogo de uno de sus libros más leídos en Europa. Nuestro gusto por el misterio y los placeres de la imaginación se alía con la ignorancia, el miedo y la necesidad de los poderosos de enmascarar las desigualdades sociales creando una conciencia onírica colectiva para perpetuar su control de los resortes del poder y la miserable lógica de la explotación.

Sacks nos devuelve nuestra humanidad reflexionando a pecho descubierto sobre la enfermedad y la muerte. Y lo verdaderamente “inhumano”, por paradójico que pueda parecer, no es la muerte, sino la enfermedad. Epicuro de Samos nos recuerda que no hay que temer a la muerte porque, cuando vivimos, ella no existe para nosotros. Y cuando morimos, ya no tenemos vida para que nos produzca ningún tipo de sufrimiento. Ante la muerte, Sacks no quiere huir sino “despedirse”, sin tragedias: “Me encuentro intensamente vivo -escribe- y quiero y espero que el tiempo que me quede por vivir me permita profundizar mis amistades, despedirme de aquellos a los que quiero, escribir más, viajar si tengo la fuerza suficiente, alcanzar nuevos niveles de conocimiento y comprensión. Esto incluirá audacia, claridad y hablar con franqueza; trataré de ajustar mis cuentas con el mundo. Pero también tendré tiempo para divertirme (incluso para hacer alguna estupidez)”. Quién sabe, tal vez nos sorprenda el gran Oliver Sacks haciendo próximamente un viaje relámpago a Alemania para someterse a una intensa sesión de lectura de glúteos.

El problema está en la enfermedad, en la que tenemos o tendremos cada uno de nosotros y que nos convierte, en mayor o menor medida, en diferentes momentos de nuestra existencia o de modo permanente, en discapacitados. No se trata tanto de “curarse” de la enfermedad que desestabiliza nuestro cuerpo serrano, nuestra adaptación al medio, sino de “aprender a vivir con ella”, de volver a definir nuestra existencia y nuestra interpretación del mundo a partir de la enfermedad. ¡Ahí es nada! Sacks confiesa que convive diariamente con el miedo ante la cercanía de la muerte, pero su sentimiento dominante es “la gratitud”: “Por encima de todo, he sido un ser con sentidos, un animal pensante, en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura”.

 

 

SEDUCIENDO AL SILENCIO

 

22.02.2015 Rafael Guardiola La kilométrica tela de araña que ayer tejió en el Teatro Cervantes de Málaga con su arpa la sevillana Cristina Montes (1984) sería capaz de resistir la furia indómita del viento en Churriana. Cristina se licúa entre las cuerdas apoderándose de la partitura de Reinhold Glière, se enrosca como una columna salomónica en el baldaquino de los sueños, seduciendo al silencio con una elegancia que se respira, se abraza amante a la maternal madera que da cobijo a éstas con la inocencia propia de una niña con coletas perfectas, y edifica el inmenso poder de la vida con la fragilidad de sus dedos de acero.

 

El director Josep Vicent dibujó, gracias a Mussorgsky y Tchaikovsky, una coreografía envolvente, trazando líneas imaginarias en el aire, llenando el espacio con su presencia ausente, como si fuese capaz de tocar todos los instrumentos, extrayendo su codiciado néctar, libando de sonido en sonido con una alegría desbordante. Doy fe de que su alegría y la juventud de sus gestos son contagiosas. Hoy me he despertado poseído por el cuarto movimiento de la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky y he caminado rápidamente para acariciar la batuta con la que dirigía mi padre, ese insignificante trozo de maternal madera con el que yo jugaba de niño, soñando que algún día dirigiría una orquesta amante, capaz de realizar la alquimia que la música genera combinando las matemáticas con el insondable mar de los afectos, subido a un pequeño taburete que empleaba mi madre para tocar el piano, al tiempo que giraba el vinilo y los vecinos se acordaban de mí. Y ese momento mágico en el que la arpista tendió su mano al director y éste bajo de la tarima para besar castamente sus mejillas, me recordó inevitablemente el abrazo en el silencio que mis padres tejieron en sus vidas gracias a la magia de la música.

A POR LA COPA

 

“Si uno mira al pasado, en todo ve un indicio, un vaticinio, una advertencia”. Luis Landero en su novela Retrato de un hombre inmaduro

 

Ha llegado el gran momento de la temporada.

 

13.02.2015 Antonio Villalba Moreno Hace 14 años aún no se había ganado ningún título. Se presentó una oportunidad con la celebración de la Copa por primera vez en Málaga. Yo estaba en el Martín Carpena con mi hijo viendo los cuartos de final de Unicaja contra el Madrid. Habíamos presenciado los tres encuentros anteriores, el ambiente era increíble. Todavía puedo saborear aquellas sensaciones. Recuerdo a la demencia cantando: “estamos hasta los huevos del Barça y del Madrid”. Mi hijo también. Tenía 6 años y al oír el estribillo me miraba sonriendo, él no decía palabrotas. Esta frase ya se ha hecho común pero entonces acababa de implantarse. Se perdió tras un final muy igualado. Aún siento la punzada de la derrota pero, sobre todo, recuerdo el esfuerzo de mi niño para contener el llanto, aguantó a duras penas. Su decepción me hundió un poco más. Ni siquiera se acercó el sábado a ver las semifinales, aunque sí vio ganar a Pau y a los suyos la final.

 

En 2007 hubo otro intento que no se pudo aprovechar. Desde el principio las posibilidades de derrotar al Barcelona fueron nulas.

El año pasado se presentó de nuevo la ocasión, era la tercera vez que se celebraba en Málaga la Copa del Rey, había comunión entre equipo y aficionados después de un lustro desilusionante, pero la sorpresa saltó y el CAI nos eliminó.

 

Está visto que nos cuesta ganar un título en nuestra casa. Tenemos tres en las vitrinas y en todos ellos el partido decisivo se celebró fuera. El único de Copa fue hace una década, en Zaragoza. Ya va siendo hora de conseguir otro, así que, quizá, este año tengamos una nueva oportunidad: Gran Canaria. ¿Hay algún lugar más lejano en territorio nacional para conseguirlo?

 

Leí, en un artículo de David Trueba, que la justicia poética no existe y que nos tenemos que conformar con la otra, que tampoco se inclina siempre hacia donde debería. Nosotros la hemos probado varias veces en nuestras carnes. Me estoy poniendo en situación desde que acabamos líderes en la primera vuelta. La próxima semana quiero disfrutarla desde el primer partido. Esto no ocurre todos los años. Esta temporada estamos dando guerra a los gigantes futbolísticos. No somos ni el Barça ni el Madrid. No estamos en disposición de ganar un título cada año. Y por eso, porque soy del Unicaja, porque yo sí creo en la justicia poética, porque aunque no escriba poemas soy un poeta y, también, porque la vida le debe un alegrón a aquel niño de 6 años que ahora estudia Ciencias del Deporte, tengo la sensación de que vamos a ganar y porque sí, ¡Cojones! ¡Arriba Unicaja!

 

 

 

EL ENCUENTRO

 

08.02.2015  Rafael Guardiola Llegó el avión con los primeros rayos del sol, sobrevolando una agridulce mixtura de ilusión y miedo. Nuestras miradas nerviosas se cruzaron, por fin, en la magia del encuentro. Quería besar tus labios de sal y fruta fresca, persiguiendo con mis gestos un mar rotundamente abierto, pero tú abrazabas un cálido refugio al abrigo de la luna más secreta, fundida, amante, con mi pecho despierto y orgulloso. Y la vida amaneció, desde entonces, con sus brillantes luces y sus pálidas sombras, como un beso infinito al que, hasta dormidos, nos abrazamos verso a verso.

JUICIOS PRECONCEBIDOS

 

03.02.2015 Antonio Villalba Moreno

 

"Uno se cree que sabe algo y entonces descubre que no sabe nada y ahí empieza a aprender de verdad” Clara Sánchez en su novela Presentimientos

 

Primer domingo de febrero. Hace fresco pero el sol luce, después de unos días inestables a los que no nos acostumbramos los del sur. La mañana es preciosa. Después de casi una semana con gripe, me decido a sacar a mi perro a dar un paseo. Al cabo de unos minutos me encuentro con un vecino con el que entablo una breve conversación. Al despedirse, con asombro por mi parte, me dice que está esperando mi próxima columna en EL MIRADOR, pero que no me ponga tan pesado con la Casa de Gerald Brenan.

 

Me dejó pensativo, sorprendido y, porqué no decirlo, con un aura de vanidad que me hizo sonreír. Me dispuse a buscar un tema para este artículo que trascribo. Al menos, sabía de qué no iba a tratar. Me acababa de dar una idea para desarrollar: los juicios preconcebidos. En mi vida habría pensado que este conocido, al que llamaré Paco para preservar su identidad, es un lector empedernido según pude enterarme con posterioridad, pero no tiene pinta de ello. ¿Es que las personas con ganas de leer tienen que tener gafas redondas, deben portar libros bajo el brazo y participar en debates literarios de clubes de lectura?

 

Funcionario es igual a vago. Político a corrupto. Taxista a sinvergüenza. Así un sinfín de etiquetas. ¿Tenemos que superarlas con nuestra propia experiencia o sería necesario hacer un ejercicio consciente y predisponernos a olvidarnos de ellas?

 

Ocurre con los inmigrantes. Porque algunos, e incluso muchos de ellos, hayan delinquido no podemos encasillarlos como ladrones a todos ¿Quién no tiene algún amigo o conocido extranjero trabajador y responsable?

En los años 80 y 90 ocurría con los vascos. Había una tendencia muy arraigada en la que se metía en el mismo saco a todos ellos, y se les acusaba de etarras, obviando que la mayoría de las víctimas de ETA eran, precisamente, sus propios paisanos.

Ahora nos ocurre con los musulmanes. “Todos son terroristas”, porque a unos yihadistas se les ocurre asesinar a mansalva en nombre del Islam, interpretando el Corán a su antojo y conveniencia.

 

Del mismo modo, yo caí en una de esas dichosas etiquetas al encasillar a Paco dentro de los estereotipos de un grupo, sin considerar siquiera su individualidad. Este señor, albañil en paro, me dio la idea del artículo de hoy.

 

Antes de publicar la columna tuve la deferencia de enviársela a Paco. Me sugirió que, por favor, le cambiara el nombre y el oficio. Además me dijo que usa lentillas, tiene más de mil títulos en su e-book y es un asiduo de las tertulias de internet.

 

 

 

 

        LA INTERPRETE

 

 

 

        02.02.2015  Rafael Guardiola Y llegó la intérprete. Escondida tras unas enormes gafas de concha, una triste, oronda y menguada figura se detuvo en el quicio de la puerta de la habitación 413 del Hospital Universitario, y su ronca voz traspasó, no sin dificultad, los labios pintados con un carmín desbordante de un intenso color rojo que formaba una especie de costra. “¿Hay algún extranjero aquí”? espetó a los presentes. Dentro de este extraño lugar, azotado por las huellas que la desidia deja en lo público, una ciudadana británica aficionada al turismo sanitario mostraba, tumbada en la cama, a la par, su pálida desnudez, sin ningún recato, bajo una ligera sábana, manteniendo las rodillas flexionadas y su puerta de jade expuesta a la vista de los ancianos que deambulaban por el pasillo, dado que el acceso a la habitación permanecía tan abierto como sus vergüenzas. Una visión paradisíaca que hacía las delicias de los amos del pasillo, quienes lo recorrían compulsivamente, a velocidad de crucero, arrastrando portasueros y andadores con repisa azul celeste, esperando algún tipo de recompensa para los sentidos con la que mitigar el miedo y el aburrimiento.


                        La sonrosada vulva de Hannah Green, coronada por una generosa mata rojiza de vello púbico se reflejó rotundamente, tan apetecible, en las pupilas dilatadas de D. Jacinto, un enjuto y disciplinado sexador de pollos que gozaba de las mieles de la jubilación desde hacía más de dos décadas. Como era de esperar, el pobre D. Jacinto había renunciado, hace muchos años y muy a su pesar, a los placeres de la carne, y tan beatífica experiencia visual estuvo a punto de provocarle una crisis cardíaca morrocotuda. Evidentemente, ninguna de las pacientes foráneas pudo responder, ni bien ni mal, a la aguda pregunta de la intérprete. Respondió por ellas el misterioso acompañante de Dña. Luz, un sufrido docente de mediana edad, barbado y tan calvo como una bombilla de las de antes, y un tanto redicho a los ojos de lo que Voltaire denominaba “la canalla”, que se refugiaba en la corrección de un puñado de exámenes de Inmanuel Kant, ese filósofo alemán bajito y cabezón, aficionado al abadejo del Báltico, los cielos estrellados y el poder inconmensurable de la ley moral. “Las personas que no entienden la hermosa lengua castellana –declaró la luz de Dña. Luz haciendo uso preciso de la ostensión- son esta octogenaria desdentada y despigmentada, Dña. Molly Penthouse, y aquella hermosa joven (a la que señaló tembloroso, mirando hacia otro lado, con falso pudor, debido a su secreto voyeurismo), que se hace llamar Hannah”. “Muchas gracias”, respondió la intérprete, con cierto desdén y la vitalidad propia de una coliflor, rascándose la asquerosa protuberancia velluda que presidía su barbilla, e iniciando una conversación de libro de texto con sus postradas víctimas.


                        Federico Lapo, que así se llamaba el hijo de Dña. Luz, contuvo el aliento al ver a D. Jacinto tambaleándose, sujetando a duras penas, con la mano derecha, una bolsa llena de orina sanguinolenta, al tiempo que clavaba sus ojos casi orientales en los sugerentes y procelosos pliegues de la anatomía de la Srta. Green. Afortunadamente, D. Jacinto pudo mantener el equilibrio, ahorrándose una nueva operación de cadera. “Menos mal”, pensó Federico, “es lo que me faltaba, por los clavos de Cristo. No sé si podré resistir tanto infortunio, ese cruel destino que salpicó sin piedad la existencia de Edipo, Job o Cándido.

         

          Para que luego diga Leibniz que estamos en el mejor de los mundos posibles, sin que se le mueva un solo rizo de la peluca”.

        

         Y es que horas atrás, el ilustre profesor Lapo había creído tocar las mismísimas llamas del infierno merced a una horrible visión.

 

         De la Unidad de Cuidados Intensivos había visto salir, como si se tratase de una peonza, una versión ibérica, bastante pálida y harto rolliza, del ama de llaves de “Lo que el viento se llevó”, tocada con un gorro quirúrgico verde y los brazos como auténticas chistorras. Temió seriamente por su vacía y metódica vida. “Si no salgo corriendo ahora mismo –pensó- me parece que voy a ser abducido por un grupo de alienígenas sodomitas o una procesión de albóndigas asesinas”.


         Siento un intenso escozor en el pliegue del codo derecho, el penetrante olor del desinfectante y las palabras entrecortadas de un anguloso rostro masculino que se difumina ante mis párpados, poco a poco. Mis párpados se rinden, me pesan, se descuelgan a jirones de mi ser, con el mismo brío de una canción de Leonard Cohen y el salero de un Canto Gregoriano.

         

          Un sopor infinito se apodera de ese “yo trascendental” sobre el que escriben torpemente algunos de mis alumnos, con el verbo de un piel roja, e inicio un prodigioso periplo por los sucios intersticios de la inconsciencia, gracias al poder del anestésico, contemplando con los ojos cerrados el fascinante espectáculo de la vulva sonrosada de Hannah Green, mientras los cirujanos se afanan en extirparme una víscera sana. Con las prisas, se han debido pensar que soy Federico Lapo. Y llegó la intérprete.

 

Rafael Guardiola Iranzo

 

SESION DE PALOMITAS

 

25.01.2015 José Cabrera Me gusta el cine. Todo el cine. Decir “el cine de antes es mejor que el de ahora” o “el mejor cine es en blanco y negro” es como atrapar mariposas con guantes de boxeo. Películas buenas y malas las ha habido antes y las hay ahora. He de reconocer que siento predilección y debilidad por las películas de la época clásica del cine: hasta finales de los 60 (según algunos entendidos incluso películas de principios de los años 70)


Ahora se hacen buenas películas que con el tiempo podrán llegar a considerarse como clásicos del cine a la altura de “Casablanca” o “Lo que el viento se llevó”. Mi gusto por el cine clásico no solo viene dado por la calidad de las películas sino también por la forma de hacerlas (un tanto más artesanas), su forma de rodarlas, los decorados, la música. Las diferentes formas de acoplar todos estos elementos es lo que le otorgan al cine clásico un halo distintivo y casi divino que hace que difícilmente me provoque aburrimiento.


No dejo de hacerme preguntas cuando veo estas películas ¿Cuál es el significado de la palabra “rosebud” que pronuncia George Foster Kane en “Ciudadano Kane” al morir? ¿Qué tiene la escena del carrito en las escaleras de Odesa de la película El acorazado Potemkin para que haya sido tan imitada? ¿Por qué me inquieta o me fascina la cara de bulldog de Edward G. Robinsson? ¿Qué tiene de particular “Vértigo” “El halcón maltes” “El tercer hombre”… para que después de verlas muchas veces me sigan gustando?


Llego a la conclusión, pues, de que la curiosidad es un elemento importante para explicar mi afición al cine clásico. Ese espíritu de niño en el que la condición indispensable es ser curioso para ir descubriendo el mundo que nos rodea. Eso, y la suerte de haber sido alumno del admirado Don Domingo, que allá por el inicio de los 80 tuvo la gran idea de ayudarnos a crear un pequeño cineclub a los exalumnos de colegio Ciudad de Jaén (él traía de Málaga las películas que veíamos, y que comentábamos entre todos una vez terminada la proyección), a partir de esta inoculación directa en vena del virus del cine y después de haber visto lo mejor del cine clásico sigo con esta dolencia cuasi onírica.


Lo que en realidad me sucede cuando veo una de esas películas es que me imagino delante del escaparate de la joyería Tiffany’s desayunando con Audrey Hepburn. Oasistiendoen primera fila a una actuación de Rita Hayworth quitándose sensualmente un guante. O sintiendo la tragicómica angustia de Nino Manfredi cuando llega la hora de ajusticiar al reo en “el verdugo” de Berlanga. No es que piense que estoy ahí… ¡Es que estoy ahí!


Es difícil explicar la acumulación de sensaciones placenteras que para algunos nos supone disfrutar de cualquiera de estas películas.


Para los amantes del cine clásico: una buena tarde de domingo, a poder ser de invierno, acomodado en un buen sillón o sofá, sesión de manta o chimenea, la mirada fija en la pantalla y un bol de palomitas de maíz. ¿Quién da más? Puede llegar a ser comparable al placer que uno siente cuando te rascan la espalda o a que te den la razón en una acalorada discusión.

 

¿TODOS SOMOS CHARLIE?

 

25.01.2015 En una viñeta de un periódico que ha visto la luz hace pocos días, se ve a dos orondos personajes encorbatados y cómodamente sentados en sendos sillones. Uno de ellos lanza al espacio su genial ocurrencia: “Matar por motivos religiosos es salvaje. Lo civilizado es matar por motivos económicos”. Se nos olvida con demasiada frecuencia que las víctimas de las guerras “preventivas” de la OTAN del pasado, del presente y del futuro, o de las ilustres coaliciones internacionales que se han reclutado y reclutan en busca de armas de destrucción masiva o del eje del mal, como si de una película de James Bond se tratase, “también son Charlie”, tan “Charlie” como los amantes del humor de la revista Charlie Hebdo que han perdido sus vidas en un acto abiertamente irracional. Y se nos olvida también, como dice el chiste, que la motivación principal que impulsa en Occidente los actos de violencia institucionalizada es de naturaleza económica. Todo esto no hace más que poner de manifiesto nuestra desmedida y occidental hipocresía, como me recuerda a través del ciberespacio un antiguo alumno, Otman Fouki, quien ha sentido más de una vez, en su propia piel, por su origen magrebí, el recelo europeo. Nuestro Emperador, Barack Obama, al saludar recientemente al primer ministro británico, David Cameron en Washington nos ha dado un tirón de orejas –mira quién fue a hablar de orejas-, recordándonos que Europa debe integrar al Islam, porque la causa de los problemas del presente tienen que ver con que “los musulmanes no se sienten europeos” y que “es importante para Europa no responder únicamente con la fuerza”. Dado que es esta última vía, la de la fuerza, la que han empleado con más frecuencia los Estados Unidos de América, parece como si Obama fuese José Luis Moreno con su cuervo Rockefeller repasando en voz alta la lista de la compra, en pleno ejercicio del manido refrán “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Pero la cosa no tiene gracia. Hay demasiada hipocresía en las declaraciones de nuestros señores feudales, como me recuerda mi amigo Otman, y es un hecho que “estamos en guerra”, en una guerra no convencional, en una guerra que no se parece en nada a los videojuegos.


Haciendo bandera de las tesis del eminente sociólogo Émile Durkheim, que vivió a caballo de los siglos XIX y XX, hay quien ve en los vínculos solidarios que crea el hecho de tener un enemigo común, la hipótesis más certera sobre el origen de esa canallada que es la guerra: el grupo que lucha unido, permanece unido (como si no hubiera otros medios menos cruentos para crear lazos fraternales en el todo social, como la pasión por el fútbol –aunque tengamos que taparnos los oídos para no escuchar el bramido de Cristiano Ronaldo en la ceremonia de entrega del “Balón de Oro” sin que se nos caiga hasta la dentadura postiza). Un argumento utilitarista del corte de aquel que defendiera Voltaire: “si Dios no existiera, habría que inventarlo”, simplemente, por ser un factor de cohesión social. Otros nos invitan a rastrear los orígenes de la guerra en nuestra propia “naturaleza”, en nuestra humana condición. Como animales que somos, a Dios gracias, debemos aceptar nuestra connatural agresividad, nuestra freudiana pulsión de muerte, e intentar dar rienda suelta a nuestras pasiones, no sea que nos produzca una peligrosa enfermedad mental. En cualquier caso, ya saben que hay procedimientos mil para desfogar nuestra agresividad sin matar al prójimo. Y hay hasta quien sugiere que la guerra es “un juego”, una estimulante actividad que nos hace gozar al poner nuestra vida en riesgo cuando entramos en combate y que no hay virtudes más formativas que las que imprime la milicia. No sé ustedes, pero yo prefiero juegos más sosegados, aunque sólo sea por mantener la posibilidad de llegar a la edad de jubilación y comprobar si todavía hay dinero en las arcas del Estado para sufragar mi existencia improductiva (en caso contrario, será cuestión de hacerse con una dosis de socrática “cicuta” para despedirme de este mundo cruel). Parece pues que las causas económicas, relacionadas habitualmente con la ocupación de territorios y su ulterior saqueo (por medio del espolio directo o la política impositiva que imponen los vencedores), son mejores candidatas para explicar el origen de la guerra (salvo que nos ocupemos de las que se producen en las singulares sociedades de cazadores-recolectores, en las que apenas se producen bajas y tienen un valor simbólico, ligado a la conservación del hábitat).


Económicas son también las razones que, según Ugo Bardi, un ingeniero químico pionero de la “just right technology” y autor del informe del Club de Roma 2013, han provocado la caída de los precios del petróleo, según se dice en una entrevista publicada en “La Vanguardia” el 17 de enero de 2015. Dicha caída es una hábil artimaña: los países productores de petróleo del Golfo Pérsico renuncian a los beneficios que podrían obtener a corto plazo “a cambio de sacar del mercado a sus competidores del fraking -término que se emplea para referirse a la técnica de fracturación hidráulica para la extracción de gas no convencional- en Estados Unidos, y de arrebatar cuota de mercado a Venezuela, Brasil y sus enemigos iraníes.” Por si fuera poco, el abaratamiento de los combustibles fósiles frena la decisión de los gobiernos de invertir en el desarrollo de las energías renovables. Vengo aquí a dar la razón, por todo ello, al barbudo filósofo alemán decimonónico Karl Marx, ilustre representante de la Sociedad Berlinesa de Amigos de la Juerga y trabajador infatigable: no son las ideas las que mueven este paradójico mundo, como afirmaban los ilustrados bienintencionados del siglo XVIII a la sombra de la Diosa Razón, sino la organización económica y las relaciones sociales de producción que de aquella se derivan. Es más, conviene saber que la filosofía deberá jugar, para Marx, un nuevo papel en la sociedad contemporánea: lejos de pergeñar sesudas interpretaciones del mundo, deberá consagrarse a “transformarlo”, a crear nuevas condiciones de vida más justas, libres, igualitarias y solidarias. Otra cosa es lo que los procesos revolucionarios han acabado haciendo finalmente con semejante diagnóstico desde el siglo XIX hasta nuestros días. Sea como fuere, el humorista al que me referí al principio, sigue la estela de Marx cuando nos recuerda que: “Matar por motivos religiosos es salvaje. Lo civilizado es matar por motivos económicos”.


La reflexión ética es, a mi juicio, una de las mejores formas de frenar la locura que entraña la institucionalización de la violencia y la aceptación resignada de que estamos en un estado de guerra de todos contra todos, viéndonos en el compromiso de darle la razón al pesimista Thomas Hobbes, el agorero propagandista de políticas totalitarias que se complacía reseñando que “el hombre es un lobo para el hombre”. La filósofa Adela Cortina ha ganado recientemente el Premio Nacional de Ensayo 2014 con su libro ¿Para qué sirve realmente la ética?, y la televisión pública ha tenido a bien, aunque sea a horas intempestivas, exhibir una entrevista realizada a la autora sobre su libro. Como me comentó en su día mi “ciberamigo”, el filósofo afincado en Madrid, José María Callejas Berdonés, autor de un interesante libro sobre el uso didáctico del teatro, y un claro ejemplo de pasión docente y entusiasmo infinito, antes de que pudiera ver el programa citado a través de la red (rtve.es), que se planteó en éste un interesante debate sobre la necesidad de la ética en la democracia actual, tanto en su dimensión política, como en su vertiente económica y en la sociedad civil. Para Adela Cortina, es imprescindible que la “Ética” retorne a la ESO y al Bachillerato, puesto que es una pieza clave para la construcción de la ciudadanía auténticamente democrática. La ética no es patrimonio de ninguna idea ni partido político, tiene vocación universal. Pues, como sugiere Kant, la dignidad de la persona humana no tiene precio, sino valor, y además el sentido práctico y rentabilidad de la Ética es notable, dado que previene frente a la corrupción económica y política mejor que cualquier fármaco de última generación o la operación policial más brillante. Adela Cortina, José María Callejas y un sinfín de filósofos abogamos por la elaboración de un proyecto común renovado, caracterizado por un claro compromiso a la hora de erradicar la injusticia social, combatir las restricciones que se imponen a la libertad, y propiciar la apertura de nuevos cauces para la participación de los excluidos de la sociedad de consumo y el pleno desarrollo de la gran asignatura pendiente del antiguo ideal republicano de la Revolución Francesa: la solidaridad.

 

Rafel Guardiola

LA COORDINACION DESCORDINADA

 

20.01.2015 Antonio Villalba

 

Mi compañera María  es madrileña, no lo puede negar, por su acento. Ha tenido la suerte de encontrar un lugar estupendo para vivir: Churriana. De hecho, sus dos hijos son churrianeros, no lo pueden negar: por su acento. Este comentario se lo hacía a ella a principios de diciembre cuando me dijo que iba a ir a la charla del día 12 de ese mes. No me había enterado que Cristina Morató  iba a dar una conferencia titulada “Marga d´Andurain, espía y aventurera en Oriente” a partir de su libro “Cautiva en Arabia” centrada en este personaje tan inquieto.

— Pero será otro día

— Que no, que es el viernes.

— ¿Viernes 12? ¿Dónde?

— Es en la Casa de Gerald Brenan

— ¡Qué raro! Si media hora después mi hermano participa en el Ciclo de “Churriana y su historia” con la ponencia “Los orígenes del baloncesto en Churriana”, en la Biblioteca.

Luego hablamos de las vacaciones y de algún que otro tema que no recuerdo.

Me olvidé de esta conversación hasta que unas semanas después me encontré con mi buen amigo Juani. Nos saludamos, bromeamos y le dije que me extrañó no verlo en la charla que dio su compañero el día 12.

— Sabes que me llegué sobre las ocho a la Casa de Gerald Brenan para oír a José Carlos

— ¡Qué despiste tienes!

— Estuve un rato escuchando a una mujer hablando de una condesa, creo. Cuando me di cuenta que me había equivocado salí de la Sala y pregunté si era allí donde se daba la charla sobre baloncesto

— ¿Y qué te dijeron?

— Que quizá podría ser en la Biblioteca, pero que no tenían el número para confirmarlo. No quise llamar a José Carlos porque pensé que ya habría empezado. Intenté localizarte pero no pude. Entonces pensé que quizá sería en Alhaurín la conferencia, como la última vez, y ya no me daría tiempo. Así que desistí.

— Desde luego. Si te dije la hora, el día y el sitio.

— Ya, pero me despisté con el lugar. Además ¿A quién se le ocurre programar dos charlas casi a la misma hora en Churriana?

— Ahí te doy la razón, porque a mí me hubiera gustado asistir a la de Cristina Morató, tuvo que estar apasionante, pero las preferencias mandan. Por cierto ¿cuántas personas había en la de ella?

— Pues mira, puede que una decena.

En fin, espero que se tenga en cuenta para una próxima ocasión. Hay muchos días en el año para que se hagan coincidir este tipo de eventos en nuestra barriada. Sería interesante poder disfrutarlos sin tener que elegir entre ellos. Si la Casa Gerald Brenan depende del Área de Cultura del Ayuntamiento, en coordinación con el Distrito de Churriana, en esta ocasión no creo que se coordinara mucho, de otra forma no se entiende que los programas se solaparan.

 

TENGO EL PRIVILEGIO DE ESCUCHAR EL MAR

 

Tengo el privilegio de escuchar el mar, aunque no haya nacido en el Mediterráneo, como proclamaba jubilosa a los cuatro vientos una conocida canción. El lenguaje del mar no está escrito en caracteres matemáticos, al gusto de Pitágoras o Galileo, sino con ríos de sal de color esmeralda, la sal de todas las lágrimas descuidadas, las lágrimas de todos los rostros sensibles, los rostros de todos los cuerpos habitados.

 

                Me gusta escuchar el crepitar de tantas y tantas burbujas saladas que quedan varadas en la orilla, con un cosquilleo propio de los mejores caldos espumosos, a merced del abrazo de la tierra y el imperio del astro rey, a pesar de mi vocación republicana. Sueño incluso con el canto seductor de las sirenas, como si pudiera sucumbir ahora mismo a sus dulces cadencias voluptuosas, aprovechando que todavía no ha desembarcado en estos lares la última excursión del IMSERSO, con la infatigable juventud de la Tercera Edad. Y me acuerdo inevitablemente, como el abuelo de la Familia Cebolleta de los tebeos de mi infancia, de la singular escultura de Eduardo Chillida, “La sirena varada”, que pende con insolencia de un puente de Madrid, mi ciudad natal, una ciudad sin mar, sin ríos de sal, pero donde uno puede tomar una “relaxing cup of café con leche”, fabular con sueños imperiales y creer que las sirenas existen y cantan mejor que Enrique Iglesias en medio del asfalto.

 

                Tengo el privilegio de poder acercarme a la orilla para escuchar, en un blando susurro, los secretos del Mediterráneo, e imaginar como un auténtico loco, como un loco de atar, que puedo acariciar la líquida piel del mar, y hasta despojar a éste de sus mejores galas, en un gesto que me hermana con un sugerente lienzo de Salvador Dalí. Llevo bastante tiempo escuchando el eco del canto de las sirenas en esta fascinante mañana de invierno, amarrado a uno de mis mástiles más queridos, al mástil del humor y la inteligencia que, en definitiva, son una y la misma cosa, como el ser y el pensar en Parménides de Elea.

 

                Y no dejo de oír el llanto amargo de una civilización que se desangra en manos de la codicia de los mercaderes y oligarcas de guante blanco y tarjeta black, y los deseos imperiales de los devotos de la estupidez y la intolerancia, aquellos que confunden la justicia con la forma en que se saldan las cuentas en las películas del Oeste que tanto gustaban a mi admirado Wittgenstein. “El problema con el mundo –escribe Charles Bukowski, el inefable autor de La máquina de follar- es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de confianza”. Como saben, los ríos de sal se han teñido también esta semana con la sangre de las víctimas del fanatismo maniqueo, ese veneno cruel que destilan necesariamente las desigualdades y los getthos que estamos construyendo en Europa, con la religión como hábil coartada. Menos mal que la risa nos hace libres.

 

                      Rafael Guardiola

UN HOMBRE EN PAZ

 

31.12.2014 Rafael Guardiola

 

Siguiendo la estela de Platón de Atenas, seguramente, el poeta bilbaíno Blas de Otero escribió en 1951 estos rotundos versos: “Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre/ aquel que amó, vivió, murió por dentro/ y un buen día bajó a la calle: entonces/ comprendió: y rompió todos su versos”. La fascinación por la mayéutica socrática y la práctica filosófica en los mercados y en las plazas públicas abortó la vocación literaria del autor de La República, según sus biógrafos, e hizo que se consagrara definitivamente al “amor a la sabiduría”, sin renunciar por ello a un férreo compromiso con los asuntos políticos. Y es que, cuando uno baja a la calle –sobre todo, desde las alturas de las torres de marfil del ocio protegido, el poder o el esteticismo- empieza a comprender muchas cosas, se le abren los ojos hasta alcanzar el diámetro de una rapaz nocturna y no ceja hasta eliminar los vestigios de un pasado muelle y autocomplaciente. Los versos que se rompen en el poema de Blas de Otero “A la inmensa mayoría” con el que se inicia el escarpado viaje por los infiernos de lo humano del libro Pido la paz y la palabra (1955), dan paso a la “poesía social” fuertemente comprometida políticamente, en tiempos de la dictadura de un general de cuyo nombre no quiero acordarme. Les animo que bajen a la calle para comprender, pues me consta que han amado, vivido y muerto por lo menos una vez en su vida. Espero que no les apliquen por ello la “ley mordaza”.

 

“Así es, así fue. Salió una noche/ echando espuma por los ojos, ebrio/ de amor, huyendo sin saber adónde:/ adonde el aire no apestase a muerto”, reza la segunda estrofa. Nada más dulce que rendirse a los licores que escancia Eros, consagrarse a la pasión que nos agrada con ese sentimiento “oceánico” del que habla Freud, entre otros, cuando se produce el feliz encuentro de los amantes, y no menos dulce el amor en todas sus variantes: maternal, paterno, filial, fraterno….y hasta el amor a las ideas por el que Platón suspira. Amor y vida van de la mano y nos hacen esquivar la muerte más densa. Les animo a que bajen a la calle para comprender, a que se desprendan de sus versos más oscuros y enarbolen la bandera del amor. Eso sí, si lo hacen ebrios, pidan información antes a sus amigos, para eludir elegantemente los controles de alcoholemia.

 

Al igual que Blas de Otero “Yo doy todos mis versos por un hombre/ en paz”, por un ser de carne y hueso a quien no le importa tener razón a cualquier precio, sino ser justo con uno mismo y aceptar la cruel realidad de la injusticia en el mundo, del imperio de la desigualdad y la falta de libertad, y los abundantes gestos insolidarios que chocan contra nuestro pecho. Yo les animo a aceptar nuestra humana condición, que no a resignarse, a actuar con cariño y firmeza a un tiempo, sin perder la paz ni dejar de pedir la paz y la palabra.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL INICIO DEL BALONCESTO EN CHURRIANA

 

Antonio Villalba Moreno

 

29.12.2014 A nuestra edad cualquier anécdota o acontecimiento nos sirve para que nos toquen la fibra nostálgica. Así, el otro día me acerqué al belén que exponen en el Ayuntamiento de Torremolinos, en él, aparte de las escenas históricas, aparecían otras con figuras en movimiento: vareando aceitunas, partiéndolas, amasando pan,... a mi lado un abuelete contaba a sus nietos que todas esas actividades se hacían en su pueblo y que él las había realizado en numerosas ocasiones. Esos recuerdos están ahí, en la memoria de nuestros mayores para aflorar en cuanto den la campanada. Y a mí, ésta se dio el viernes doce.

 

La tarde de ese día asistí a la charla que dio José Carlos Villalba sobre los orígenes del baloncesto en Churriana encuadrada en el Ciclo de Conferencias Churriana y su historia que este año cumple ya su XIV edición y se centra en el Deporte. Pues bien, en la Biblioteca pude reencontrarme con muchos de los amigos que comenzamos en esta barriada con este apasionante juego. Algunos de ellos tengo la suerte de tratar a menudo, pero hacía tiempo que no coincidía con la mayoría. La alegría era obvia. Durante la hora larga en la que escuchamos al orador y luego las preguntas, surgieron los recuerdos y alguna que otra anécdota divertida en la que todos reímos, e incluso, pude observar alguna que otra lágrima en algún compañero que, como buen camarada, no revelaré su nombre para mantener a salvo su hombría.

 

Fue vernos en el PowerPoint en pantalón corto, con 25 años menos y llegarnos la vena melancólica. Aquel triple tan mal tirado, aquel grupo de jóvenes imberbes con cara de felicidad ante el fotógrafo, aquella noticia en la prensa, en el desaparecido Diario de la Costa del Sol. Aquel 11 de abril de 1985 apareció un artículo firmado por Kiko Merchán con foto incluida donde resumía los inicios del equipo

 

José Carlos dio una conferencia muy amena en la que nos contó la visión de aquella aventura tan apasionante desde la perspectiva de un niño de trece años. Aquellos jóvenes crearon los cimientos de la afición al baloncesto en Churriana, destacando sobre todo la figura de Antonio Navajas que, junto a un grupo de muchachos, provistos del entusiasmo de su juventud, fundaron el club A.A. Ciudad de Jaén. Repasó algunas gestas de aquel equipo, como la victoria al Maristas (sí, era el equipo B, y apenas completaban un quinteto, pero Maristas al fin y al cabo y ya se sabe el renombre que siempre ha tenido este club). Allí estábamos todos, ávidos de recuerdos, espoleados por el conferenciante, por cierto, el más joven jugador júnior del baloncesto en Málaga (y quizá de España). Si viviésemos en Estados Unidos seguro que aparecería en las estadísticas más curiosas.

 

Bueno, es un decir, si estuviéramos allí, seguro que en una barriada de la categoría de la nuestra habría más de un equipo de baloncesto. Pero vivimos en España. En Churriana y, actualmente, no existe ninguno aquí donde nuestros jóvenes puedan entrenarse y competir. Tienen que integrarse en los clubs de los Guindos, de Torremolinos y de Alhaurín. ¿Volverá a tener Churriana un equipo en liga Provincial? Ojalá que sí. Igual, ahora que el concejal de nuestro distrito es también el responsable de Deportes, podamos apretar un poco, o un mucho. Los afectados deberían presionar, o quizá ellos serían los que deberían tener la iniciativa, como hace casi tres décadas ocurrió.

 

 

EL DELEITE DE LA LECTURA

 

21.12.2014 Antonio Villalba Moreno

 

La otra noche apareció la inspiración justo al acostarme. No sabía si pasar de ella o dirigirme a mi despacho a escribir estas líneas. El cansancio me vencía, pero mi amiga está últimamente escondida y no podía hacerle ese feo. Así que la atendí y le robé unos minutos alsueño para contentarla. A cambio, ella me ha ofrecido estas líneas que ahora leen y que quizá no existirían si no hubiera comenzado con esta introducción tan peculiar.

 

Me decido a redactar sobre la lectura aprovechando la asistencia a varios eventos en apenas unos días. Los malagueños hemos podido asistir, en breve espacio de tiempo, a las charlas de dos autores de reconocido prestigio: Muñoz Molina en la Térmica y Javier Cercas en el Teatro Cánovas.

 

El Príncipe de Asturias de las Letras del año pasado disertó sobre la crisis de los últimos años, tema de su ensayo “Todo lo que era sólido”. Un magnífico libro, que intenta explicar lo sucedido en España desde los años 90 y pone de manifiesto algunas de las barbaridades que se han realizado: despilfarro, cultivo del populismo, negación de la realidad, desprecio de la cultura, discursos victimistas, especulación... y continuó explayándose sobre estas condiciones, sin olvidar enumerar lo que se ha conseguido también, sin caer en el pesimismo completo, puesto que podemos estar orgullosos del sistema sanitario, lo conseguido en la tolerancia, la universalidad de la educación, la victoria sobreterrorismo. El ubetense universal nos remitió a una serie de premisas: hay que aprender de los errores, hay que asumir las responsabilidades individuales y, aunque a veces cueste, debe imperar la presunción de inocencia. Terminó charlando de su último libro “Como la sombra que se va”.

 

Javier Cercas, por otro lado, lo hizo sobre la novela que ha publicado recientemente “El impostor”, en particular, y sobre la literatura en general. Según él, la novela no es el género de las respuestas, sino el de las preguntas. Y eso fue lo que hizo durante la charla, centrándose en el personaje Enric Marco, un hombre que se inventa su propio pasado. Al igual que él, aunque a un nivel más pequeño, durante la Transición, hubo una generalización en este tipo de mentiras buscando esa necesidad que tenemos de ser aceptados y admirados. Según Cercas “La realidad es muy aburrida y todos somos novelistas de nosotros mismos”. En fin, fueron muchas ideas interesantes a lo largo de la hora y media que estuvo con los lectores.

 

Y fueron estas ideas las que le estaba contando a una amiga, lectora empedernida ella, cuando me confesó que no le gustaba Javier Cercas. Que no había podido terminar de leer “Soldados de Salamina” porque le resultó aburrido. Me quedé sorprendido. Bastante. Pensé en la gama tan amplia de gustos. Sólo los que estamos enganchados a la lectura sabemos lo que se disfruta de unas páginas bien escritas y para mí, el catalán es uno de los mejores novelistas actuales, de ahí mi extrañeza, pero es lógico que haya esta diversidad de opiniones, con ellas se generan debates interesantes en la familia lectora, cada vez más pequeña. Ya no hay tiempo, ni ganas para dedicar unas horas al deleite de obras literarias, ya sean en papel o frente a un e-book. Ahora prima la inmediatez, los tuits, todo lo breve.

 

LA NUEVA RAE

 

07.12.2014 Marisa Arias

 

La Real Academia Española ha editado recientemente la 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española. Hay que remontarse a la historia, cuando en 1.780 nacía el primer Diccionario de la Real Academia (DRAE). En el s. XVIII, nacían lo tres primeros volúmenes. En el XIX, le siguieron diez. Ocho en el XX , y en lo que llevamos de este siglo, dos.


El que nos mueve a comentar, es esta última edición que ha salido al mercado con un precio de casi 100 euros. Con 93.111 entradas. Una nueva tirada de conceptos adaptados a los tiempos y eso lo hace algo polémico para muchos de sus lectores o seguidores. Con términos que están en la calle como: ’bótox’, ‘cagaprisas’, ‘chupi’ ‘pantallazo’ o ‘tunear’..entre otros. Palabras más dadas a usar entre jóvenes o extranjeros pero, de cualquier forma, de gran dominio en la sociedad.


Esta reproducción incorpora novedades como la tipografía, tamaño a doble columna. Y los artículos están estructurados de una forma más visual. ¿Pero qué criterios sigue una palabra para que figure en el diccionario? Principal y básicamente la vigencia. Y al igual que entran también salen algunos de sus vocablos. Pasados unos cuantos años y podemos estar hablando de unos cien años o algo más, si no se usan, se descartan.


Para terminar cito las palabras textuales del director de la RAE, José Manuel Blecua en una entrevista : ’’El diccionario es un tesoro, una fuente de conocimiento. Nadie que se acerque a un diccionario se sentirá desprotegido, sino todo lo contrario’’

 

IMPUTACION Y GASEOSA

 

30.11.2024 José Cabrera

 

¡No soy malpensado¡ Si fuese malicioso y retorcido dudaría de la honradez de muchos de mis contemporáneos y coetáneos que ostentan cargos públicos y políticos, pensaría que son unos chorizos, da igual el signo político, el cargo, la comunidad autónoma en la que respiran y descansan sus acomodados cuerpos. Chorizo, butifarra o lacón. Cuando un alto cargo político que por sus actuaciones pasadas o presentes es imputado, es decir llamado por la justicia para que se defienda de los hechos que se le presumen, hay que guardarse mucho de no referirse a él como culpable, pues en definitiva, estamos en una democracia y la premisa es que todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario, el término técnico es la presunción de inocencia. Pero lo que piensa la gente de la calle, es que si la justicia solicita su declaración será porque hay pruebas en documentos, justificantes, correos, etc… Y después de lo que se está viendo y oyendo, cualquier ciudadano (yo no ¡faltaría más!) le daría que pensar tanta imputación. Se llega a pensar presuntamente, eso sí, que la mayoría de todos ellos tienen toda la pinta de ser culpables.


Que España es un país de corruptos, esto es generalizar y ya es sabido que la generalización no es aconsejable, sin embargo, cada vez tenemos menos bazas con las que contar los que nos resistimos a tener malos pensamientos sobre el prójimo, pues hay, como todos sabemos, ejemplos claros y contundentes. Y también los hay de comprobar que la justicia no es igual para todos. La ley no está adaptada a nuestros tiempos eso no hay ni que jurarlo. Carlos Lesmes a la sazón, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial decía hace unos días “la ley está pensada para el robagallinas y no para el gran defraudador”. Tiene más razón que un santo este señor, es más probable que alguien pase en la sombra varios años por pequeños robos que por haber defraudado a la Agencia Tributaria millones.


La ley debería de ser cambiada para que la justicia sea más “justa”. Si la justicia no funciona, no hay regeneración política como muchos políticos promulgan. Lo paradójico de todo esto es que los que deben cambiar la ley son ellos mismos.


A pesar de todo esto necesito tener un atisbo de esperanza y confiar, quizás ingenuamente, en el poder judicial y en la regeneración de los partidos tradicionales, soñar con inocencia de infante, aunque con seguridad me pueda estrellar. Pues prefiero agarrarme a esta quimera que no dejarme embaucar por partidos de ideologías populistas con doctrinas de asaltar el cielo, con promesas impracticables, ideas utópicas difícilmente realizables que nos regalan al oído cantos de sirenas antes de saber gestionar auténticamente la realidad de nuestro país, y todo ello aderezado en un halo de salvadores y justicieros de una sociedad española, en su opinión, oprimida por un capitalismo despiadado y feroz. Que una cosa es corregir errores y perfeccionar el sistema (en muchos aspectos, no hay duda) y otra muy distinta ponerlo todo patas arriba con experimentos sin base real. No me gustaría dejarme seducir por encantadores de serpientes ¿O realmente, es esto lo qué queremos?


Cuando se proclaman a los cuatro vientos soluciones milagrosas y redentoras en los que los números (por desgracia) tienen mucho que decir, se debe empezar por tener los deberes ya hechos. No ir parcheando a salto de mata. En estos casos hay que echar mano de lo que nos dice la sabiduría y el refranero popular “los experimentos con gaseosa”.

 

LA CASA DE GERALD BRENAN

 

16.11.2.014 Antonio Villalba

 

 

El pasado domingo estaba disfrutando del partido de Unicaja en el Martín Carpena, cuando mi compañera de asiento me comentó que se había enterado de la inauguración de la Casa de Gerald Brenan y que, gracias a la información que se ha publicado durante estos días, supo que el escritor inglés vivió en Churriana más que en Alhaurín el Grande. No me sorprendió sobremanera esta creencia ya que sus años postreros los pasó en aquel pueblo ayudado por dos asistentes sociales pagadas por el Ayuntamiento, y luego supieron sacar partido de ello, haciendo creer a muchos que fue allí donde vivió la mayor parte de su estancia en España. 

 

Tuve que explicarle que, efectivamente murió en Alhaurín, pero “Don Gerardo” estuvo en Churriana más de 30 años, los mejores de su vida, al menos, los más productivos literariamente, incluso su mujer, Gamel Woolsey, escribió allí “Málaga en llamas”. Por su casa pasaron muchos escritores famosos como se comentó en este medio en la columna del 17 de abril de 2013 con el título “Dos referentes”. 

 

También le dije que lo que se inauguró a finales de octubre, era el nuevo proyecto que el Ayuntamiento ha pensado, que tiene como coordinadora a la periodista y escritora Silvia Grijalba pero que, en realidad, hace más de un año, (en setiembre de 2013)  la Casa de Gerald Brenan comenzó su nueva andadura tras su rehabilitación, que ha estado rodeada de polémicas desde sus inicios. No olvidemos que la cantidad que el Ayuntamiento ha desembolsado sobrepasa el millón y medio largo de euros entre la expropiación y las obras. Una vez finalizadas, el recinto permaneció unos dos años cerrado con la incertidumbre de la utilidad que se quería dar: desde la Casa Museo del hispanista, al instituto dedicado al aprendizaje del español, aunque el uso museístico tuvo un proyecto dedicado a los viajeros románticos por España.

 

El caso es que, el año pasado, se comenzó a utilizar el recinto aprovechando los actos del XXV Aniversario de la Casa de la Cultura de Churriana que tiene el nombre del hispanista, organizándose una quincena cultural con exposiciones de nuestros vecinos dedicadas a distintas facetas artísticas.

 

Durante todo este ejercicio se ha destinado a distintas conferencias, charlas o presentaciones de libros. Destacable,  la que pronunció Carlos Prenger en abril por el 120 aniversario del nacimiento de Gerald Brenan. También, distintas exposiciones, siendo buen ejemplo de ello la de  febrero, con la muestra “La pintura malagueña en la segunda mitad del siglo XX” que estuvo hasta finales de abril.

 

Por fin, el alcalde presidió los actos de la nueva inauguración de este  proyecto, con autores tan distinguidos como Ian Gibson, Sánchez Dragó, Pranger, Amestoy o Burns Marañón.

 

La reflexión que surge de todo esto es que hay que saber venderse, así de simple. Durante un año se han estado realizando muchas e interesantes actividades, con una difusión enfocada a la barriada. Sin embargo, en el momento en que ha llegado una buena gestora, ha conseguido traer a  famosos como los citados, ha llamado a la prensa nacional, (no solo a la local) y  ha creado iniciativas como la del “Pasaporte del club de Amigos de la Casa de Gerald Brenan”, con todo ello, se está logrando lo que se pretendía.

                                                                                

GUERRAS EN LA LEJANIA

 

02.11.2.014 Antonio Villalba

 

A finales del verano desayunaba en un bar leyendo la prensa. Al llegar al apartado internacional casi la totalidad de las noticias estaban relacionadas con guerras: conflicto bélico en Siria, en la franja de Gaza, en Ucrania ... y, en un momento determinado, la televisión que estaba encendida dio unas imágenes que me impactaron de tal forma, que han estado dando vueltas en mi cabeza hasta que he decidido sacar fuera lo que sentí.

 

En ellas aparecían niños gazatíes en hospitales después de uno de los ataques que los israelíes han llevado a cabo este verano en la zona. Eran imágenes fuertes, escalofriantes. Niños llorando, padres desesperados. Miré a mi alrededor. El bar estaba lleno pero nadie miraba al televisor. Pensé que lo mismo me ocurría a mí en otras ocasiones. Sin embargo ese día había coincidido la lectura de la prensa con el sonido de la tele y algo se activó en mi interior.

 

Pensé en que no prestamos la debida atención a estos conflictos tan graves. Son guerras lejanas y tenemos otros problemas que, aunque no tan conmovedores como las muertes de estos niños, nos afectan directamente. Excepto en ocasiones, en las que nuestra sensibilidad se muestra más patente (como me ocurrió a mí ese día), la mayoría de las veces para nosotros son números.

 

Quizá limpiemos nuestras conciencias con aportaciones a las distintas organizaciones humanitarias (quién lo haga), pero yo me pregunto: ¿es suficiente? Pocas personas tenemos el espíritu solidario de esos médicos o enfermeros que utilizan sus vacaciones para ayudar en zonas conflictivas, o el de los misioneros que dedican su vida a los desfavorecidos por el hambre, la guerra o la enfermedad. Al menos podemos hacer el pequeño esfuerzo de no dejar de hablar de ellos.

 

En Siria hace casi 4 años que sufren una guerra civil no declarada ya que el gobierno presidido por Bashar Al-Asad insiste en que no hay tal, sino una legítima lucha contra el terrorismo que les amenaza. En la franja de Gaza, Netanyahu responde a los ataques de Hamás lanzando proyectiles contra la población civil buscando la eliminación de líderes militares sin tener en cuenta las consecuencias y acusando a Hamás de utilizar escudos humanos. En nuestro mismo continente, en el este de Ucrania, desde finales del año pasado se vive una situación bélica con los prorrusos alentados por un Putin que, hipócritamente, acusa a Kiev de la grave situación.

 

La guerra de Somalia, el norte de Irak con la lucha de los yihadistas, los conflictos de Egipto, Sudán, la República Centroafricana, y tantas otras de las que apenas nos llegan noticias; de las que ya nos hemos olvidado; de las que, incluso, pensábamos que habían terminado. Tantas y tantas. ¿Cómo preocuparnos de países que muchos no saben ni ubicar en el mapa? La simpleza a la que hemos llegado es preocupante. Pero es real.

 

Aunque no se pueden comparar unos con otros, me pregunto si Netanyahu, Bashar o Putin duermen tranquilos sabiendo lo que están provocando, sabiendo la cantidad de huérfanos que están dejando con sus estrategias políticas. Pienso que sus conciencias están a un nivel distinto de las del ciudadano de a pie, quizás más laxo. El mundo se derrumba mientras estos líderes ven los escombros, las ruinas, las columnas de humo sin conmoverse. Esperemos que a nosotros no nos ocurra. Ojalá que no lleguemos a ese nivel.

 

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